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jueves, 2 de abril de 2009

PERO AL PRINCIPIO NO FUE ASÍ (Mt 19,8)


De nuevo aquí, tratando de llegar hasta el final en esta tarea que nos propusimos; estoy muy satisfecha de haber leído la totalidad del trabajo de la autora. La tercera y última parte me ayudó a comprender como el movimiento cristiano primitivo pasó de ser una propuesta alternativa (frente al modelo patriarcal), a un sistema que calca el modelo de relaciones de la casa greco-romana y su consecuente subordinación y sumisión de los grupos más débiles.

Aunque asumimos con dolor el éxito histórico de esta corriente patriarcalizante sobre la praxis de relaciones igualitarias, democráticas y altruistas, podemos afirmar que éste triunfo no puede justificarse teológicamente y menos aún, invocar la autoridad de Jesús. Con razón y con gran esperanza podemos decir hoy “Al principio no fue así”, este SUEÑO fue perseguido y practicado por los discípulos y discípulas de Jesús, pero coexistió con la tentación de situarse “por encima” y/o “por fuera” de la igualdad general y con el interés más o menos sutil y violento de acallar, olvidar y anular el don de la “COMUNIDAD DE IGUALES”, en la que la elección de Dios no depende del origen religioso, social, sexual o racial, y que por lo tanto, concede a todos/as, hombres y mujeres, esclavos y paganos, autoridad apostólica y ministerial.

Con un material tan interesante y motivador, es difícil decidir cuál es la línea que se desea comentar. Seguiré glosando a la autora desde el enfoque que definí en el título de mi escrito: “En el principio… (Gn 1,1; Jn 1, 1)”.

“En el principio…” las mujeres con bienes construían sinagogas, liberaban esclavos propios y ajenos, y desempeñaban funciones dirigentes en la sinagoga. Es más, la dirección ministerial de la comunidad no se restringía a estas matronas ricas y libres, sino que cualquier mujer, inclusive las “esclavas” eran también “ministras”.
“En el principio…” la profecía era una característica de cada discípula y discípulo de Jesús. La conversión y el bautismo introducían en una comunidad que era morada del Espíritu Santo. Cada persona era una mensajera/o de Sofía (Hech 2, 17-18). Los dones proféticos, las visiones, milagros… eran recibidos por mujeres y hombres. La profecía cristiana incluía el éxtasis y el hablar en lenguas, como prueban Pablo, Hechos, Apocalipsis y Hermas (1 Tesa 5, 19ss; 1 Co 14; Ef 2,20; 1 Tm 14; 4,1).

“En el principio…” las/os profetas tuvieron las mismas funciones y derechos que los sacerdotes judíos. Toda la “comunidad de iguales” era profética y por lo tanto, cualquier persona en su seno y bajo la inspiración del Espíritu Santo, podía presidir la asamblea. Esa es la razón por la cual en el NT nunca se da nombre al que preside o dirige la Eucaristía. Esta práctica duró todo el siglo I y parte del II (Apocalipsis, la Didaché 11, 7.18).

“En el principio…” las mujeres se encuentraron entre los dirigentes proféticos de las comunidades paulinas. En Lucas: María, Isabel y Ana son profetisas (magníficat). Hechos 21,9 menciona a las cuatro hijas de Felipe como profetizas. Juan, el autor del Apocalipsis, tiene conocimiento de una mujer que era profetisa, doctora y dirigente de una escuela profética o iglesia doméstica en Tiatira; sus seguidores son presentados como sus discípulos con el nombre técnico de “hijos” (así se utiliza en 2 Jn). La influencia de esta mujer profetisa parece haber sido lo bastante fuerte como para contrarrestar la de Juan, que no se atribuye el título de profeta. Hubo otra llamada Ammia, cuyo nombre era todavía muy respetado a finales del siglo II. Y una sucesión significativa de sacerdotisas…

“En el principio…” Eusebio por ejemplo, reconoce a algunos profetas y profetisas: Agabus, Judas, Silas, las hijas de Felipe, Ammia de Filadelfia, Cuatrato y otros. A mediados siglo II Justino afirma que los hombres y las mujeres cristianos tienen los carismas del Espíritu de Dios. Ireneo sostiene que Pablo reconocía carácter de profeta tanto a hombres como a mujeres en el seno de la comunidad.

“En el principio…” el autor de Hechos de los Apóstoles menciona mujeres profetisas como Theonoe, Stratonike, Eubulla, Artemilla y Nynfha. En Corinto una profetisa de nombre Myrta alienta a Pablo y a la comunidad a no desfallecer cuando éste tiene que dirigirse a Roma. Maximila y Priscila (o Prisca) fueron las principales profetisas del montanismo de ortodoxia doctrinal, pero fueron finalmente expulsados de la iglesia mono episcopal (mediados del siglo II) por el hecho de admitir a mujeres en los oficios eclesiales.

Puedo continuar, pero terminaré diciendo “Y en el principio…” las relaciones igualitarias fueron un hecho dentro de la comunidad de discípulas y discípulos de Jesús. Marcos y Juan lo dejan registrado en sus escritos. Otras fuentes del NT y fuentes foráneas a él, conservaron importantes rastros de estas prácticas. Más ejemplos: En cartas de Ignacio de Antioquia (comienzos del siglo II), saluda a mujeres concediéndoles gran importancia. Así mismo la Segunda Carta de Juan se dirige a una mujer, cabeza de una iglesia doméstica…

¿Qué nos paso? El cambio se cristalizó en el siglo II. Se pasó de una “autoridad alternante y circular”, accesible a todos los bautizados, a una autoridad patriarcal restringida a los cabeza (varones) de la casa. Se pasó de “las iglesias domésticas” a la iglesia “casa de Dios” en la que los responsables locales, absorbieron no solo la autoridad de enseñar como profetas y apóstoles, sino también el poder decisorio de la comunidad.

El tiempo de los apóstoles pasó. Sólo Pablo, es llamado apóstol y en su nombre se escriben las epístolas denominadas “pastorales” (1 Timoteo; 2 Timoteo y Tito). Su objetivo fue corregir y difundir las “verdaderas enseñanzas de la tradición”, según ellos, claro. Y la iglesia comienza a estratificarse según la edad natural, el sexo, el origen religioso y racial, etc. Ahora la comunidad es entendida como la casa patriarcal, la casa de Dios (1 Tm 3, 15; 2 Tm 2, 20). Su administrador es el obispo/vigilante; un buen paterfamilias (1 tm 3, 2ss y Tt 1, 7ss)… Los miembros subordinados de la casa deben someterse a la cabeza, así como las esposas (Tt 2,5), los niños (1 Tm 3,4) y los esclavos (Tt 2,9)… la mujer/esposa debe escuchar en total silencio y sumisión (1 Tm 2, 10-15)… etc. El valor supremo es la obediencia y la sumisión a los que tienen autoridad (Tt 2,10)…

Los cristianos deben observar el orden patriarcal de la casa y rogar por los reyes y por todos los constituidos en autoridad (1 Tm 2,1ss). Al negar la posibilidad de la enseñanza y la autoridad sobre los hombres, se les niega a las mujeres ser elegidas como obispo/vigilante. Su enseñanza se limita a la instrucción de otras mujeres (1 Tm 2,11; Tt 2,35). Es inevitable que conecte con la experiencia de una profetisa: “Acertó a venirme a ver un fraile francisco, llamado fray Alonso Maldonado, harto siervo de Dios y con los mismos deseos del bien de las almas que yo, y podíalos poner por obra, que le tuve gran envidia…” (Fundaciones 1, 7). “¿No basta señor, que nos tienen en el mundo acorraladas… que no hagamos cosa que valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa?” (Camino Escorial 3,7). Pareciera que el tiempo se hubiera detenido.

Nancy Olaya
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miércoles, 25 de marzo de 2009

En Memoria de Ella

Al leer la tercera parte del libro de Schusler Fiorenza  en donde analiza cómo en las primeras comunidades tuvo que adaptarse la transmisión del mensaje evangélico a una cultura como la grecorromana, considero que se da un punto crucial en su exposición. Es innegable que hoy en día en cada cultura aparecen tensiones similares a las que se vivieron en ese entonces, es decir, cada vez que el mensaje evangélico es transmitido a una determinada cultura esta puede mediatizarlo en sus categorías, y no sólo esto sino que incluso pueden ser adoptadas estructuras y formas culturales contenidas en libro sagrado que no son necesariamente parte del mensaje evangélico como si fueran parte de éste.

Uno de los aspectos más interesantes es el del liderazgo y papel de la mujer en las primeras comunidades y la manera como fue invisibilizado y matizado en aras de la protección, establecimiento y conservación del sistema patriarcal. Por esta razón creo que este es un punto central, no sólo por el valor de la revisión histórica sino porque permite tomar conciencia y ver que hoy en día sigue dándose el mismo proceso con métodos similares de silenciamiento, y marginación intelectual, social.

En los textos que Schussler analiza es posible observar que en ese proceso de culturización se llegaron a concebir como legítimas  ideas y estructuras opresivas de las sociedades y las culturas. Por otra parte es verdad que el mensaje evangélico aún así ha logrado transmitir valores teológicos referentes a la dignidad humana, la comunidad, la solidaridad. Estos dos aspectos ambivalentes  son los que  considero que deberían motivarnos para construir maneras de interpretación crítica que nos ayuden a predicar la justicia de la hermandad y el liderazgo de las discípulas y no la injusticia de la opresión que se genera desde las relaciones basadas en dinámicas de tipo patriarcal entre otras razones por el protagonismo que se da al papel de los discípulos varones.

 En nuestras sociedades la sumisión, la dependencia económica, la abnegación y el servicio  son valores que se adjudican casi exclusivamente a las mujeres pero que son en realidad fuerzas de control y sustento del patriarcado social y eclesial. Cada vez que no reconocemos en  las primitivas comunidades a través de los textos bíblicos que leemos y predicamos el liderazgo de la mujer estamos apoyando el sistema patriarcal que las invisibilizó y que continúa haciéndolo hoy.  Hablar del servicio y ministerio de las mujeres en las primeras comunidades como parte de la Revelación es sinónimo de predicar la praxis de Jesús, o mejor las dos se conectan de una manera estrecha. La autora llega hablar que en nuestros imaginarios hay una verdadera “idolatría por lo masculino”, sería entonces una alternativa de partida construir nuevos relatos que impliquen la adopción de sistemas de lenguaje común que no favorezcan el que se coloque la opinión masculina como la que valida la verdad, lo ortodoxo, lo correcto.

 Otro aspecto podría darse al realizar una reflexión que nos permita dejar de concebir la Iglesia (ekklesia) como una institución (estática, monolítica, fija, etc.) sino una “comunidad que aprende” viva, dinámica, que decide, que reflexiona y que hace partícipes a sus miembros (ellas y ellos) de la capacidad de decidir lo que sería o no mejor para cada una y cada uno en comunión. Trabajar nuestra pastoral con las mujeres desde la construcción de un “Discipulado”, no sólo desde actitudes como “mujer que escucha callada” “la que está en silencio y contempla” “la que dice sí”, que si bien seguramente son rasgos del discípulo-discípula, también lo son la capacidad de asociarse, de vivir la hermandad de género, la sororidad con sus rasgos peculiares; en fin, un sistema de relaciones que es incluyente y que permite la participación y el ejercicio de todas, de todos.  

El paradigma está; hubo mujeres en las primitivas comunidades que vivieron este proceso, son nuestras antepasadas y en nuestras culturas también habitan. Sus maneras, sus dinámicas están aún por descubrirse y predicarse, pero eso sólo se puede hacer viviéndolo al mismo tiempo, en la experiencia personal y comunitaria de los grupos en los que desarrollamos nuestra vida y nuestra misión, cualquiera que sea.

 

 

domingo, 9 de noviembre de 2008

EN MEMORIA DE ELLA. LA HISTORIA DE LA MUJER COMO DISCIPULADO DE IGUALES.

Segunda Parte. En memoria de ella. La Historia de la Mujer como Discipulado de Iguales.

Teresa del Pilar

En mi caso, la dedicación que supone sumergirse en las páginas del texto no es sólo por la complejidad de su contenido, sino por el desgaste afectivo que implica. Es de esos libros antes los que, simultáneamente, una se rinde y se rebela. Pues están ahí ambos polos interactuando constantemente en la inteligencia afectiva, impeliendo a la voluntad a no dejarse vencer y a seguir adelante… Desde esta dinámica personal creo que se podría entender el comentario selectivo que he ido haciendo por capítulos. Espero disculpen la extensión, pero no podía menos.

Capítulo 4

El movimiento de Jesús como movimiento de renovación en el seno del Judaísmo

Para entender, de manera genuina, al movimiento de Jesús se trata, fundamentalmente, de recuperar los orígenes cristianos del “discipulado de iguales”, puesto que las raíces cristianas son judías. “Volver a las fuentes” significaría, por tanto, sumergirnos en dicha historia, de tal modo que podamos arrancarle algunas esquirlas de inteligibilidad a lo que ha sido nuestro origen. “Reconstruir el movimiento de Jesús, como movimiento judío, dentro de las estructuras religiosas y culturales patriarcales es analizar el impulso feminista dentro del judaísmo.” (Pág. 11)

Conviene tener en cuenta que la metodología para una hermenéutica feminista de la “sospecha” se aplica también a la interpretación de los textos del Judaísmo referentes a la mujer. Esto significa que han de leerse como androcéntricos, es decir, desde una perspectiva masculina, que no considera la experiencia ni la realidad histórica de la mujer. En esta misma línea, no se ha de perder se vista que los intelectuales, procedentes, con frecuencia de la clase media, son los responsables de la “interpretación” patriarcal que lleva a denigrar o marginar a la mujer de los textos mencionados. (Cf. Pág. 12).

A pesar de esa manipulación hermenéutica, es sabido que, “las mujeres bíblicas como Ruth, Esther, Ana, o la madre de los 7 hijos mencionada en 2 Macabeos son caracterizadas con papeles y conductas típicamente femeninas, pero no como niñas o imbéciles.” (Pág. 12).

Jesús y su movimiento compartieron el símbolo dinámico de la basileia (“reino”, “imperio”) de Dios. Dicha imagen suponía que la santidad del pueblo elegido de Dios no viene dada en términos cúlticos, sino como plenitud destinada a la creación. “La santidad humana debe expresar la plenitud humana, la práctica cúltica no debe ponerse por encima de la praxis humanizadora.” (Pág. 14). De ahí que el proyecto de Jesús apunta, fundamentalmente, a que el ser humano (varón y mujer) potencie al máximo su humanidad, que pueda asumir sin angustia su biología, sus luces, sus sombras, sus zonas obscuras…, antes que el afán desmedido de una práctica rutinaria de ritos y cultos estandarizados que, la mayoría de las veces, ya nada dicen a una experiencia de Dios para el “mundo de hoy”.

En el ministerio de Jesús, Dios se muestra como el amor que TODO LO INCLUYE, que hace brillar el sol y caer la lluvia tanto para justos como para pecadores (Mt 5,45). La liberación de las estructuras patriarcales no sólo fue explícitamente formulada por Jesús, sino que ocupa un lugar central en la proclamación de la basileia de Dios.

Los primeros recuerdos e interpretaciones teológicas palestinenses de la vida y la muerte de Jesús le presentan como mensajero de la Sofía y, más tarde, como la Sophia misma. La teología cristiana más antigua comprende el ministerio y la muerte de Jesús en términos de Dios-Sofía porque tal vez Jesús se veía como profeta e hijo de la Sofía. La Sofía, el Dios de Jesús, quiere la integridad y la humanidad de todos y hace posible que el movimiento de Jesús se convierta en un “discipulado de iguales”, en el que las mujeres, al igual que los varones, son llamadas a la misma praxis de exclusividad e igualdad vivida por Jesús-Sofía.

“El Dios-Sofía de Jesús considera a todos los israelitas como sus hijos y “ella” es reconocida como tal por todos ellos.” (Pág. 42). Pero curiosamente, la dirección de la teología, no sólo ha ido permitiendo, sino que ha instado a las mujeres a identificarse “con categorías y grupos masculinos generales, pero no les ha permitido identificarse a sí mismas como mujeres en solidaridad con otras mujeres. La alienación de la mujer promovida por el lenguaje genérico cristiano continúa una tradición exegética y teológica que hace a las mujeres pobres invisibles en tanto que mujeres.” (Pág. 53).

Sólo cuando situamos los relatos de Jesús, que hacen referencia a las mujeres, en la historia global de Jesús y de su movimiento en Palestina, podemos reconocer su carácter revolucionario. Y no sólo en relación al rol de las mujeres, sino en cuanto a la nueva concepción del matrimonio, de la familia, en frontal oposición a la perspectiva patriarcal. “Las nuevas relaciones de comunidad de discípulos iguales no admiten ‘padres’ rechazando así el poder patriarcal y la estima de que éste estaba investido”. (Pág. 62)

Ahora bien, lo grave de toda esta tergiversación histórica es la ideologización de que ha sido objeto la “palabra”. Al decir de Schussler, “la ‘palabra’ es una historia y la historia no puede reducirse a una declaración “ideológica”. (Pág. 64) Si como hemos visto, esta declaración excluye efectivamente a la mujer, a los pobres, del lugar que, en justicia, les corresponde en la basileia de Jesús, la justicia en el cristianismo se convierte en una simple parodia.

Dejemos que la misma autora nos formule otra explícita señal de ideologización de la palabra. “Aunque la fórmula eucarística ‘en recuerdo mío’ (1 Co. 11, 24-25) es verbalmente semejante a la afirmación evangélica ‘en memoria de ella’, la Iglesia posterior no ritualizó esta historia de la mujer profeta, sino que la presentó como voluntad de Dios el hecho de que la pobreza no puede ser eliminada. La ‘Iglesia de los pobres’ y la ‘Iglesia de las mujeres’ deben ser recuperadas simultáneamente si la ‘solidaridad desde abajo’ tiene que hacerse de nuevo realidad para toda la comunidad de Jesús. (…) Jesús suscitó un discipulado de iguales que todavía necesita ser descubierto y realizado por las mujeres y los hombres de nuestros días.” (Pág. 66)

Capítulo 5

El movimiento misionero del cristianismo primitivo.

La igualdad en el poder del Espíritu.

En este capítulo se menciona explícitamente que “Hechos” es tendencioso en su presentación del movimiento misionero cristiano y del papel que en él habían desempeñado las mujeres. En efecto, es difícil la investigación certera por la carencia de fuentes creíbles, pues las que hay son precisamente de interpretación androcéntricas. Confrontada dicha exégesis con la de la “sospecha”, es necesario señalar que las mujeres que aparecen en la biblia no son la excepción, son apenas la “punta del iceberg”. (Cf. Pág. 76) Es indudable, por los escasos, pero elocuentes datos, que entre los misioneros ambulantes y la iglesia doméstica las mujeres se distinguían. Pablo afirma que las mujeres trabajaban con él en pie de igualdad. Fil 4, 2-3

Sin embargo, algunas interpretaciones post-paulinas las “ven” ejerciendo un mero y romántico disfraz. De este modo, intentan descalificarlas aplicándolas los habituales estereotipos femeninos. Como quiera que sea, a pesar de los reduccionismos “la literatura paulina y el libro de los Hechos nos revelan que numerosas mujeres se contaban entre los misioneros y líderes más destacados del movimiento cristiano primitivo. Eran apóstoles y ministros al igual que Pablo, y algunas fueron sus colaboradoras.” (Pág. 96).

Más allá de toda hermenéutica patriarcal, lo cierto es que, al decir de Pinkola, hemos de buscar, luchar, llorar… sobre “nuestros huesos secos”, ellos “están ahí” esperando ser reivindicados, esperando ser insuflados con el aliento del Espíritu del Dios-Sofía. Se trata, nada menos que, de una batalla cuyo objetivo es “volver a las fuentes” de nuestra identidad más profunda, de reconciliarnos, como Iglesia institucional, con nuestras sombras. Pues en esta reconciliación está nuestra glorificación. ¿La queremos verdaderamente?

Capítulo 6

Ni macho no hembra.

Gálatas 3, 28 Visión alternativa y modificación paulina.

“En lo que concierne a la redención y a los dones del Espíritu, todos estamos en igual situación ante Dios. Las implicaciones sociológicas de esta situación de igualdad no pueden, sin embargo, ser realizadas ni en la sociedad ni en el ministerio eclesial y son pospuestas hasta que llegue el momento oportuno.” (Pág. 116). “En este momento, sin embargo, el Magisterio se ha pronunciado con claridad sobre el tema y no creo que haya espacio para conseguir más.” (Entrevista a la teóloga brasileña María Clara Lucchetti Bingemer en www.miradaglobal.com)

“Sería bueno preguntarse por qué la mujer sólo es sujeto de seis y no de siete sacramentos. Me dirán que la tradición de la Iglesia católica y de la ortodoxa no tiene mujeres ordenadas. La Iglesia ortodoxa tiene sacerdotes casados, no así la católica. El diaconado permanente está creciendo pero es sólo para hombres. El rabinato de Jesús, en cambio, admitió discípulas mujeres y es imposible ignorarlo. Hay un liderazgo reconocido de san Pedro, pero no hay duda de que las mujeres eran parte del grupo inicial de cristianos.” (Entrevista a la teóloga brasileña María Clara Lucchetti Bingemer en www.miradaglobal.com) Pero si en nuestra querida Iglesia de hoy (sobre todo, la institucional) no cabe lugar para la pregunta…

En cambio, en la Iglesia primitiva, la lucha de Pablo por la igualdad (Gálatas 2, 14) entre los cristianos de origen judío y los procedentes de la gentilidad tiene importantes repercusiones para las mujeres de ambos colectivos. “En la medida en que esta concepción cristiana igualitaria suprimía todos los privilegios masculinos de religión, clase y casta, permitía no sólo a los gentiles y a los esclavos, sino también a las mujeres, el ejercicio de funciones de autoridad en el movimiento misionero.” (130).

Pablo, en “Gál. 3, 28 no ensalza la masculinidad, sino la unicidad del cuerpo de Cristo, la Iglesia, donde son superadas todas las divisiones y diferencias sociales, culturales, religiosas, nacionales y sexuales y donde todas las estructuras de dominación son rechazadas.” (Pág. 131). Pablo expresa su respeto y admiración por las mujeres en tanto que participantes activas en su trabajo misionero. “El interés manifestado por las relaciones ente hombres y mujeres en general y por las relaciones sexuales en particular, así como por el papel de las mujeres en el culto de la asamblea, indica que las mujeres eran muy activas en la comunidad.” (Pág. 132)

Como se ve, las mujeres tenían un reconocimiento explícito por parte del apóstol. Y no sólo esto, sino que en el movimiento misionero se respiraba un clima de libertad donde ellas podían dirigirse al Dios-Sofía, concebida como figura femenina. Tenían la efectiva posibilidad de expresar su amor a Dios desde su identidad femenina, respetando su cultura, su ser más profundo como una manera auténtica manera de dirigirse al Dios-Sofía, sin tener que anular necesariamente su “ser de mujer”. Era permitido alabar al Dios-Sofía sin verse mutilada ni intimidada a rendir culto a un Dios necesariamente masculino, de tal modo que los arquetipos femeninos tenían la suerte de hallar sentido en los símbolos religiosos de entonces. Suerte la de ellas!

A pesar de esta realidad, en las cartas paulinas hay pasajes que son utilizados para reforzar la perspectiva androcéntrico-patriarcal, sin embargo, “la principal preocupación de Pablo no es la conducta de las mujeres, sino la protección de la comunidad cristiana. Quería evitar que fuera confundida con los cultos orientales, orgiásticos y secretos, que socavaban el orden público y contravenían la decencia. (…) En 1Cor 11, 2-6 no niega a las mujeres el derecho a profetizar y orar en la asamblea, sino que insiste en que mujeres y hombres son iguales en la comunidad cristiana y en que no deben conducirse con actitudes características de los cultos orgiásticos.” (Pág. 149). “No obstante, el interés de Pablo al actuar así es un interés misionero y no va dirigido contra la libertad espiritual ni contra la implicación carismática de las mujeres en la comunidad.” (Pág. 153)

“El amor patriarcalizante de los códigos domésticos deutero-paulinos y las instrucciones de las pastorales son otros desarrollos de la argumentación paulina que llevarán en el futuro a una gradual exclusión de las mujeres de las funciones eclesiales y a la progresiva patriarcalización de toda la iglesia.” (Pág. 150) Y esto, concretamente, en relación al ministerio de las diaconisas, que entonces era ya efectivo. Ministerio que ni tan siquiera se menciona en la teología “oficial”. A este propósito, recuerdo que cuando una hermana le preguntó sobre dicho tema a un Obispo, éste automáticamente montó en cólera. Sin duda alguna, es de los que no dejan, ni permite a otro/a, que emerja la pregunta, que aflore la verdad…

Una prueba más de que la “palabra”, a través de “su” hermenéutica, es ideologizada. Cuando las cosas, los problemas, no se plantean desde la verdad difícilmente se podría llegar a soluciones verdaderas. Y de este modo, la verdad, la justicia… seguirán siendo desafíos pendientes dentro de nuestra Iglesia institucional. Me pregunto, ¿por qué y de dónde ese miedo recurrente a enfrentarnos con la “realidad” de las cosas? Nos ingeniamos con novedosas máscaras para evitar encontrarnos con ella, insisto: ¿por qué? Como se darán cuenta, no puedo resignarme a dejar que emerjan las preguntas… ¿Será tal vez un recurso para la resistencia…?

Como quiera que sea, “las tradiciones post-paulina y pseudo-paulina prolongarán estas restricciones para transformar la igualdad en Cristo entre mujeres y hombres, esclavos y libres, en una relación de subordinación en la casa que, por una parte, elimina a las mujeres de las responsabilidades del culto y de la comunidad y, por otra, restringe el ministerio acordado a las mujeres.” (Pág. 154).

Ahora bien, todos estos hechos de silenciamiento, violencia, postergación… de la mujer en el ámbito de la Iglesia institucional, avalada por un discurso teológico oficial masculinizado y masculinizante, creo que son apenas la “punta del iceberg” de una grave problemática que nos aqueja. Esto significa que hay algunas causas más profundas que están gatillando semejantes situaciones. Solamente un fuerte sacudón del Espíritu, de ese (a) Dios-Sofía, junto a una voluntad explícita y sostenida de conversión individual y estructural, podrá liberarnos de nuestro enajenamiento hacia una mayor autenticidad y humildad. Pues, como dice Santa Teresa: “La humildad es la verdad”.


lunes, 3 de noviembre de 2008

Discipulado de iguales como alternativa al sistema patriarcal


Las que nos hemos lanzado a leer el libro de Elisabeth Schüssler Fiorenza y hemos permanecido en esta tarea, sabemos por experiencia que no resulta nada sencilla ni placentera. Sin embargo, hay una parte de nosotras que siente recompensado el esfuerzo de continuar y persistir, a pesar de las tentaciones para abandonar.

Una cosa es leerla y comprender muchas de sus ideas, y otra es escribir sobre ellas. Trataré de compartirles imágenes que me resultaron muy iluminadoras y me causaron una inmensa alegría. Voy a tratar por separado cada una de esas ideas e imágenes descubiertas y/o resignificadas. Lo que haré es glosar a la autora con la expresa intención de organizar mi pensamiento.

- Una de las imágenes que se instalarón en mi, es la de las mujeres judías y griegas (aquellas que se unieron al movimiento de Jesús) COMO PRECURSORAS de los movimientos cristianos de mujeres. Me siento agradecida, hermana y heredera de su experiencia. Así mismo, descubrí con mayor profundidad el JESÚS FEMINISTA, quién desarrolló su visión al lado de mujeres y contestó el patriarcado judío.

- De acuerdo con lo anterior, esta lectura modificó la imagen que tenía de la situación de la mujer en la época de Jesús. Uno de las fuentes que nos presenta Schüssler Fiorenza para este propósito es el LIBRO DE JUDITH. Escrito en el siglo I a.C. inspiró movimientos proféticos, recogió el tema de la Sabiduría y rescató la imagen de Dios como "Dios de los humildes, defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados" (9, 11). Por otro lado, revela datos sobre la vida de ciertos grupos de mujeres. Mujeres viudas, herederas de abundantes recursos. Tienen libertad para rechazar un nuevo matrimonio y consagrarse a la oración, la ascesis y la celebración del Sabbath. Con autoridad moral para ofrecer consejos a los ancianos de la ciudad. Mujeres que como Judith destacan por su sabiduría, valor, fe y dedicación a la liberación de su pueblo. En este escrito la perspectiva femenina se hace evidente: la sabiduría triunfa sobre la fuerza bruta, la perseverancia, la fidelidad y el coraje sobre la tímida resignación de los hombres.

- Confirmé la imagen del Reino de Dios como COMIDA COMUNITARIA Y FESTIVA. No es la comida cultual de los fariseos lo que está en el centro del movimiento de Jesús, sino la mesa comunitaria que no excluye a nadie; todos y todas son invitados: mujeres, hombres, niños, pobres, pecadores, impuros, prostitutas, etc. No quiere decir que rechace totalmente la validez del Templo y la Torá sino que propone una interpretación alternativa: coloca en el centro al pueblo como lugar del poder y de la presencia de Dios creador y liberador. Por eso el culto no debe ponerse por encima de la praxis liberadora. En este sentido, los pobres, enfermos, pecadores, impuros y mujeres experimentan el ilimitado poder liberador de la basileia de Dios.

- Uno de los grandes aprendizajes consistió en pensar a Dios como SOPHIA: Dios de bondad misericordiosa, que acoge a cada una de sus hijas e hijos y es reconocido por ellas y ellos (Lc 7, 35). Jesús bebió de esta teología sapiencial que desde el siglo III a.C. celebraba la bondad misericordiosa de Dios, su poder creador, su elección de Israel y su misteriosa presencia en la Gestalt femenina de la Sofía Divina. Esta teología no desarrollo temor a la Diosa como el profetismo clásico, sino que utilizó elementos de este lenguaje para hablar de la bondad misericordiosa del Dios de Israel. La llama hermana, esposa, madre, amada y maestra. Es Ella quien guía en el camino, quien predica en Israel, quien busca a las gentes, las encuentra y les invita a CENAR. Estas y otras acciones son atribuidas a Jesús, por eso se le presenta como el mensajero de la Sofía y más tarde como la misma Sophia (Mt 11, 28-30; 12, 32; Lc 12, 10; 11 49; 13, 34).

- Por otro lado adquirí otra clave de lectura para comprender y profundizar sobre el movimiento de Jesús y el carácter incluyente de la comida comunitaria. Entendí que el obrar de Jesús se circunscribe en la tradición de Dios-Sofía, lo que hizo posible que su movimiento se convirtiera en un "DISCIPULADO DE IGUALES". Los publicanos, pecadores, mujeres, niños, pescadores, amas de casa y todos aquellos que a causa de las circunstancias de la vida y de las injusticias sociales fueron los marginados y los últimos en la sociedad israelita, ahora se reunían, compartían su trozo de pan y escuchaban en comunidad el Evangelio.

- Con alegría y orgullo descubrí que las MUJERES PAGANAS fueron las primeras entre los no judíos que se convirtieron en miembros del movimiento de Jesús (Mc 7, 24-30). Con certeza y apoyadas en diferentes estratos de la tradición evangélica se puede deducir que las mujeres tuvieron un papel determinante en la extensión del movimiento de Jesús a los no israelitas (Jn 4, 1-42; Ga 2, 15b). Ellas que experimentaron la bondad y la misericordia del Dios de Jesús fueron las primeras en extender el movimiento de Jesús no sólo en Galilea sino en territorios paganos.

- Lo anterior me capacita para afirmar con mayor claridad y pertinencia el PAPEL DE LAS MUJERES EN LA CONTINUIDAD Y EXTENSIÓN DEL MOVIMIENTO CRISTIANO. Estas discípulas no huyeron después del arresto de Jesús, sino que permanecieron en Jerusalén durante su ejecución y su entierro (Mc 16,1-6.8a). Apoyadas en su experiencia del resucitado, llegaron a la convicción de que Dios estaba de lado de Jesús y pudieron continuar su movimiento. Probablemente intentaron reunir a los discípulos dispersos y a los amigos de Jesús que vivían en Jerusalén y en sus alrededores: María, Martha de Betania, La mujer que ungiera a Jesús, la madre de Juan Marcos, María la madre de Jesús y a discípulos como Lázaro, Nicodemo, el discípulo amado. Algunas de ellas regresaron a Galilea su tierra natal y entre sus amigos y seguidores continuaron la corriente iniciado por Jesús. María Magdalena fue la más destacada entre los discípulos galileos.

- Schüssler Fiorenza señala varios textos bíblicos que contestan claramente la estructura patriarcal. Sinceramente algunos de ellos no los interpretaba de esa manera. Sólo voy a citar algunos de una manera muy sucinta. Jesús criticó seriamente la forma como se planteaban las relaciones en el MATRIMONIO PATRIARCAL. En Mc 10, 2-12 dice Jesús que Dios no proyectó esa clase de relaciones desiguales. Según Dios, el hombre y la mujer deben disfrutar de una relación social común e igualitaria. En Mc 12, 18-27 Jesús reprocha nuevamente las estructuras patriarcales y dice que en el mundo de Dios las mujeres y los hombres no establecen relaciones de dominación y dependencia, sino de personas iguales que viven en la presencia del Dios vivo. Precisamente Mc 10, 29b se habla de un discipulado que se vive al margen de ese ordenamiento e inclusive que produce conflicto en su interior (Mt 10,34-36 y Lc 12, 51-53). Por otro lado hay una serie de citas que señalan la vocación de discípula de la mujer (Lc 11, 27) por encima de la vocación a la maternidad.

- Hay más aún, el movimiento de Jesús llega a contraponer el tipo de relaciones de la familia patriarcal con el de la comunidad de los discípulos y discípulas de iguales (Mc 3, 31-35; Lc 11, 28; Mc 10, 30). En estos textos se omite de manera muy significativa los padres, mientras que las mujeres (madres y hermanas) son incluidas claramente entre los seguidores. Por otro lado, aquellos que hacen la voluntad de Dios conforman una NUEVA FAMILIA que no excluye a los "padres/amos" en su círculo pero que les da una posición diferente y les exige una relacionalidad igualitaria. El "niño/esclavo" que ocupa el lugar más bajo en la estructura patriarcal se convierte en el paradigma del verdadero discípulo/a (Mc 10, 15; Mt 23, 8-11). En esta nueva familia se rechaza toda exigencia de poder y dominio sobre los demás. Y por último cabe decir, que las nuevas relaciones de la comunidad de discípulos/as de iguales rechaza a los maestros y a los padres pues sólo uno es el Maestro y el Padre (Mc 10, 29-30; 11, 25; Lc 11,2-4; 12, 30).

- Tengo que reconocer que el trabajo de la autora cambió una de mis opiniones sobre algunos de los ESCRITOS PAULINOS. Schüssler Fiorenza descubrió que aún en las esporádicas referencias que tiene en sus escritos, se puede advertir un vigoroso liderazgo femenino. Por meritos propios, las mujeres judías y paganas se pusieron al servicio del Evangelio. Además de estar comprometidas en la actividad misionera, lo estaban en las responsabilidades de la Iglesia antes e independientemente de Pablo. No es el caso describir aquí los resultados de la investigación que llevó a la autora a demostrar científicamente sus ideas. Les recomiendo leer las paginas referentes a esta parte (205 a 225). Personalmente me surgió la necesidad de conocer mis antecesoras: su nombre, el contexto en el que se desenvolvieron, sus experiencias, sus aportes a las iglesias, etc. Mujeres como María la madre de Juan Marcos, Helena la reina de Adiabene, Tabita de Jaffa, Lidia, Pisidia, Damaris, Priscila, Drusila, Berenice, Prisca, Febe, Junia, Apphia, Trifena, Trifosa, Pérside, Evodia, Síntique, Tecla, Apfia, Ninfas, entre otras muchas, son PUNTAS DEL ICEBERG en el que las mujeres más importantes del movimiento misionero salen a la superficie, no como excepciones de la regla sino como representantes de las mujeres cristianas que han sobrevivido a las redacciones androcéntricas y al silencio histórico.

- Y finalmente, quiero compartirles otra imagen que tiene que ver con la teología de Pablo. Aquí también me sorprendí diciéndole "mereces otro punto a favor, mi Pablo". El apóstol luchó por la igualdad de los cristianos de origen judío y los procedentes de la gentilidad. Si el rito de iniciación cristiana fue el bautismo y no la circuncisión, LAS MUJERES Y LOS PAGANOS PODÍAN CONVERTIRSE EN MIEMBROS PLENOS DEL PUEBLO DE DIOS, con los mismos derechos y deberes que los hombres israelitas en cuanto a su posición y función socio-eclesial. Mientras que en el judaísmo el discípulo más fervoroso nunca podía alcanzar la posición del israelita varón, en el movimiento cristiano las herencias raciales, sexuales, de género y culturales no determinaban esta posición. Esto es exactamente el contenido del texto: "Los que os habéis bautizado en Cristo, os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni macho ni hembra, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 27-28). Pablo no niega las diferencias sexuales biológicas sino que afirma que las relaciones patriarcales y las relaciones sexuales no son ya un el elemento constitutivo de la Nueva Comunidad de Cristo.

NANCY OLAYA
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lunes, 27 de octubre de 2008

LA HISTORIA DE LAS MUJERES COMO HISTORIA DEL DISCIPULADO DE IGUALES

Aunque, como varias dijimos en el capítulo anterior sobre lo denso de esta lectura, esta vez ya se fué haciendo más familiar. Creo que vale la pena irse ambientando con este tipo de hermenéutica, pues es muy interesante y enriquecedor, y nos quedaríamos sin entender muchas cosas interesantes e iluminadoras de la Escritura.
Rescato como importante el que, tanto el movimiento de Jesús como Pablo, hicieron posible una situación nueva y alternativa para las mujeres de su tiempo, que no solo tuvo repercusiones a nivel religioso, sino también social; y como era de esperarse, eso provocó conflicto. Me encantó descubrir que ya en el Antiguo Testamento, también hubo momentos en los que la mujer tuvo otra situación y reconocmiento en el pueblo de Israel, como es el caso de Judith entre otras, a quien se le reconocen cualidades de mujer que van más allá de la debilidad o la simple belleza física.
Me llamó la atención caer en la cuenta del papel importante de las mujeres "paganas" en la extensión del movimiento de Jesús. ¿quiénes son ellas ahora? ¿esas que van más allá de las fronteras, de los límites de lo establecido? Nunca se había hablado de la fe de las mujeres....
En cuanto a Pablo, es bueno poder tener elementos para verlo de otra manera, no como un "antifeminista", pero que desgraciadamente sus escritos y palabras fueron usadas después para justificar el patriarcado eclesial que pesa hasta nuestros días.
De todas formas, el conocer que los comienzos de la iglesia no fueron así nos abre puestas y nos dan esperanzas y ánimo para seguir buscando otras formas, otro lugar para nosotras.Como se los compartia un poco la vez pasada, esto yo lo vivo muy cerca y a ratos con mucho dolor, pues por el tipo de trabajo apostólico que realizo, estoy muy en contacto y trabajamos disque en "equipo" con nuestra iglesia local, que por muy "liberadora" que trate de ser, en cuanto al lugar y reconocimiento de la mujer, tanto laica como religiosa, queda mucho que desear, esperar y conquistar.
El gran reto que me queda después de esta lectura y reflexión, es el de poder influír en algo, como Compañía, como Vida Consagrada en la inclusión de la mujer tanto a nivel social como eclesial. Como en el movimiento de Jesús, como en el tiempo de Pablo.... como lo hizo Santa Teresa, como Enrique de Ossó, que no pasemos sin hacer nada..... sin aportar a un cambio de estructuras y paradigmas que hagan posible que Dios se refleje equitativamente con su veradero rostro de madre/padre. El que haya conflictos será buena señal.....
Quiero también aportar una sugerencia para los próximos trabajos. Veo que para muchas y José de l@s anotados en el foro, no les esta siendo posible participar. Se que somos gente muy ocupada (como buen@s teresian@s). Sugiero que sea solo una lectura, para que nos de tiempo suficiente y además podamos hacer comentarios a lo que escriban José y las demás.

sábado, 2 de agosto de 2008

EN MEMORIA DE ELLA

Olá! me sinto feliz por poder partilhar com vocês meus sonhos minhas reflexões, desde minha realidade de mulher, na America Latina, no Brasil.
Do livro de Elizabeth Fiorenza en Memoria de Ella.
Não sendo uma estudiosa bíblica (exegeta), achei a leitura um pouco difícil por que usa muitos termos desconhecidos para mim. Ainda não consegui o livro em português isso talvez me dificulte a interpretação, mas espero estar contribuíndo com minha reflexão. Os sentimentos que me ocorreram ao ler este livro foram antâgonicos de alegria e de tristeza. Alegria por saber que temos a possibilidade de aprender a fazer uma leitura crítica e levantar suspeita dos textos bíblicos que nos foram passados como verdades absolutas de uma cultura patriarcal e androcentica, a onde a bíblia tem sido um instrumento central para estabelecer e reforçar o exercício do poder patriarcal.
Ler a bíblia a partir de uma pespectiva feminista desafia-me a buscar a promoção e a dignidade da mulher em todos os âmbitos da sociedade e a trabalhar os textos bíblicos que explicitam o papel antâgonico das mulheres , viabilizando novas abordagens para as mulheres da America Latina, que, além de serem oprimidas por serem mulheres, são triplicamente exploradas por serem mulheres, pobres e negras.
A leitura popular feminista da bíblia , nós ajuda na abordagem que se movimenta entre a Bíblia e a Vida. È a partir desssa nossa resistência, do nosso cotidiano e junto com as mulheres que se dessafiam e nós desafiam, queremos exercitar uma nova teologia com umametodologia dialética crítica e suspeita que são sinais da paixão pela Vida, da busca do alternativo, da solidariedade e da criatividade de uma realidade altamente patriarcal, que nos silenciou por um longo período.
Como mulheres somos chamadas a apreender, a interpretar e reinterpretar e isso não é um trabalho só de intelectuais. Os povos (mulheres) oprimidos (os) são chamadas a encontrar alternativas a partir da interpretação bíblica, temos que aprender a interpretar e reiterpretar, para repensar nossas vidas, nossa história e as formas de convivência que nos foram impostas. Porque nascemos em um mundo "criado" por homens. Onde se queremos viver somos obrigadas a assumir o masculino pois, os homens crêem que têm direito de agredir as mulheres sem questionar minimamente. ser uma mulher independente e autônama e sujeita de sua história é perigoso, poder se rebelar contra a submissão, é um abuso e se pode pagar com a morte.
A interpretação bíblica hermenêutica, segundo Elizabeth Fioreza, deve incorporar uma crítica cultural como uma crítica teológica das escrituras. E são essas as possibilidades de uma nova releitura, onde a mulher se torne sujeito de fato e de direito de participar da luta da libertação da mulher e que a bíblia seja um instrumento a favor dessa história.
"O silêncio em que muitas mulheres são submetidas em meu País é o grito que, em nome de Deus, deve sair de nosssas bocas"
Um abraço a todas (os)e sempre unidas na busca de um mundo mais justo e fraterno para todos homens e mulheres. goreth ribeiro

miércoles, 23 de julio de 2008

Aporte

“En memoria de ella”

Según afirma la autora:

"En Memoria de Ella empieza con la premisa fundamental de que en el pasado, las mujeres no han sido sólo discriminadas y victimizadas; sino que han sido también agentes de la historia que han producido, definido y sostenido la sociedad en general y las relaciones socio-religiosas del cristianismo primitivo en particular".

La Biblia ha sido interpretada androcéntrica y Patriarcalmente a través de la historia, situación que ha marcado la exclusión de la mujer en la misma.

Es necesario cambiar el enfoque doctrinal en la cual se encuentra enmarcada. Se debe encaminar hacía una interpretación más incluyente y contextualizada, lo que permitirá explicar el por qué de sus escritos.
“Mujeres que corren con los lobos”


La autora nos invita a través de su obra a conocer nuestro interior profundamente, rescatando toda aquella parte vital del ser que de alguna manera tenemos domesticada.

A través de los cuentos a que hace referencia (los cuales considera como una medicina, debido a las enseñanzas que contienen), Pinkola nos muestra una forma de reinterpretar y comprender nuestras experiencias de vida, para que así podamos actuar en plena conciencia de nuestros actos.

La comparación que realiza entre las características comunes de la mujer sana y la loba sana, es completamente fantástica. Nos dice que la mujer salvaje es aquella “célula resplandeciente que contiene todos los instintos, fuerzas y saberes necesarios para la vida”.

Hay que iniciar el rescate de esa mujer salvaje que está en nosotras, siguiendo las indicaciones que nos da la autora.

Lo cual nos permitirá extraer definitivamente lo mejor que tiene cada persona, y así algún día podremos cantar sobre los huesos (que son el símbolo de la fuerza inalterable) que hemos ido acumulando en el camino, tal como lo hizo lo loba.

EN MEMORIA DE ELLA

Hola a todas y a José. Me faltaba colgar mi comentario sobre el texto “EN MEMORIA DE ELLA” y no quiero dejar de hacerlo, aunque sé que no fui fiel a la fecha límite establecida, pero a veces las circunstancias no favorecen nuestras mejores intenciones y por eso hasta ahora puedo enviarlo.

Les confieso que el texto de Elisabeth Schussler Fiorenza, exigió de mi parte un gran esfuerzo por el lenguaje que utiliza. Al empezar sentí una fuerte motivación, pero luego, a medida que avanzaba, sentía desfallecer por la dificultad de comprensión que me representaba. No he recibido formación teológica y me costó bastante enfrentarme a algunas expresiones y temas, pero a su vez tuve el reto de seguir y tratar de entender algo. Quizá no son muchas las ideas que pueda expresar, pero algunas que puedo concluir son las siguientes:


La Biblia no está exenta de la necesidad de contextualizarla para su interpretación, para entender el porqué y el para qué de sus escritos. Como bien se dice en el libro, más que el texto, lo verdaderamente importante es el contexto y toda una realidad que acontece alrededor de los escritos.

Es evidente que la Biblia también es fruto de una cultura patriarcal y ha sido sellada desde su forma, interpretación y transmisión, por el lenguaje androcéntrico. Por tanto, es importante considerar la marcada diferencia entre “escritos” fruto de la acción de una persona (en este caso hombres que dejaron su sello patriarcal en la Biblia) y “Escritura” como contenido, como revelación de Dios que debe ser desentrañada por nosotros/as.

Me gustó mucho la idea de que “no se trata simplemente de devolver la historia bíblica a la mujer”, sino “reconocer la historia como fruto de la acción de la mujer”. Creo que es así como se garantiza una verdadera inclusión de la mujer en una realidad en la que, como agente activa, fue y sigue siendo contribuyente a la transformación y el desarrollo de toda una sociedad. Me encanta la invitación que se hace de mirar a la mujer no como parte de un sector marginado, oprimido, pobre y por ende acogido por Dios, sino desde su poder y su fuerza como lugar de revelación.

Ubicar a la mujer en la periferia y no en el centro de la vida y de la historia cristiana, es perpetuar su opresión y aplicar de alguna manera lo que el lenguaje androcéntrico inclusivo hace: destacarla sólo por su participación excepcional o problemática en un contexto específico y no por el valor que representa a nivel general.

Soy fruto de una formación en la que obviamente las Sagradas Escrituras tienen un lugar central; sin embargo, este texto genera en mí nuevas y mayores inquietudes, no porque la Biblia pierda valor, sino por la sed que despierta de adentrarme más en ella y leerla desde nuevas perspectivas. Hasta ahora evidencio la necesidad de separar forma de contenido y sé que para ello requiero de adecuados elementos, de una formación que me ayude a ir más allá de las tradicionales enseñanzas que recibí.


No es tarea fácil asumir una postura crítica frente a la Biblia aceptando que no todo en ella es verdad, especialmente para quienes poco nos hemos enfrentado a estudios de esta magnitud y que, generación tras generación, hemos escuchado la misma transmisión de mensajes que generalmente se quedan en lo literal de los escritos. Es por esto que una vez más confirmo la urgencia que tenemos de dar respuesta a uno de nuestros desafíos generales del CIT: “Continuar favoreciendo la formación conjunta de hermanas y laicos para fortalecer la misión compartida, desde: carisma, teología bíblica, pastoral…”. Estamos en deuda con nosotras mismas y muy especialmente con nuestras nuevas generaciones para que no tengan que hacer lo que a nosotros nos corresponde hoy: “Aprender a Desaprender”.

Bien lo dice nuestra Propuesta Educativa Teresiana:
Necesitamos DESPERTAR

“Abrir los ojos”
para ver (y entender) no sólo lo que las imágenes (los escritos) quieren vendernos, sabiendo que detrás no están los rostros de las personas, sino los intereses… (de otros).

“Abrir los oídos” para escuchar con atención relatos, historias… que nos hablan de distintos contextos culturales de otra historia. Así comprenderemos por qué pasa lo que pasa, por qué se piensa como se piensa…”

"Y lo haremos porque estamos ciertas/os
que esta experiencia transparenta el Amor y Verdad divinas
y son lo único que une, ilumina y calienta nuestro mundo”

(Mísitica de la Educación Teresiana, Educamos Educándonos, págs 92 a 94)

lunes, 21 de julio de 2008

Restituir a la mujer su herencia histórica


"Luchamos a una por la libertad,
un mismo latido, canción del Espíritu.
Hermanas en el gozo, en el dolor,
antigua y fuerte es nuestra danza
"

Ultima estrofa de la canción RUAH de Ain Karen.

Hola todas y hola José. Quiero decirles que la lectura de Elisabeth Schüssler Fiorenza está desencadenando en mí un resituarme frente a la Biblia. Me acerco a ella, la leo, la reflexiono y la oro de manera diferente. Esta primera parte de su libro "EN MEMORIA DE ELLA" me está proporcionando claves de lectura, respuestas a preguntas que me he planteado desde mucho tiempo atrás y sobre todo, un referente para seguir en este proceso de construcción de mi propia identidad de mujer. A continuación les comparto algo de esto.

Schüssler Fiorenza plantea la necesidad de representar la historia del cristianismo primitivo como herencia de las mujeres y de la misma humanidad. Las luchas de ellas son las nuestras, y su forma de actuar puede recrear nuestra conducta. El canto de Ain Karen expresa la solidaridad que nos une y que por otro lado, nos impulsa a seguir danzando hasta liberar el poder emancipador de la comunidad cristiana que "no está teológicamente enraizada ni el diformismo sexual-espiritual ni en la dominación eclesial patriarcal, sino en una visión igualitaria y en unas relaciones sociales altruistas que no pueden ser referidas a las diferencias entre lo masculino y lo femenino".

Me quedó claro por ejemplo: (a) que la Biblia tiene impacto político en las iglesias, la sociedad y las instituciones; (b) que su lenguaje es androcéntrico y que "ellos" han dejado su rastro sobre la revelación bíblica; (c) que no todas las afirmaciones bíblicas tienen el mismo rango en cuanto a verdad y autoridad; (d) que la imaginería patriarcal y el lenguaje androcéntrico son la forma pero no el contenido del mensaje bíblico; (e) que los símbolos teológicos han perdido las imágenes y motivos femeninos, despojando a las mujeres del poder nombrar; (f) que hubo una interesada devaluación y supresión del culto a la "Diosa", eliminando la legitimidad del poder femenino como poder independiente, salvífico, sustentador y principio divino presente en nosotras; (g) que el lugar de la revelación no es el texto androcéntrico sino la vida y ministerio de Jesús y el movimiento de mujeres y hombres impulsado por él; (h) que la selección y transmisión androcéntricas de las tradiciones cristianas primitivas han forjado la marginación histórica de la mujer, pero no son un reflejo fiel de la realidad histórica en lo que atañe a su responsabilidad y participación en el movimiento cristiano; (i) y que en esta lucha, el liderazgo de las mujeres fue sometido, sin embargo, las corrientes igualitarias del cristianismo primitivo nunca fueron eliminadas...

Las anteriores afirmaciones cambiaron mi manera de orar la Biblia, de acercarme y hablar de ella. Para que no se asusten, debo decirles que la Sagrada Escritura no ha perdido su sentido sagrado y su posición en mi espiritualidad. Pero constato que se están modificando mis formas de interpretar y rezar con los símbolos, las metáforas divinas, los personajes sobre todo las mujeres. En fin... creo que la lectura de este libro traerá nuevas síntesis. Les envió un súper abrazo.

¡Ah!!! la imagen que coloqué es otra forma de iconografía divina que estoy usando en mi oración y mi catequesis.
NANCY OLAYA

domingo, 20 de julio de 2008

Encuentro Liberador

El encuentro con esta literatura me ha gustado muchísimo, me ha ayudado a despertar mi ser de mujer; me ha dado elementos para hacer una mirada introspectiva de mí misma de cara al proceso liberador que estamos llamadas a vivir y que debe comenzar en primer, lugar por cada una.

Desde la lectura del libro:”En Memoria de Ella” de Elisabeth Schüssler Fiorenza, se puedo concluir que la Biblia ha sido interpretada androcéntrica y Patriarcalmente a lo largo de la historia, lo que ha contribuido a marginar a la mujer, invisibilizando la opción que Jesús hizo por las mujeres de su tiempo y por los excluidos de su época.

Jesús desde su compromiso por la humanidad instauro el discipulado de iguales: el hombre y la mujer siguiendo al Maestro y anunciando la Buena Nueva para todos y todas sin ninguna discriminación, pero desde una concepción patriarcal de la Biblia y porque no decirlo, de la Tradición se ha silenciado el lugar que ocuparon las mujeres en el grupo de Jesús, y hoy en nuestro compromiso por el Reino, nos “toca” hacer memoria de esas mujeres invisibilizadas, que estuvieron ahí en “espíritu y verdad” y hoy son testimonio para todas nosotras que seguimos a Jesús, que nos invita a liberarnos y optar por la vida.

El encuentro con este libro nos plantea a nivel personal y desde nuestras comunidades inmediatas hacer una relectura de la Biblia en clave feminista, rescatando la invitación a la liberación “para la mujer y desde la mujer”

La liberación de la mujer la hacemos desde la óptica del Espíritu que es quien ilumina las actitudes liberadoras, equitativas que respetan la dignidad de las personas en Coherencia a la Buena Nueva anunciada por Jesús, desde ahí, replantear una hermenéutica que privilegie la óptica de la mujer y una exégesis que clarifique las situaciones del texto y del contexto.


El libro “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola, me ha ayudado a hondar en esa clave Teresiana del “propio Conocimiento” a descubrir esa “mujer salvaje” que hay dentro de mí y que estoy llamada a descubrir a potenciar y a dejar salir… Esa “mujer salvaje” me lleva a reconstruir mi historia y a convertirla para mí misma y para los demás en esa historia de salvación que Jesús quiere.

Son muchos los “sentires” que se han despertado en mí la lectura, es el encuentro con mi ser de mujer “salvaje” que necesita y clama liberación, que lleva a ahondar a revitalizar esas zonas oscuras, donde es necesario “juntar esos huesos” y cantar sobre ellos, y dejar salir esa luz que me hace más humana, que me lleva a “gustar la vida” y a emplearla en lo que muestre, en lenguaje Teresiano, “la hermosura del Castillo” que soy yo misma habitada por Dios.

Como mujer salvaje, el decidirme entrar, es la invitación a encontrarme con mis “verdades más profundas” a mirarlas con compasión y valentía para convertirlas en el pozo donde pueda beber el Agua que da “Vida” para mí y para la humanidad.

La “mujer Salvaje” que hay en mí me conduce a contemplar mi historia, todo mi ser y redimir esos “huesos” que no parecen ya tener vida, es soplar sobre ellos y vivir en plenitud, desde mi intuición de mujer, de Teresiana que se entusiasma por vivir desde “abajo y desde dentro” y que tiene gestos de “libertad, compasión y gratuidad” para mí misma y para la humanidad.

viernes, 18 de julio de 2008

VER, NOMBRAR, RECONSTRUÍR

Todo este "rollo" de Elisabeth Schussler Fiorenza está muy bueno y la verdad me movió muchas cosas por dentro, desde niña, con la doctrina de Enrique de Ossó, descubrí que las mujeres somos valiosas, importantes, el "corazón de la familia"; pero mucho con un fondo de dar, sacrificarnos por los demás, someternos, resignarnos al roll y papel que la sociedad y la iglesia nos impone como mujeres... la verdad yo he vivido y sigo viviendo desde donde estoy, con mucho dolor, el lugar de "segunda" que se nos ha asignado en la Iglesia. Hace unos pocos años, estando en un encuentro donde se trataba el tema de los ministerios eclesiales, me atreví a contradecir a un obispo que dijo que era voluntad de Dios el que las mujeres no recibiéramos el orden sacerdotal, y se me tachó de "resentida". Leer toda esta búsqueda, estos argumentos, esta lucha por poder encontrar, recuperar el lugar de la mujer en la iglesia, desenmascarando el androcentrismo desde el que siempre se ha interpretado la Palabra y por tanto, los planes de Dios sobre las mujeres, me han dado mucho ánimo y esperanza de que algún día las cosas cambien. Y ¿quién más que nosotras las que tenemos que seguir empujando estos esfuerzos y no desanimarnos hasta que se hagan vida??
Me pareció muy interesante el saber que los libros no canónicos presentan otra visión de la participación de la mujer en la tarea evangelizadora, y que eso ha hecho que en las otras iglesias (ortodoxa por ej.) la mujer si pueda tener otro tipo de papel y reconcocimiento; y a la vez me pregunto ¿por que tanto temor a las mujeres en la iglesia católica???? ¿por qué ya desde los comienzos de la iglesia eran una "amenaza" para los varones??? Bueno, eso no es difícil de responderlo, pues pasa lo mismo hoy con los sacerdotes, les caen bien las monjitas calladitas, las que a todo dicen que si, las que les besan la mano...... pero no las que cuestionan o están a la altura de ellos. Me dió gusto también leer lo que se dice de Pablo, que probablemente él tuvo que resignarse y aceptar la autoridad que ya tenían las mujeres en las comunidades primitivas.
Algo que se me hace todo un reto para la pastoral y catequesis, es como hacerle para no seguir transmitiendo los mismos esquemas, lenguaje, conceptos que nos han hecho quedar a las mujeres en donde estamos y de donde ya queremos salir. Está difícil poderles explicar a l@s niñ@s que Dios no es varón, y hacer a un lado todo lo que nuestra "catequesis" tiene de sexista. ¿cómo?

lunes, 14 de julio de 2008

Elisabeth Schussler Fiorenza

Del libro de Elisabeth Schussler Fiorenza: “En Memoria de ella”.
Hola, hola! Aquí les comparto el escrito prometido. Espero sean benévol@s!

Ante todo, me he sentido sorprendida por el tipo de texto que nos han puesto a investigar. Era la primera vez que, desde un proyecto de este tipo, me tocaba leer un libro fundamentado con una rigurosidad científica exquisita. Y así, de la sorpresa he pasado a la alegría. Ya después, en el transcurso de la lectura y de la reflexión, he sentido una cierta preocupación y un cierto miedo. Me preguntaba, ¿cómo poder administrar tanta conciencia sobre un tema determinado cuando el contexto en el que una se encuentra se halla tan lejos de intuir la realidad sobre la cuestión?

Lo que el libro de Elisabeth S. Fiorenza produce en mí es, como dice el filósofo Kant respecto de la lectura de Hume, despertarme del “sueño dogmático” en que me hallaba sumergida. ¿Cómo poder, pues, sobrellevar este nuevo estado al que me ha sumergido la lectura? Es más, ¿cómo trasmitir el resplandor del contenido del texto a los que todavía se hallan anclados en la “caverna platónica”? Pareciera un poco de soberbia ubicarse fuera de ella, pero lo cierto es que después de esta lectura inevitablemente hay que situarse en un “antes” y en un “después” existencial.

Siento que mi historia de mujer se halla estupendamente reflejada en sus páginas, esto es, me siento identificada e interpretada con el contenido de lo que anuncia y denuncia Elisabeth Schussler en su escrito. Me edifica su grandeza “lobuna” y creo que hace honor a su linaje “salvaje” y guerrero en un mundo androcéntrico-patriarcal. Utiliza el derecho a la palabra como un modo de salir de la invisibilidad a la que nos han tenido sumergidos desde siempre en todos los ámbitos, especialmente en el eclesial.

Identifico a Elisabeth con lo que afirma Clarisa Pinkola: “Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento.” (p. 11). A mi juicio, si no somos capaces de rescatar nuestras raíces lobunas, se nos hará muy difícil ir forjando un cambio de paradigma más armónico y equitativo como el que propone el movimiento feminista liberador y reformista de Schussler.

En el estudio de la Biblia, una “hermenéutica de la sospecha”, como la que nos propone nuestra autora, sólo es posible aplicarla desde un talante lobuno, que nos conduzca a explorar las visiones y los valores liberadores u opresores inscritos en el texto, identificando el carácter y la dinámica androcéntrico-patriarcales del mismo y de sus interpretaciones.

Puesto que los textos bíblicos están escritos en lenguaje androcéntrico, en el seno de culturas patriarcales, lo interesante de la “hermenéutica de la sospecha” es que no empieza por asumir que el relato bíblico sea un texto feminista liberador sólo porque su personaje central sea mujer. En cambio, trata de investigar cómo y por qué el texto estructura dicho relato tal y como lo hace. Y esta actitud desenmascaradora y crítica me parece oportuna y desafiante. “Los mundos interior y exterior no siempre son lugares placenteros, pues los agentes devastadores siempre están al acecho…”

Desde esta perspectiva, la Biblia necesita ser rescatada de su cautividad en una interpretación masculina, reduccionista y tergiversada. Hay que redimirla de las interpretaciones privatizadoras y espiritualistas que desestiman el interés de Dios por la justicia, la integridad humana y la responsabilidad ecológica; es necesario liberarla de las interpretaciones abstractas y doctrinales que separan el relato bíblico de su contexto sociopolítico concreto a fin de transformarlo en una verdad situada.

Ahora bien, juzgo que los cuatro modelos de interpretación bíblica se complementan, es decir, tienen aspectos válidos y rescatables, pero el que me parece más apropiado para nuestro contexto latinoamericano es el de la teología de la liberación. Puesto que dicha teología, en sus diversas formas, ha desafiado la llamada “objetividad” y “neutralidad” académica de la teología tradicional. Intelectualidad y neutralidad no es posible en un mundo de explotación y la opresión.

No existen, pues, perspectivas totalmente neutras y objetivas. Todo conocimiento está situado y es interesado, como lo ha explicitado la sociología del conocimiento, de tradición marxista y lo han explicitado los teóricos de la Escuela de Frankfurt. Sólo una disciplina científica (estudio e interpretación bíblica) consciente del sesgo ideológico de todo saber, y que además opte por acercarse a la realidad desde la postura de las víctimas y de l@s perdedor@s de la historia, se podrá construir en una palabra auténtica, válida, creíble y liberadora.

De ahí que las hermenéuticas bíblicas que defiendan la “neutralidad ideológica” o “valorativa”, constituyen, por ello mismo, claras expresiones de una ideología que se merecen la puesta en marcha de toda nuestra “sospecha lobuna”.

Lo que Elisabeth Schussler nos deja claro es que los textos bíblicos son patriarcales. Las interpretaciones de esos textos también lo son, con honrosas excepciones. Las mujeres han sido marginadas en la Biblia, en la interpretación y en la tradición. Todo esto ha llevado a la opresión de las mujeres cristianas en las iglesias y en la sociedad (familia, estudio, trabajo, etc.). Por esta razón la hermenéutica feminista reformista nos invita a usar la “sospecha” como método con respecto a la tradición y a su interpretación.

En definitiva, las Escrituras necesitan ser liberadas no sólo de las interpretaciones androcéntricas tradicionales, sino también de la tendencia degeneradoramente patriarcal de la cual están impregnados sus propios contenidos.


Teresa del Pilar Asunción, 14 de julio de 2008

lunes, 30 de junio de 2008

Reflexión de Beatriz Herrera

Hola a todas! Me da alegría tener la oportunidad de compartir a través de este medio nuestro interés común.

Cuando entré y vi que nadie habia publicado su comentario sobre el trabajo asignado me dió susto,pero ni modo, lo envio hoy que tengo la posibilidad.

Mucha suerte para cada una y para José. Hasta pronto. Ahí va mi comentario.

Del libro de Elisabeth S. Fiorenza: “En Memoria de ella”

Experimenté varios sentimientos a lo largo de esta lectura. Inicialmente experimenté u cierto rechazo por la dificultad inicial que encontré al leer este texto tan denso y complejo, que tiene una jerga que es propia de exégetas. Pero al mismo tiempo me sentí retada a abordar con paciencia este texto, para entender su significado. Entonces descubrí que es un estudio serio y bien documentado, pues me llamó la atención la cantidad de textos, autoras y autores que ella incluye en su propio libro.

Sentí una gran admiración por la autora y por otras mujeres que a lo largo de la historia han hecho un trabajo serio que buscaba rescatar el puesto de la mujer en los distintos ámbitos de la vida y que como es de esperar, encontraron grandes controversias que no las hicieron callar. Al terminar de leer esta parte del texto, siento mucha curiosidad de continuar leyendo para entender cómo se hace una reconstrucción humana de la historia del Cristianismo, digo humana porque incluye la perspectiva femenina y masculina.

Una clave para leer la Biblia:
Leerla tratando de separar la forma del contenido. La forma es histórica y está condicionada por una imaginería patriarcal y por un lenguaje androcéntrico. El contenido, es la revelación de Dios, que necesita ser desentrañado de la forma. Es fundamental entender que las formulaciones son históricas, que fueron hechas en un contexto concreto y desde una visión selectiva de la realidad.

Este tipo de lectura “desentrañadora” y también, de alguna manera selectiva, nos invita a tener una nueva postura con respecto nuestra forma de abordar la Biblia a “No aceptarla totalmente ni a rechazarla por completo”, como afirmaba Elizabeth Stanton. Parece que una hermenéutica de la sospecha y método de análisis histórico crítico puede ayudarnos en este proceso. Y me pregunto cómo hacer este aprendizaje y cómo divulgarlo entre las personas con las que compartimos la vida y la fe?

Necesitamos cambiar el imaginario de percibir y leer la Biblia como una revelación divina, palabra de Dios tiene para nosotras una palabra que decirnos sólo en el ámbito religioso. Para nosotras mujeres principalmente aprender a ver la Biblia como un arma política que puede desencadenar conflictos y luchas en otras ámbitos de la vida.

Finalmente me impresionó mucho tomar conciencia de que se han usado los mismos pasajes bíblicos a través de la historia para justificar la situación de opresión de la mujer. Y que somos nosotras mismas las primeras en promover y aceptar semejante error. Esto me lleva a concluir que necesitamos cambiar el paradigma mental de percibir y leer la Biblia como una revelación divina, Palabra de Dios que tiene algo que decirnos, pero sólo en el ámbito religioso y que es una palabra “inofensiva”. Es necesario cambiar el enfoque doctrinal de interpretación bíblica tan acentuado todavía en muchos medios eclesiásticos. Aprender a ver y a utilizar la Biblia como un arma política que va a desencadenar conflictos y luchas en otros ámbitos de la vida. Pues ninguna reforma verdadera se puede dar sólo en un ámbito de la sociedad, lo mismo, la interpretación feminista tiene afectar todos los ámbitos de nuestra vida.


-. Del libro de Clarissa Pinkola: “Mujeres que corren con los lobos”

Desde que comencé a leer el libro de Clarisa Pinkola, percibí en mí una atracción especial por su contenido, su lenguaje sugestivo. Me pareció una lectura fácil, pero profunda.

Inicialmente la comparación hecha entre las características de la mujer sana y la loba sana me pareció genial: son características comunes, la percepción aguda, el espíritu lúdico, la elevada capacidad de afecto. Ambas son sociables, están dotadas de fuerza y resistencia, son extremadamente intuitivas, capaces de adaptarse, fieles y valientes. Me sentí tremendamente atraída por estas características y deseo llegar a poseerlas.

Me causó mucha admiración saber que la autora necesito de más de 20 años para desarrollar el arquetipo de la mujer salvaje y que ha dedicado 25 años de estudios de pautas arquetípicas y el doble de años en estudiar los mitos, cuentos y folclore de sus culturas familiares, que son variadas y ricas. Esto me hablo de trabajo serio, sistemático y de una sabiduría acumulada a través de los años. Me sentí invitada a acoger con respeto y gratitud la sabiduría y experiencia de esta mujer.

Pero quizá el sentimiento más fuerte que he experimentado es el sentirme provocada, invitada y a casi hasta retada para entrar en contacto con la mujer salvaje que hay en mi. Para irla dejando ser ella misma en toda la expresión de la palabra.

La imagen de la naturaleza salvaje descrita por Clarissa como “una maestra, madre, y mentora salvaje que sustenta contra viento y marea la vida interior y exterior de las mujeres” me conectó con la imagen Teresiana de la persona humana que tiene en lo más profundo de su ser un castillo interior, espacio privilegiado para entrar en contacto con su Dios y con lo más profundo de sí misma. El encuentro con Dios y con sí misma en su interior, capacita la persona para entrar en contacto con el mundo exterior de una manera nueva.

El vivir en contacto con este mundo interior no la enajena del exterior, al contrario, la ayuda a estar más presente, desde lo mejor de su ser y desde lo más profundo de sí misma. La mujer que vive conectada a su naturaleza salvaje y se deja guiar de ella es como la persona que ha encontrado a Dios en su centro y que permite que de ese encuentro surja una nueva creatura, llena de vida que dona a su paso.

De alguna manera en mi mente también equiparé la intuición de la mujer salvaje con la sabiduría que nos presenta la Sagrada Escritura. Dice Pinkola que la intuición tiene muchos ojos. “Cuando afirmamos nuestra intuición somos como la noche estrellada: contemplamos el mundo a través de miles de ojos” (pagina 24). El libro de la Sabiduría (capítulo8) al describírnosla veo que tiene que ver mucho como la intuición. Tanto la intuición como la sabiduría son compañeras ideales para la vida, son buenas consejeras en todas las situaciones de la vida, por que saben ver más allá de las apariencias y porque tienen una visión profunda, desde distintas perspectivas y ambas nos conducen a la verdad de las cosas y de las personas.

Finalmente con la lectura de “Mujeres que corren tras los lobos” se ha despertado en mí muchos deseos de seguir profundizando en la naturaleza de la mujer salvaje a medida que continúo entrando en contacto con mi propia naturaleza salvaje. Pinkola mencionó varias formas que son tareas concretas para recuperar la naturaleza salvaje en las que deseo invertir tiempo y energía: ponerme en contacto profundo con estos relatos, examinar y hacer trabajo con mis sueños, tratar de conectarme y escuchar mis sensaciones físicas y recuerdos corporales, también el arte de formularme preguntas y dejar que ellas sean una llave que abre y saca a flor de piel mi naturaleza salvaje. Y poder un día, al igual que la Loba cantar sobre los huesos que con esfuerzo pude ir recogiendo. Estos huesos no son otra cosa, sino aspectos distintos de la misma fuerza indestructible que es la mujer salvaje, que está en mí y en toda mujer.

29 de junio de 2008 13:14