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domingo, 9 de noviembre de 2008

EN MEMORIA DE ELLA. LA HISTORIA DE LA MUJER COMO DISCIPULADO DE IGUALES.

Segunda Parte. En memoria de ella. La Historia de la Mujer como Discipulado de Iguales.

Teresa del Pilar

En mi caso, la dedicación que supone sumergirse en las páginas del texto no es sólo por la complejidad de su contenido, sino por el desgaste afectivo que implica. Es de esos libros antes los que, simultáneamente, una se rinde y se rebela. Pues están ahí ambos polos interactuando constantemente en la inteligencia afectiva, impeliendo a la voluntad a no dejarse vencer y a seguir adelante… Desde esta dinámica personal creo que se podría entender el comentario selectivo que he ido haciendo por capítulos. Espero disculpen la extensión, pero no podía menos.

Capítulo 4

El movimiento de Jesús como movimiento de renovación en el seno del Judaísmo

Para entender, de manera genuina, al movimiento de Jesús se trata, fundamentalmente, de recuperar los orígenes cristianos del “discipulado de iguales”, puesto que las raíces cristianas son judías. “Volver a las fuentes” significaría, por tanto, sumergirnos en dicha historia, de tal modo que podamos arrancarle algunas esquirlas de inteligibilidad a lo que ha sido nuestro origen. “Reconstruir el movimiento de Jesús, como movimiento judío, dentro de las estructuras religiosas y culturales patriarcales es analizar el impulso feminista dentro del judaísmo.” (Pág. 11)

Conviene tener en cuenta que la metodología para una hermenéutica feminista de la “sospecha” se aplica también a la interpretación de los textos del Judaísmo referentes a la mujer. Esto significa que han de leerse como androcéntricos, es decir, desde una perspectiva masculina, que no considera la experiencia ni la realidad histórica de la mujer. En esta misma línea, no se ha de perder se vista que los intelectuales, procedentes, con frecuencia de la clase media, son los responsables de la “interpretación” patriarcal que lleva a denigrar o marginar a la mujer de los textos mencionados. (Cf. Pág. 12).

A pesar de esa manipulación hermenéutica, es sabido que, “las mujeres bíblicas como Ruth, Esther, Ana, o la madre de los 7 hijos mencionada en 2 Macabeos son caracterizadas con papeles y conductas típicamente femeninas, pero no como niñas o imbéciles.” (Pág. 12).

Jesús y su movimiento compartieron el símbolo dinámico de la basileia (“reino”, “imperio”) de Dios. Dicha imagen suponía que la santidad del pueblo elegido de Dios no viene dada en términos cúlticos, sino como plenitud destinada a la creación. “La santidad humana debe expresar la plenitud humana, la práctica cúltica no debe ponerse por encima de la praxis humanizadora.” (Pág. 14). De ahí que el proyecto de Jesús apunta, fundamentalmente, a que el ser humano (varón y mujer) potencie al máximo su humanidad, que pueda asumir sin angustia su biología, sus luces, sus sombras, sus zonas obscuras…, antes que el afán desmedido de una práctica rutinaria de ritos y cultos estandarizados que, la mayoría de las veces, ya nada dicen a una experiencia de Dios para el “mundo de hoy”.

En el ministerio de Jesús, Dios se muestra como el amor que TODO LO INCLUYE, que hace brillar el sol y caer la lluvia tanto para justos como para pecadores (Mt 5,45). La liberación de las estructuras patriarcales no sólo fue explícitamente formulada por Jesús, sino que ocupa un lugar central en la proclamación de la basileia de Dios.

Los primeros recuerdos e interpretaciones teológicas palestinenses de la vida y la muerte de Jesús le presentan como mensajero de la Sofía y, más tarde, como la Sophia misma. La teología cristiana más antigua comprende el ministerio y la muerte de Jesús en términos de Dios-Sofía porque tal vez Jesús se veía como profeta e hijo de la Sofía. La Sofía, el Dios de Jesús, quiere la integridad y la humanidad de todos y hace posible que el movimiento de Jesús se convierta en un “discipulado de iguales”, en el que las mujeres, al igual que los varones, son llamadas a la misma praxis de exclusividad e igualdad vivida por Jesús-Sofía.

“El Dios-Sofía de Jesús considera a todos los israelitas como sus hijos y “ella” es reconocida como tal por todos ellos.” (Pág. 42). Pero curiosamente, la dirección de la teología, no sólo ha ido permitiendo, sino que ha instado a las mujeres a identificarse “con categorías y grupos masculinos generales, pero no les ha permitido identificarse a sí mismas como mujeres en solidaridad con otras mujeres. La alienación de la mujer promovida por el lenguaje genérico cristiano continúa una tradición exegética y teológica que hace a las mujeres pobres invisibles en tanto que mujeres.” (Pág. 53).

Sólo cuando situamos los relatos de Jesús, que hacen referencia a las mujeres, en la historia global de Jesús y de su movimiento en Palestina, podemos reconocer su carácter revolucionario. Y no sólo en relación al rol de las mujeres, sino en cuanto a la nueva concepción del matrimonio, de la familia, en frontal oposición a la perspectiva patriarcal. “Las nuevas relaciones de comunidad de discípulos iguales no admiten ‘padres’ rechazando así el poder patriarcal y la estima de que éste estaba investido”. (Pág. 62)

Ahora bien, lo grave de toda esta tergiversación histórica es la ideologización de que ha sido objeto la “palabra”. Al decir de Schussler, “la ‘palabra’ es una historia y la historia no puede reducirse a una declaración “ideológica”. (Pág. 64) Si como hemos visto, esta declaración excluye efectivamente a la mujer, a los pobres, del lugar que, en justicia, les corresponde en la basileia de Jesús, la justicia en el cristianismo se convierte en una simple parodia.

Dejemos que la misma autora nos formule otra explícita señal de ideologización de la palabra. “Aunque la fórmula eucarística ‘en recuerdo mío’ (1 Co. 11, 24-25) es verbalmente semejante a la afirmación evangélica ‘en memoria de ella’, la Iglesia posterior no ritualizó esta historia de la mujer profeta, sino que la presentó como voluntad de Dios el hecho de que la pobreza no puede ser eliminada. La ‘Iglesia de los pobres’ y la ‘Iglesia de las mujeres’ deben ser recuperadas simultáneamente si la ‘solidaridad desde abajo’ tiene que hacerse de nuevo realidad para toda la comunidad de Jesús. (…) Jesús suscitó un discipulado de iguales que todavía necesita ser descubierto y realizado por las mujeres y los hombres de nuestros días.” (Pág. 66)

Capítulo 5

El movimiento misionero del cristianismo primitivo.

La igualdad en el poder del Espíritu.

En este capítulo se menciona explícitamente que “Hechos” es tendencioso en su presentación del movimiento misionero cristiano y del papel que en él habían desempeñado las mujeres. En efecto, es difícil la investigación certera por la carencia de fuentes creíbles, pues las que hay son precisamente de interpretación androcéntricas. Confrontada dicha exégesis con la de la “sospecha”, es necesario señalar que las mujeres que aparecen en la biblia no son la excepción, son apenas la “punta del iceberg”. (Cf. Pág. 76) Es indudable, por los escasos, pero elocuentes datos, que entre los misioneros ambulantes y la iglesia doméstica las mujeres se distinguían. Pablo afirma que las mujeres trabajaban con él en pie de igualdad. Fil 4, 2-3

Sin embargo, algunas interpretaciones post-paulinas las “ven” ejerciendo un mero y romántico disfraz. De este modo, intentan descalificarlas aplicándolas los habituales estereotipos femeninos. Como quiera que sea, a pesar de los reduccionismos “la literatura paulina y el libro de los Hechos nos revelan que numerosas mujeres se contaban entre los misioneros y líderes más destacados del movimiento cristiano primitivo. Eran apóstoles y ministros al igual que Pablo, y algunas fueron sus colaboradoras.” (Pág. 96).

Más allá de toda hermenéutica patriarcal, lo cierto es que, al decir de Pinkola, hemos de buscar, luchar, llorar… sobre “nuestros huesos secos”, ellos “están ahí” esperando ser reivindicados, esperando ser insuflados con el aliento del Espíritu del Dios-Sofía. Se trata, nada menos que, de una batalla cuyo objetivo es “volver a las fuentes” de nuestra identidad más profunda, de reconciliarnos, como Iglesia institucional, con nuestras sombras. Pues en esta reconciliación está nuestra glorificación. ¿La queremos verdaderamente?

Capítulo 6

Ni macho no hembra.

Gálatas 3, 28 Visión alternativa y modificación paulina.

“En lo que concierne a la redención y a los dones del Espíritu, todos estamos en igual situación ante Dios. Las implicaciones sociológicas de esta situación de igualdad no pueden, sin embargo, ser realizadas ni en la sociedad ni en el ministerio eclesial y son pospuestas hasta que llegue el momento oportuno.” (Pág. 116). “En este momento, sin embargo, el Magisterio se ha pronunciado con claridad sobre el tema y no creo que haya espacio para conseguir más.” (Entrevista a la teóloga brasileña María Clara Lucchetti Bingemer en www.miradaglobal.com)

“Sería bueno preguntarse por qué la mujer sólo es sujeto de seis y no de siete sacramentos. Me dirán que la tradición de la Iglesia católica y de la ortodoxa no tiene mujeres ordenadas. La Iglesia ortodoxa tiene sacerdotes casados, no así la católica. El diaconado permanente está creciendo pero es sólo para hombres. El rabinato de Jesús, en cambio, admitió discípulas mujeres y es imposible ignorarlo. Hay un liderazgo reconocido de san Pedro, pero no hay duda de que las mujeres eran parte del grupo inicial de cristianos.” (Entrevista a la teóloga brasileña María Clara Lucchetti Bingemer en www.miradaglobal.com) Pero si en nuestra querida Iglesia de hoy (sobre todo, la institucional) no cabe lugar para la pregunta…

En cambio, en la Iglesia primitiva, la lucha de Pablo por la igualdad (Gálatas 2, 14) entre los cristianos de origen judío y los procedentes de la gentilidad tiene importantes repercusiones para las mujeres de ambos colectivos. “En la medida en que esta concepción cristiana igualitaria suprimía todos los privilegios masculinos de religión, clase y casta, permitía no sólo a los gentiles y a los esclavos, sino también a las mujeres, el ejercicio de funciones de autoridad en el movimiento misionero.” (130).

Pablo, en “Gál. 3, 28 no ensalza la masculinidad, sino la unicidad del cuerpo de Cristo, la Iglesia, donde son superadas todas las divisiones y diferencias sociales, culturales, religiosas, nacionales y sexuales y donde todas las estructuras de dominación son rechazadas.” (Pág. 131). Pablo expresa su respeto y admiración por las mujeres en tanto que participantes activas en su trabajo misionero. “El interés manifestado por las relaciones ente hombres y mujeres en general y por las relaciones sexuales en particular, así como por el papel de las mujeres en el culto de la asamblea, indica que las mujeres eran muy activas en la comunidad.” (Pág. 132)

Como se ve, las mujeres tenían un reconocimiento explícito por parte del apóstol. Y no sólo esto, sino que en el movimiento misionero se respiraba un clima de libertad donde ellas podían dirigirse al Dios-Sofía, concebida como figura femenina. Tenían la efectiva posibilidad de expresar su amor a Dios desde su identidad femenina, respetando su cultura, su ser más profundo como una manera auténtica manera de dirigirse al Dios-Sofía, sin tener que anular necesariamente su “ser de mujer”. Era permitido alabar al Dios-Sofía sin verse mutilada ni intimidada a rendir culto a un Dios necesariamente masculino, de tal modo que los arquetipos femeninos tenían la suerte de hallar sentido en los símbolos religiosos de entonces. Suerte la de ellas!

A pesar de esta realidad, en las cartas paulinas hay pasajes que son utilizados para reforzar la perspectiva androcéntrico-patriarcal, sin embargo, “la principal preocupación de Pablo no es la conducta de las mujeres, sino la protección de la comunidad cristiana. Quería evitar que fuera confundida con los cultos orientales, orgiásticos y secretos, que socavaban el orden público y contravenían la decencia. (…) En 1Cor 11, 2-6 no niega a las mujeres el derecho a profetizar y orar en la asamblea, sino que insiste en que mujeres y hombres son iguales en la comunidad cristiana y en que no deben conducirse con actitudes características de los cultos orgiásticos.” (Pág. 149). “No obstante, el interés de Pablo al actuar así es un interés misionero y no va dirigido contra la libertad espiritual ni contra la implicación carismática de las mujeres en la comunidad.” (Pág. 153)

“El amor patriarcalizante de los códigos domésticos deutero-paulinos y las instrucciones de las pastorales son otros desarrollos de la argumentación paulina que llevarán en el futuro a una gradual exclusión de las mujeres de las funciones eclesiales y a la progresiva patriarcalización de toda la iglesia.” (Pág. 150) Y esto, concretamente, en relación al ministerio de las diaconisas, que entonces era ya efectivo. Ministerio que ni tan siquiera se menciona en la teología “oficial”. A este propósito, recuerdo que cuando una hermana le preguntó sobre dicho tema a un Obispo, éste automáticamente montó en cólera. Sin duda alguna, es de los que no dejan, ni permite a otro/a, que emerja la pregunta, que aflore la verdad…

Una prueba más de que la “palabra”, a través de “su” hermenéutica, es ideologizada. Cuando las cosas, los problemas, no se plantean desde la verdad difícilmente se podría llegar a soluciones verdaderas. Y de este modo, la verdad, la justicia… seguirán siendo desafíos pendientes dentro de nuestra Iglesia institucional. Me pregunto, ¿por qué y de dónde ese miedo recurrente a enfrentarnos con la “realidad” de las cosas? Nos ingeniamos con novedosas máscaras para evitar encontrarnos con ella, insisto: ¿por qué? Como se darán cuenta, no puedo resignarme a dejar que emerjan las preguntas… ¿Será tal vez un recurso para la resistencia…?

Como quiera que sea, “las tradiciones post-paulina y pseudo-paulina prolongarán estas restricciones para transformar la igualdad en Cristo entre mujeres y hombres, esclavos y libres, en una relación de subordinación en la casa que, por una parte, elimina a las mujeres de las responsabilidades del culto y de la comunidad y, por otra, restringe el ministerio acordado a las mujeres.” (Pág. 154).

Ahora bien, todos estos hechos de silenciamiento, violencia, postergación… de la mujer en el ámbito de la Iglesia institucional, avalada por un discurso teológico oficial masculinizado y masculinizante, creo que son apenas la “punta del iceberg” de una grave problemática que nos aqueja. Esto significa que hay algunas causas más profundas que están gatillando semejantes situaciones. Solamente un fuerte sacudón del Espíritu, de ese (a) Dios-Sofía, junto a una voluntad explícita y sostenida de conversión individual y estructural, podrá liberarnos de nuestro enajenamiento hacia una mayor autenticidad y humildad. Pues, como dice Santa Teresa: “La humildad es la verdad”.


lunes, 3 de noviembre de 2008

Discipulado de iguales como alternativa al sistema patriarcal


Las que nos hemos lanzado a leer el libro de Elisabeth Schüssler Fiorenza y hemos permanecido en esta tarea, sabemos por experiencia que no resulta nada sencilla ni placentera. Sin embargo, hay una parte de nosotras que siente recompensado el esfuerzo de continuar y persistir, a pesar de las tentaciones para abandonar.

Una cosa es leerla y comprender muchas de sus ideas, y otra es escribir sobre ellas. Trataré de compartirles imágenes que me resultaron muy iluminadoras y me causaron una inmensa alegría. Voy a tratar por separado cada una de esas ideas e imágenes descubiertas y/o resignificadas. Lo que haré es glosar a la autora con la expresa intención de organizar mi pensamiento.

- Una de las imágenes que se instalarón en mi, es la de las mujeres judías y griegas (aquellas que se unieron al movimiento de Jesús) COMO PRECURSORAS de los movimientos cristianos de mujeres. Me siento agradecida, hermana y heredera de su experiencia. Así mismo, descubrí con mayor profundidad el JESÚS FEMINISTA, quién desarrolló su visión al lado de mujeres y contestó el patriarcado judío.

- De acuerdo con lo anterior, esta lectura modificó la imagen que tenía de la situación de la mujer en la época de Jesús. Uno de las fuentes que nos presenta Schüssler Fiorenza para este propósito es el LIBRO DE JUDITH. Escrito en el siglo I a.C. inspiró movimientos proféticos, recogió el tema de la Sabiduría y rescató la imagen de Dios como "Dios de los humildes, defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados" (9, 11). Por otro lado, revela datos sobre la vida de ciertos grupos de mujeres. Mujeres viudas, herederas de abundantes recursos. Tienen libertad para rechazar un nuevo matrimonio y consagrarse a la oración, la ascesis y la celebración del Sabbath. Con autoridad moral para ofrecer consejos a los ancianos de la ciudad. Mujeres que como Judith destacan por su sabiduría, valor, fe y dedicación a la liberación de su pueblo. En este escrito la perspectiva femenina se hace evidente: la sabiduría triunfa sobre la fuerza bruta, la perseverancia, la fidelidad y el coraje sobre la tímida resignación de los hombres.

- Confirmé la imagen del Reino de Dios como COMIDA COMUNITARIA Y FESTIVA. No es la comida cultual de los fariseos lo que está en el centro del movimiento de Jesús, sino la mesa comunitaria que no excluye a nadie; todos y todas son invitados: mujeres, hombres, niños, pobres, pecadores, impuros, prostitutas, etc. No quiere decir que rechace totalmente la validez del Templo y la Torá sino que propone una interpretación alternativa: coloca en el centro al pueblo como lugar del poder y de la presencia de Dios creador y liberador. Por eso el culto no debe ponerse por encima de la praxis liberadora. En este sentido, los pobres, enfermos, pecadores, impuros y mujeres experimentan el ilimitado poder liberador de la basileia de Dios.

- Uno de los grandes aprendizajes consistió en pensar a Dios como SOPHIA: Dios de bondad misericordiosa, que acoge a cada una de sus hijas e hijos y es reconocido por ellas y ellos (Lc 7, 35). Jesús bebió de esta teología sapiencial que desde el siglo III a.C. celebraba la bondad misericordiosa de Dios, su poder creador, su elección de Israel y su misteriosa presencia en la Gestalt femenina de la Sofía Divina. Esta teología no desarrollo temor a la Diosa como el profetismo clásico, sino que utilizó elementos de este lenguaje para hablar de la bondad misericordiosa del Dios de Israel. La llama hermana, esposa, madre, amada y maestra. Es Ella quien guía en el camino, quien predica en Israel, quien busca a las gentes, las encuentra y les invita a CENAR. Estas y otras acciones son atribuidas a Jesús, por eso se le presenta como el mensajero de la Sofía y más tarde como la misma Sophia (Mt 11, 28-30; 12, 32; Lc 12, 10; 11 49; 13, 34).

- Por otro lado adquirí otra clave de lectura para comprender y profundizar sobre el movimiento de Jesús y el carácter incluyente de la comida comunitaria. Entendí que el obrar de Jesús se circunscribe en la tradición de Dios-Sofía, lo que hizo posible que su movimiento se convirtiera en un "DISCIPULADO DE IGUALES". Los publicanos, pecadores, mujeres, niños, pescadores, amas de casa y todos aquellos que a causa de las circunstancias de la vida y de las injusticias sociales fueron los marginados y los últimos en la sociedad israelita, ahora se reunían, compartían su trozo de pan y escuchaban en comunidad el Evangelio.

- Con alegría y orgullo descubrí que las MUJERES PAGANAS fueron las primeras entre los no judíos que se convirtieron en miembros del movimiento de Jesús (Mc 7, 24-30). Con certeza y apoyadas en diferentes estratos de la tradición evangélica se puede deducir que las mujeres tuvieron un papel determinante en la extensión del movimiento de Jesús a los no israelitas (Jn 4, 1-42; Ga 2, 15b). Ellas que experimentaron la bondad y la misericordia del Dios de Jesús fueron las primeras en extender el movimiento de Jesús no sólo en Galilea sino en territorios paganos.

- Lo anterior me capacita para afirmar con mayor claridad y pertinencia el PAPEL DE LAS MUJERES EN LA CONTINUIDAD Y EXTENSIÓN DEL MOVIMIENTO CRISTIANO. Estas discípulas no huyeron después del arresto de Jesús, sino que permanecieron en Jerusalén durante su ejecución y su entierro (Mc 16,1-6.8a). Apoyadas en su experiencia del resucitado, llegaron a la convicción de que Dios estaba de lado de Jesús y pudieron continuar su movimiento. Probablemente intentaron reunir a los discípulos dispersos y a los amigos de Jesús que vivían en Jerusalén y en sus alrededores: María, Martha de Betania, La mujer que ungiera a Jesús, la madre de Juan Marcos, María la madre de Jesús y a discípulos como Lázaro, Nicodemo, el discípulo amado. Algunas de ellas regresaron a Galilea su tierra natal y entre sus amigos y seguidores continuaron la corriente iniciado por Jesús. María Magdalena fue la más destacada entre los discípulos galileos.

- Schüssler Fiorenza señala varios textos bíblicos que contestan claramente la estructura patriarcal. Sinceramente algunos de ellos no los interpretaba de esa manera. Sólo voy a citar algunos de una manera muy sucinta. Jesús criticó seriamente la forma como se planteaban las relaciones en el MATRIMONIO PATRIARCAL. En Mc 10, 2-12 dice Jesús que Dios no proyectó esa clase de relaciones desiguales. Según Dios, el hombre y la mujer deben disfrutar de una relación social común e igualitaria. En Mc 12, 18-27 Jesús reprocha nuevamente las estructuras patriarcales y dice que en el mundo de Dios las mujeres y los hombres no establecen relaciones de dominación y dependencia, sino de personas iguales que viven en la presencia del Dios vivo. Precisamente Mc 10, 29b se habla de un discipulado que se vive al margen de ese ordenamiento e inclusive que produce conflicto en su interior (Mt 10,34-36 y Lc 12, 51-53). Por otro lado hay una serie de citas que señalan la vocación de discípula de la mujer (Lc 11, 27) por encima de la vocación a la maternidad.

- Hay más aún, el movimiento de Jesús llega a contraponer el tipo de relaciones de la familia patriarcal con el de la comunidad de los discípulos y discípulas de iguales (Mc 3, 31-35; Lc 11, 28; Mc 10, 30). En estos textos se omite de manera muy significativa los padres, mientras que las mujeres (madres y hermanas) son incluidas claramente entre los seguidores. Por otro lado, aquellos que hacen la voluntad de Dios conforman una NUEVA FAMILIA que no excluye a los "padres/amos" en su círculo pero que les da una posición diferente y les exige una relacionalidad igualitaria. El "niño/esclavo" que ocupa el lugar más bajo en la estructura patriarcal se convierte en el paradigma del verdadero discípulo/a (Mc 10, 15; Mt 23, 8-11). En esta nueva familia se rechaza toda exigencia de poder y dominio sobre los demás. Y por último cabe decir, que las nuevas relaciones de la comunidad de discípulos/as de iguales rechaza a los maestros y a los padres pues sólo uno es el Maestro y el Padre (Mc 10, 29-30; 11, 25; Lc 11,2-4; 12, 30).

- Tengo que reconocer que el trabajo de la autora cambió una de mis opiniones sobre algunos de los ESCRITOS PAULINOS. Schüssler Fiorenza descubrió que aún en las esporádicas referencias que tiene en sus escritos, se puede advertir un vigoroso liderazgo femenino. Por meritos propios, las mujeres judías y paganas se pusieron al servicio del Evangelio. Además de estar comprometidas en la actividad misionera, lo estaban en las responsabilidades de la Iglesia antes e independientemente de Pablo. No es el caso describir aquí los resultados de la investigación que llevó a la autora a demostrar científicamente sus ideas. Les recomiendo leer las paginas referentes a esta parte (205 a 225). Personalmente me surgió la necesidad de conocer mis antecesoras: su nombre, el contexto en el que se desenvolvieron, sus experiencias, sus aportes a las iglesias, etc. Mujeres como María la madre de Juan Marcos, Helena la reina de Adiabene, Tabita de Jaffa, Lidia, Pisidia, Damaris, Priscila, Drusila, Berenice, Prisca, Febe, Junia, Apphia, Trifena, Trifosa, Pérside, Evodia, Síntique, Tecla, Apfia, Ninfas, entre otras muchas, son PUNTAS DEL ICEBERG en el que las mujeres más importantes del movimiento misionero salen a la superficie, no como excepciones de la regla sino como representantes de las mujeres cristianas que han sobrevivido a las redacciones androcéntricas y al silencio histórico.

- Y finalmente, quiero compartirles otra imagen que tiene que ver con la teología de Pablo. Aquí también me sorprendí diciéndole "mereces otro punto a favor, mi Pablo". El apóstol luchó por la igualdad de los cristianos de origen judío y los procedentes de la gentilidad. Si el rito de iniciación cristiana fue el bautismo y no la circuncisión, LAS MUJERES Y LOS PAGANOS PODÍAN CONVERTIRSE EN MIEMBROS PLENOS DEL PUEBLO DE DIOS, con los mismos derechos y deberes que los hombres israelitas en cuanto a su posición y función socio-eclesial. Mientras que en el judaísmo el discípulo más fervoroso nunca podía alcanzar la posición del israelita varón, en el movimiento cristiano las herencias raciales, sexuales, de género y culturales no determinaban esta posición. Esto es exactamente el contenido del texto: "Los que os habéis bautizado en Cristo, os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni macho ni hembra, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 27-28). Pablo no niega las diferencias sexuales biológicas sino que afirma que las relaciones patriarcales y las relaciones sexuales no son ya un el elemento constitutivo de la Nueva Comunidad de Cristo.

NANCY OLAYA
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lunes, 27 de octubre de 2008

LA HISTORIA DE LAS MUJERES COMO HISTORIA DEL DISCIPULADO DE IGUALES

Aunque, como varias dijimos en el capítulo anterior sobre lo denso de esta lectura, esta vez ya se fué haciendo más familiar. Creo que vale la pena irse ambientando con este tipo de hermenéutica, pues es muy interesante y enriquecedor, y nos quedaríamos sin entender muchas cosas interesantes e iluminadoras de la Escritura.
Rescato como importante el que, tanto el movimiento de Jesús como Pablo, hicieron posible una situación nueva y alternativa para las mujeres de su tiempo, que no solo tuvo repercusiones a nivel religioso, sino también social; y como era de esperarse, eso provocó conflicto. Me encantó descubrir que ya en el Antiguo Testamento, también hubo momentos en los que la mujer tuvo otra situación y reconocmiento en el pueblo de Israel, como es el caso de Judith entre otras, a quien se le reconocen cualidades de mujer que van más allá de la debilidad o la simple belleza física.
Me llamó la atención caer en la cuenta del papel importante de las mujeres "paganas" en la extensión del movimiento de Jesús. ¿quiénes son ellas ahora? ¿esas que van más allá de las fronteras, de los límites de lo establecido? Nunca se había hablado de la fe de las mujeres....
En cuanto a Pablo, es bueno poder tener elementos para verlo de otra manera, no como un "antifeminista", pero que desgraciadamente sus escritos y palabras fueron usadas después para justificar el patriarcado eclesial que pesa hasta nuestros días.
De todas formas, el conocer que los comienzos de la iglesia no fueron así nos abre puestas y nos dan esperanzas y ánimo para seguir buscando otras formas, otro lugar para nosotras.Como se los compartia un poco la vez pasada, esto yo lo vivo muy cerca y a ratos con mucho dolor, pues por el tipo de trabajo apostólico que realizo, estoy muy en contacto y trabajamos disque en "equipo" con nuestra iglesia local, que por muy "liberadora" que trate de ser, en cuanto al lugar y reconocimiento de la mujer, tanto laica como religiosa, queda mucho que desear, esperar y conquistar.
El gran reto que me queda después de esta lectura y reflexión, es el de poder influír en algo, como Compañía, como Vida Consagrada en la inclusión de la mujer tanto a nivel social como eclesial. Como en el movimiento de Jesús, como en el tiempo de Pablo.... como lo hizo Santa Teresa, como Enrique de Ossó, que no pasemos sin hacer nada..... sin aportar a un cambio de estructuras y paradigmas que hagan posible que Dios se refleje equitativamente con su veradero rostro de madre/padre. El que haya conflictos será buena señal.....
Quiero también aportar una sugerencia para los próximos trabajos. Veo que para muchas y José de l@s anotados en el foro, no les esta siendo posible participar. Se que somos gente muy ocupada (como buen@s teresian@s). Sugiero que sea solo una lectura, para que nos de tiempo suficiente y además podamos hacer comentarios a lo que escriban José y las demás.