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domingo, 1 de marzo de 2009

El compañero: "La unión con el otro"

Capitulo 4º. El compañero: la unión con el otro.

Me ha resultado muy familiar este cuarto capítulo de C. Pinkola, sobre la extremada intuición de nuestro “hermanos los perros”, como diría el santo negro, Martín de Porres (Fray Escoba.), y puedo comprobarlo muy de cerca al llevar conviviendo con estos seres, desde hace diez años. Son mera constancia en la búsqueda de sus intereses (hueso, golosina o topillo), pueden distraerse cuando les llamamos a jugar, pero en seguida, vuelven a su interés inicial, hasta conseguirlo.
Desde nuestra moderna intelectualidad alejada de lo intuitivo y primitivo, se nos olvida fijarnos más en esa naturaleza cercana que tenemos a nuestro alrededor. Esa maestra permanente de sabiduría de la que tanto hemos de aprender.
Hombres y Mujeres deberíamos esforzarnos en este trabajo de introspección y búsqueda de nuestra intuición dormida; no sólo necesaria para nuestra mera supervivencia, sino imprescindible para el pleno desarrollo de nuestra identidad, que de lo contrario queda incompleta.
Sigo con el ejemplo cotidiano que me viene muy bien para este capítulo. Una de mis perritas, la mayor de todas, de once años, y de nombre Luna (por eso de la importancia que damos al nombre de las personas, animales y cosas), esta comenzando a perder la visión. Siempre ha sido una perrita juguetona y divertida. Podemos administrarle medicación que palie los síntomas, sin embargo, el deterioro, será irreversible como sucede con los seres humanos. En cualquier caso, y a diferencia de lo que le sucedería a una persona, lejos de acoplarse en un rincón o en su casita, no deja de agudizar el resto de sus sentidos, en este caso, su extremado oído, para seguirnos y venir a nuestro encuentro, o buscar su recipiente de agua, dejándose guiar por nuestros pasos o nuestra voz. Y si el primer día que se despertó sin visión, se daba tropezones con paredes y escalones, ahora, tres días después, se maneja casi a la perfección por todo el entorno. Un lugar que conoce desde hace muchos años, que su casa, y con movimiento lentos pero seguros, como el anciano que aprende de su experiencia y sabiduría adquiridas, y su tesón, está haciendo su vida, (o lo que quede de ella), con toda la normalidad que es capaz. A nosotros, los humanos, esta adaptación nos costaría meses (si es que alguna vez, nos planteamos adaptarnos…) .A mi, personalmente, esta perrita, me está dando una lección de vida.
Volviendo al capítulo que nos ocupa, muchas mujeres, demandan a su lado, este tipo de compañeros de vida, constantes, con tesón y valentía para ser capaces de conocerlas en todas sus dimensiones, (su parte salvaje también) y me pregunto, si este tipo de libros, forman parte de las lecturas habituales de alguna tertulia de varones que lean y reflexionen en torno a estos temas. No vaya a ser que sólo las mujeres lo leamos, y esto es un aprendizaje a medias. Lo lanzo, como propuesta formativa para hombres, para que quién quiera tomar el relevo.
Me quedo con dos reflexiones fundamentales de este capítulo:
La primera de ellas: Las mujeres deberíamos plantearnos sin miedo, enseñar nuestra doble naturaleza. Esa que mostramos, y esa que guardamos para tiempos flacos, pero que es igual de valiosa que la anterior. Si de verdad queremos ser comprendidas y amadas, no podemos quedarnos con nada guardado en la manga. Mostrar a aquellos que deseamos convertir en nuestros compañeros, nuestro verdadero nombre, aquel que contiene nuestra verdadera identidad, y susurrárselo al oído, para que puedan nombrarnos.
La segunda de ellas: El hombre debería acercarse a nosotros, desde la humilde necesidad de aprender y conocer nuestra verdadera identidad y nuestro nombre, sin aspirar a conocer para dominar, sino para amar en totalidad.

María José.
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viernes, 26 de diciembre de 2008

Nuevas aportaciones de Pinkola y Teresa

Después de algun tiempo de silencio y pedir disculpas por tanta tardanza, quería compartir con vosotras, el capítulo 3 de Pinkola, pero antes, deseaba dejarme resonar por algunas notas de Giselle sobre los escritos teresianos. Me ha gustado mucho sus afirmaciones sobre "nuestra necesidad de interpretar la biblia y los escritos teresianos, desde una clave feminista, y elaborar como reto,una espiritualidad bíblica y teresiana propias, de mujeres, que impulse nuestra autoestima, supervivencia y transformación". Y me van a servir de método a partir del cual, re-leer estos documentos. El el foro, sigo como sabeis con el intento de fomentar la tertulia bíblica on-line, y ya hemos hablado de Agar, la segunda mujer que deseo destacar dentro del Génesis, cómo simbolo de esclava, utilizada para el servicio del hombre y que luego es despreciada y expulsada al desierto, desde el cual, El Señor, rescata y la convierte en madre de un gran pastor de pueblos. Este es un simil que no nos resulta nada nuevo ¿verdad?. el proximo día, retomaremos a Tamar, tambien en el libro del Genesis.(manual de trabajo elaborado porMerceds Navarro y Carmos y en Bernabé "Distintas y distinguidas).
Por otra parte, mientras leía este capitulo El rastreo de los hechos y la recuperación de la intuición como iniciación, he encontrado algun simil con la vida de Teresa. He tenido la suerte e recibir en navidad la versión de Teresa de Jesús, que fue una serie de TV española de hace unos años, pero en versión DVD y volver a revivir, el mensaje teresiano contenido en los libros de la Vida, fundaciones y Camino de Perfección. En los tres primeros, he podido encontrar un itinerario muy semejante de acceso al conocimiento, al que se nos cuenta en el relato de Valissa.
En una primera fase, hay que dejar morir a la madre protectora, y aprender a caminar desde nuestros propios pasos. Aunque nos caigamos, nos duela, o creamos nos ser capaces. En esta sociedad nuestra, se nos pone muy dificil, soltar amarras. Nos refuerzan la dependencia afectiva, material, hacia personas, lugares y cosas. Y si se produce algún cambio en alguno de estos factores, sentimos morirnos de miedo.Nos tambaleamos y parecemos haber perdido nuestro propio poder de autocuración y de búsqueda de soluciones.
En la segunda tarea, se nos propone arrojarnos a la oscuridad de nuestros pasos. En ella nos encontraremos con nuestros enemigos, que son todos aquellos factores que nos hacen dudar de nosotros mismos. Aprender a reconocerlos en nuestro camino de iniciación y no tenerles miedo, será el siguiente eslabon de nuestra cadena.
La tercera tarea implica confiar en nuestra propia luz; nuestra intuición, nada desarrollada y a la que ni siquiera reconocemos en nuestra vida diaria. Nuestra voz interior, nuestra conciencia interior, si somos capaces de escucharla y entenderla, constituyen la motivación más fuerte y segura de nuestra vida.
La cuarta tarea supone enfrentarnos con el poder. En este paso se tiene que ser capaz de estar frente a la fuente de poder y no temblar en el intento. Es aprender a enfrentarse al poder de los demás y posteriormente con el nuestro. Supone que no tenemos que ser solamente "amables" por temos a ser privadas de nuestros derechos. Es necesario aprender a reconocer donde esta nuestro poder. La autora hace una simbología con las tareas domésticas, que al principio me confundió y hasta me molestó, por entender que justificaba una labor atribuida a las mujeres sin previo permiso. Como era considerar a las tareas domésticas como un camino de iniciación y d desarrollo de nuestra interioridad. Pero puesto que ellas, forman irremediablemente parte de nuestra vida diaria, es mejor tomarlas de esta manera. Nunca me las había tomado asi, y creo que puede ser interesnate, re-interpretarlas. No estoy cerrada a ninguna enseñanza, siempre que me ayuden a crecer como mujer. Así, las tareas de barrer, lavar, coser...podían ser consideradas como estrategias de "purificación de los propios pensamientos, recolocar los propios valores, eliminar las trivialidades de nuestra psique, barrer el propio yo, limpiar con regularidad los propios estados emocionales..."
La sexta tarea supone clarificar, y ser capaz de discernir entre lo esencial y lo que no lo es, y la convencienci en ocasiones, de dejar descansar un problema para encontrar la respuesta más cerca de nosotras mismas, de lo que esperabamos.
La septima tarea es la realización de las preguntas clave: ¿qué soy yo? ¿cuál es mi trabajo aqui? Es necesario aceptar nuestros propios ciclos y ritmos, para que nuestro crecimiento pueda continuar con éxito.
Desde la octava tarea se nos permite utilizar la sabiduria adquirida para volver a casa. Nos hace ser cautas, no temerarias, pero tampoco temerosas. La calavera de luz, que es en si misma un objeto temido, nos va a mostrar todo lo bueno y lo malo de nosotras mismas y de los demas. pero no por eso, nos va convertir en cobardes.
Desde la novena fase, quizás nos sentimos "poco dignas" de tener tanto poder, tanta luz. Y tenemos la tentación de arrojar lejos esa luz. ¿para qué saber tantas cosas? Es un pregunta que en más de alguna ocasión quizas nos hayamos hecho.
Pues como dije al principio, y tras recordar la serie de televisión, he ido vislumbranso algunas etapas en la espiritualidad de teresa que quería añadir en este foro. Por ejemplo esa fase inicial de búsqueda infructuosa, al principio, del verdadero camino del conocimiento de Dios y de su voluntad, que la confunden y la debilitan, y le hace confiar erróneamente en la voz de otros.
siguiente fase de encuentro de respuesta dentro de sí misma. Descubre su mujer salvaje, todo lo que puede ser capaz de hacer. Gobernarse por su voz interior. y así descubre su fuerza interior, capaz de enfrentarse con el poder de otros. Puede, desde la seguridad en su propio criterio, defender sus postulados, ante sí misma, y ante los demás. Y desde esa experiencia de Dios que la dirige, volver sobre sus pasos, y ver con otros ojos, su realidad y transformarla.
Ha sido un honor para mi en esta ocasion, contar con tan grandes coincidencias y poderlas compartir con vosotras. Un fuerte abrazo desde Sevilla. MJ Rosillo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La persecución del intruso. El Comienzo de la iniciación. Capítulo 2

Es en el final de este capítulo, y después de haber asimilado y comprendido toda la profundidad de las enseñanzas que se contienen en él, cuando se adquiere una visión global del mensaje. En éste se describe una situación de violencia y opresión sobre una mujer que se ve envuelta sin darse cuenta en un mundo de secretos y muerte. Luego conseguimos darnos cuenta que estas situaciones de opresión, no necesariamente se encarnan en una persona concreta, si no que pueden ser también situaciones familiares, culturales, ambientales.

La autora nos advierte de lo fácil que es dejarse cautivar por estos “encantadores de serpientes” que engañan nuestra voluntad y anulan nuestro entendimiento, para que poco a poco vayamos adormeciendo a nuestra mujer salvaje, con sus instintos de supervivencia y astucia. Sirviéndonos de las propias palabras de la autora, “aísla a la mujer de su naturaleza instintiva, y …la deja insensibilizada y sin fuerzas para mejorar su vida”.

Por desgracia, esta visión de la mujer anulada por aquel que en su día le prometió amor eterno, me es demasiado familiar en mi trabajo diario en un centro de servicios sociales, y en contacto diario con mis compañeras que atienden a mujeres víctimas de violencia de género. Nos encontramos con más frecuencia de la deseada, con esas mujeres con miradas perdidas y apagadas, con ese miedo contenido que les impide pasear tranquila por las calles. Las mujeres no somos tontas. No nos dejamos “cortejar por caballos audiovisuales con cascabeles y cintas carmesí”. Incluso en nuestro corazón, aunque exista algún resquicio de duda, al igual que sucede en el cuento, ya Barba Azul, no nos parece tan malvado. Esa prudencia que a veces nos caracteriza en las primeras impresiones, se representan en el cuento, por las hermanas mayores. ¿Qué es lo que hace que la pequeña de las hermanas, la más inexperta de todas, olvide finalmente todos los consejos de prudencia de su conciencia, y decida arrojarse a ciegas, en brazos de su depredador?. Todo aquello que le chirría dentro de sí misma, trata de justificarlo desde la razón. En palabras del texto, “cree que podrá curar a aquella persona con su amor”.

Veo un paralelismo entre esta situación ficticia del cuento, y esas situaciones más cercanas a la mujer de hoy en la que continuamente justifica estereotipos, formas de pensamiento o estructuras socia-políticas-religiosas que la anquilosan, pero ella desea por todos los medios justificar y mantener. En el fondo de nuestro ser de mujeres, sucede algo parecido a la compasión. “aunque nos compadezcamos de ellos, lo primero que tenemos que hacer es reconocerla – a esa naturaleza depredadora- protegernos contra su devastadora actuación y finalmente arrebatarle su energía asesina.

Prosigue la autora diciendo “todas las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Sin este conocimiento, una mujer no podría atravesar su propio bosque (el propio conocimiento más profundo de sí misma) sin ser devorada. Comprender al depredador significa convertirse en un animal maduro que deja de ser vulnerable por su ingenuidad”.

Creemos en lo más profundo de nosotras mismas, que podemos cambiar a este tipo de hombres, a estas estructuras, a estos sistemas que de alguna forma nos oprimen, y nos entregamos a ellas, sin reservas y sin defensas. La mujer ingenua es la mejor presa del depredador.

La sociedad actual, nuestra cultura actual, posee ese doble juego en lo que se refiere a la educación de las mujeres. Por un lado, promulga la igualdad de las mujeres en derechos, y capacidades, y por otra parte, promueve (sobre todo en las nuevas generaciones, más jóvenes) actitudes de abandono de los estudios, sexualidad precoz e irresponsable, acomodación en el hogar durante décadas viviendo a costa de padres/madres trabajadores/as, la búsqueda permanente de diversión y la preocupación constante por la imagen y el culto al cuerpo. Todo aquello que se relaciona con estudios científicos, compromiso social, reivindicaciones, búsqueda y lucha de derechos “suena a nula feminidad”. La propia autora, añade “la curiosidad femenina posee connotaciones negativas, mientras que los hombres con afán de conocimiento son calificados como investigadores, mientras que a las mujeres se las califica como fisgonas”. Y más adelante, añade “Este proceso destructor de las mujeres se intensifica cuando la cultura que rodea a la mujer fomenta, alimenta y protege las actitudes destructivas contra la naturaleza instintiva y espiritual más profunda”. Ante todo esto, cabría que nos preguntáramos ¿Qué generaciones de mujeres estamos configurando?.

Comparto con la autora esta afirmación de que “la mujer tiene una necesidad de expresarse a su propia manera; las mujeres tienen que desarrollarse y florecer de una forma que a ellas les resulte sensata y sin molestas interferencias ajenas”. Todo esto lo conecto don mi método de trabajo con el teatro, en el que se mueven tantas emociones, miedos y fantasías de las mujeres en las que ellas mismas se hacen conscientes de sus propias capacidades y riqueza interior. “Sucede que la vida creativa – añade la autora- experimenta una reducción de su ritmo o se detiene porque hay algo en la psique que tiene una opinión muy negativa de nosotros/as y de nuestra propia vida creativa…se ha convertido en una cuestión perenne de las mujeres”- Recuerdo ahora esa tradición leída en la edad media, en la que la abadesa Hildegarda de Bingen, enseñaba música y canto a sus monjas y fomentaba entre ellas el canto y la fiesta, como medios de adoración y oración. Hemos oído todo tipo de excusas en las mujeres que evitan estos momentos para ellas mismas, en las que sea posible acceder a su mundo interior. La más cruel de las excusas es aquella que alude a “no tengo tiempo”, que tantas veces oímos y hasta decimos. Me reí cuando leí esta afirmación, porque forma parte de mi realidad cotidiana, contra la que lucho a duras penas. Porque me fatiga la realidad que no me deja expresarme como quisiera, ni tener, como reivindica Virginia Wolf en su libro “Un cuarto propio”. Y prosigue Pikola, diciendo que “si no prestas atención a los tesoros que posees, éstos te serán arrebatados”. Esta debería ser finalmente la lección magistral de todo proceso de iniciación de las mujeres.

En la parte final del cuento, la mujer joven, en peligro de perder su vida en manos del depredador, grita, conjura, convoca a sus “hermanos psíquicos”, los símbolos de la fortaleza interna de la mujer. Representa la fuerza física, la naturaleza agresiva psíquica que conseguía dar muerte a su amenaza. Esta defensa no siempre la tenemos a mano, y en primer lugar, el proceso de iniciación entre las mujeres, tiene que contemplar entre sus contenidos, el conocimiento de todos los elementos de nuestra familia psíquica. Debemos estar segura de que estos hermanos nuestros, existen, estar cerca de nosotras, y no dudarán en acudir en nuestra ayuda, ante nuestra llamada. Pero en ocasiones, el sistema, la religión, el esposo, la cultura, nos puede hacer creer que somos “hijas únicas” en este castillo del mundo; que nuestra única familia es nuestro esposo depredador, a quién encima debemos gratitud eterna.

El proceso de iniciación lo define la autora como “la creación de un arco que una mujer tiene que cruzar para pasar a una nueva modalidad de conocimientos y existencia”. Se nos dan pistas decisivas para poner en práctica este proceso de iniciación de las mujeres en su camino de autoconocimiento. Destaca unos pasos clave:

- Poseer una visión integral.

- Poseer una profunda perspicacia.

- Poseer una voz original.

- Emprender acciones decisivas

Estas fases de autoconocimiento, me recuerdan de alguna forma los argumentos defendidos por la recientemente elaborada de la propuesta educativa teresiana, en la que los procesos formativos y educativos, se centran en la persona individual, en su visión critica-reflexiva, en su modo de situarse ante la realidad que le rodea e implicarse. En unos artículos recientemente leídos sobre pastoral juvenil de Jesús Rojano (salesiano), Álvaro Chordi y otros extraídos de la Delegación Vasca, se opina en esta misma línea argumental, sobre la necesidad de buscar nuevos lenguajes que hagan vibrar a las personas, más que adiestrarlas o adoctrinarlas, sin experiencia de vida. Experimentar es aprender y madurar.

Y añade que “cuando la naturaleza instintiva de las mujeres es fuerte, ésta identifica intuitivamente al depredador innato a través del olfato, la vista y el oído, se anticipa a su presencia, lo oye acercarse y adopta medidas para rechazarlo”

Este denso capítulo abarca muchos más temas, que serían objeto de reflexión para más foros, pero podríamos convertir este capítulo en una tesina completa, así que podríamos finalizar aquí. Ha sido muy enriquecedor y me ha hecho reflexionar sobre todas aquellas situaciones de nuestra vida en que nos tropezamos con depredadores, y no reaccionamos ante ellos, por miedo, falta de recursos, por sentimientos de soledad o de indefensión. Cada periodo de nuestra vida, se convierte en una nueva fase de iniciación, a partir del cual es posible seguir fomentando la madurez de nuestra naturaleza salvaje de supervivencia.

María José Rosillo Torralba

sábado, 30 de agosto de 2008

La Resurrección de la Mujer Salvaje

La lectura de este texto me ha recordado que no hay tanta diferencia entre las propuestas espirituales de las escuelas de oriente y nuestra forma de vivir la fe y la oración.

La primera frase que me gustaría destacar es: "el exceso de intelectualización puede desdibujar las pautas de la naturaleza instintiva de las mujeres”. Hay una teóloga coreana (Chung Kyun Kyung) que habla precisamente de esto. En su libro Introducción a la Teología Feminista Asiática, hace un completo análisis crítico de la Teología Teórica, que nada tiene que ver con la vida cotidiana de las mujeres. Ella defiende el mensaje vivo y actual que la biblia, recibida y re-leida desde la propia experiencia de vida, puede dar respuestas útiles a las mujeres de hoy. En el capítulo titulado “Una Metodología nueva”, desarrolla con todo detalle este argumento y me ha venido a colación a partir de la lectura de este relato de la mujer salvaje.

¡Cuantas veces me he sentido “defraudada”! al acercarme al mensaje de mujeres especializadas en temas teológicos y espirituales, y he necesitado cerrar estos libros por sentirme lejana, ignorante y triste, a no ser capaz de saber qué me quieren decir. Aun a sabiendas que su sabiduría y experiencia es máxima, pero imposibles de comprender. Desde entonces me propuse estudiar con todas mis fuerzas para ser capaz de comprender y luego “traducir” todo lo aprendido a las mujeres como yo.

Me entusiasma la idea de la que habla la autora, de aquellas herramientas útiles para poder llegar hasta esa naturaleza nuestra instintiva. Nos habla de las artes, la pintura, los cuentos, el teatro, la danza… todas aquellas disciplinas que en el algún momento de nuestra cultura occidental y sabia, fueron desechadas por ser menos serias, menos responsable. Una perdida de tiempo, que no podía convertirse en un profesión respetable. El teatro y la creación de relatos son mis pasiones, y ahora me reafirmo en la idea de seguir empleándolos, pero esta vez, desde otra óptica. Como herramientas de espiritualidad. Ya venía empleándolas como medio para el mejoramiento personal con los grupos de mujeres con los que trabajo habitualmente.

Me ha resultado sorprendente y curiosa la división de circuitos del oído, que nos permite oir determinadas informaciones: Las conversaciones mundanas, los conocimientos fundamentales y los consejos vitales para nuestra supervivencia.

Esta última información es captada por el oído del alma. Aquel que deberíamos emplear y desarrollar si deseamos acceder a nuestra yo interior.

Me ha impresionado mucho la leyenda de la “huesera”, cuya única tarea consiste en viajar por todos los lugares del mundo en busca de huesos. Huesos de lobo. Cuando posee todo el esqueleto completo, canta sobre ellos, y éstos recobran vida. Y este espíritu de lobo resucitado, adquiere la apariencia final de mujer.

Y el modo en que describe lo que significa “cantar”. Es utilizar la voz del alma. Me vienen a la memoria, las canciones de cuna de las mamas que con sus voces tratan de acallar la intranquilidad de los pequeños. Desde el principio de nuestras vidas, la canción de personas cercanas nos ha rodeado. Cantar es “decir la verdad acerca del propio poder”…”infundir alma a lo que está enfermo o necesita recuperarse”.

La leyenda sigue dándonos claves para el autoconocimiento. “Todas iniciamos nuestra andadura como un saco de huesos perdido en algún lugar del desierto, un esqueleto desmontado oculto bajo la arena. Nuestra misión es recuperar las distintas piezas...Hay que buscar mucho…La Loba nos enseña lo que tenemos que buscar, la fuerza indestructible de la vida de los huesos” Hechos de un material muy difícil de destruir, ni si quiere con fuego.

Continúa la autora con otras leyendas populares del lugar donde reside, el desierto cercano a Méjico. Allí se habla del arquetipo de la vieja, La Que Sabe. De ella han nacido las mujeres. De una grieta de la planta de su pie. El miembro del cuerpo que todo lo siente. De ahí que las mujeres tengan tanta sabiduría. Todas las mujeres, poseen algo de esta (La Que Sabe), que la ha creado. Todo ello me recuerda a aquellos postulados de nuestra fe, a partir de la cual, creemos que somos reflejos de nuestro Creador. Que podemos llegar a conocerle y amarle porque dentro de nosotros hay algo de EL. Como el castillo de cristal del que nos habla la Santa. Con muchas moradas. Y en el centro, en la más principal de ella, está nuestro Dios. Recuerdo tambien en estos argumentos, los artículos de algunas autoras y teólogas que hablan del Dios-mujer, y que para nada supone para mí un conflicto espiritual.

Después nos advierte del peligro de acceder a este rincón nuestro de conocimiento, sin la suficiente preparación y humildad. Porque en este lugar (ese Rio bajo el rio, lugar en el que se encuentra toda la sabiduría, y nuestras raices más profundas de anhelo de Dios, de búsqueda de la verdad y de sentido, nos encontramos con una aparente delicia que nos cautiva, y nos puede hacer olvidarnos de la realidad en la que vivimos. Mucho menos atractiva. Pero esta tierra de conocimiento, es un paso para luego, renovadas, volver a nuestra vida diaria fortalecidas y llenas. Nos lo muestra con la leyenda de los Cuatro Rabinos.

Me recuerdan estas palabras a aquellos momentos de retiro, o ejercicios, en los que nos apetece quedarnos eternamente en estos lugares. Ajenos a toda preocupación, estrés, dificultades…Estos momentos, son reales e intensos. Pero nos debe servir de fortalecedor para nuestra vida diaria. No de evasión. Y luego tras…”encontrar el camino de lo que Jung llama obligación moral de vivir y manifestar lo que uno ha aprendido en el descenso y el ascenso al Yo salvaje”.Esta obligación moral consiste un vivir aquello que percibimos.”

“Nuestra tarea es mostrar qué se nos ha infundido en esta tierra de conocimiento. Y luego, mostrarlo, repartirlo y cantarlo”. Estas palabras me inspiran de la misma manera mi obligación como mujer creyente en el Evangelio y conocedora de lo intenso que puede llegar a ser el amor del Señor al ser humano.

La autora contempla un paralelismo entre el arquetipo de la loba y otros mitos universales de la resurrección. Símbolos al fin y al cabo de nacimiento de vida, a partir de algo inerte. Nuestra tarea – nos dice- será conjugar aquellos aspectos muertos que existen en nuestra vida y re-crearlos.

La Diosa de la vida, también es Diosa de la muerte. De la misma forma que se nos advierte en los Evangelios, que “el trigo debe morir primero, para poder convertirse en alimento”, se hace necesario eliminar de nosotras aquellos aspectos muertos. Debemos decidir, qué cosa de nosotras debe morir y qué cosa debe vivir. Esas decisiones no siempre serán fáciles ni exentas de dolor. Prosigue la autora diciendo que en todas las almas hace falta un arreglo. Algo que se desprende…que se desconcha…que se despinta…Y es en nuestro interior, donde reside esa vieja huesera que recoge nuestros huesos rotos y muertos. Huesos del alma de ese yo salvaje, (a veces desorientado por los ruidos del exterior), …Nuestra misión, es desempeñar esa misma tarea de la vieja huesera, que recoge lo muerto, se sienta junto al fuego con ellos, y decide qué canción cantar para a través de su canto, recobren la vida.

Este capítulo puede ser una buena lectura de introducción a algunos ejercicios o periodos de encuentro con el Señor, en el que nos pongamos frente a El, y tratemos en su presencia de ahondar en nuestras profundidades. Recuero también unas palabras de Victoria Mollins y Mercé Basté en un folleto escrito hace algunos años, que trataba sobre “El Camino Teresiano” y concretamente desarrollaba unos postulados sobre el modo de ser laico/a teresiano/a en el mundo de hoy. En un apartado dedicado exclusivamente a la oración y a la importancia del encuentro con Él, las autoras nos recuerdan “Este es el camino de la oración. Es la primera gran opción que hemos de hacer. Yo os invitaría a hacer esta opción con ilusión y sin desánimo, porque os digo con sinceridad, en vuestro interior podéis encontrar cosas maravillosas” y me acojo igualmente, ahora a las palabras leídas hace unos instantes en el Boletin stj de Agosto, en el que en su pg. 5, se nos recomienda a: “Remar mar adentro”, que nos es otra cosa que ahondar, mojarse en nuestro interior, complicarse la vida aún más, a sabiendas que corremos el riesgo de no saber qué vamos a encontrarnos en estas profundidades de nuestro abismo. Y continua el boletín algunas paginas más adelante….para luego, volver a salir a la superficie y mostrar toda aquellos que hemos sentido y experimentado, porque es en la vida cotidiana, donde “nos jugamos la calidad evangélica de nuestro seguimiento de Jesús”.

Gracias por crear este espacio de encuentro. Un abrazo fuerte desde Sevilla. MJ Rosillo. Agosto 2008.