Mostrando entradas con la etiqueta (0) Comentarios de "MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta (0) Comentarios de "MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS". Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de marzo de 2009

El compañero: "La unión con el otro"

Capitulo 4º. El compañero: la unión con el otro.

Me ha resultado muy familiar este cuarto capítulo de C. Pinkola, sobre la extremada intuición de nuestro “hermanos los perros”, como diría el santo negro, Martín de Porres (Fray Escoba.), y puedo comprobarlo muy de cerca al llevar conviviendo con estos seres, desde hace diez años. Son mera constancia en la búsqueda de sus intereses (hueso, golosina o topillo), pueden distraerse cuando les llamamos a jugar, pero en seguida, vuelven a su interés inicial, hasta conseguirlo.
Desde nuestra moderna intelectualidad alejada de lo intuitivo y primitivo, se nos olvida fijarnos más en esa naturaleza cercana que tenemos a nuestro alrededor. Esa maestra permanente de sabiduría de la que tanto hemos de aprender.
Hombres y Mujeres deberíamos esforzarnos en este trabajo de introspección y búsqueda de nuestra intuición dormida; no sólo necesaria para nuestra mera supervivencia, sino imprescindible para el pleno desarrollo de nuestra identidad, que de lo contrario queda incompleta.
Sigo con el ejemplo cotidiano que me viene muy bien para este capítulo. Una de mis perritas, la mayor de todas, de once años, y de nombre Luna (por eso de la importancia que damos al nombre de las personas, animales y cosas), esta comenzando a perder la visión. Siempre ha sido una perrita juguetona y divertida. Podemos administrarle medicación que palie los síntomas, sin embargo, el deterioro, será irreversible como sucede con los seres humanos. En cualquier caso, y a diferencia de lo que le sucedería a una persona, lejos de acoplarse en un rincón o en su casita, no deja de agudizar el resto de sus sentidos, en este caso, su extremado oído, para seguirnos y venir a nuestro encuentro, o buscar su recipiente de agua, dejándose guiar por nuestros pasos o nuestra voz. Y si el primer día que se despertó sin visión, se daba tropezones con paredes y escalones, ahora, tres días después, se maneja casi a la perfección por todo el entorno. Un lugar que conoce desde hace muchos años, que su casa, y con movimiento lentos pero seguros, como el anciano que aprende de su experiencia y sabiduría adquiridas, y su tesón, está haciendo su vida, (o lo que quede de ella), con toda la normalidad que es capaz. A nosotros, los humanos, esta adaptación nos costaría meses (si es que alguna vez, nos planteamos adaptarnos…) .A mi, personalmente, esta perrita, me está dando una lección de vida.
Volviendo al capítulo que nos ocupa, muchas mujeres, demandan a su lado, este tipo de compañeros de vida, constantes, con tesón y valentía para ser capaces de conocerlas en todas sus dimensiones, (su parte salvaje también) y me pregunto, si este tipo de libros, forman parte de las lecturas habituales de alguna tertulia de varones que lean y reflexionen en torno a estos temas. No vaya a ser que sólo las mujeres lo leamos, y esto es un aprendizaje a medias. Lo lanzo, como propuesta formativa para hombres, para que quién quiera tomar el relevo.
Me quedo con dos reflexiones fundamentales de este capítulo:
La primera de ellas: Las mujeres deberíamos plantearnos sin miedo, enseñar nuestra doble naturaleza. Esa que mostramos, y esa que guardamos para tiempos flacos, pero que es igual de valiosa que la anterior. Si de verdad queremos ser comprendidas y amadas, no podemos quedarnos con nada guardado en la manga. Mostrar a aquellos que deseamos convertir en nuestros compañeros, nuestro verdadero nombre, aquel que contiene nuestra verdadera identidad, y susurrárselo al oído, para que puedan nombrarnos.
La segunda de ellas: El hombre debería acercarse a nosotros, desde la humilde necesidad de aprender y conocer nuestra verdadera identidad y nuestro nombre, sin aspirar a conocer para dominar, sino para amar en totalidad.

María José.
.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La recuperación de la intuición como iniciación

La recuperación de la intuición como iniciación

A medida que avanzo en la lectura y reflexión de los cuentos de “Mujeres que corren con los lobos” me quedo asombrada de la cantidad de símbolos que cada narración encierra y de la profundidad sus significados. En este cuento Pinkola habla de la recuperación de la intuición. La intuición es una riqueza innata en la mujer, pero parece que en un momento dado la pierde por eso todo el cuento nos habla de un proceso de recuperación. Entonces surgió en mi pregunta: qué es lo que aliena a la mujer de este don innato y hace necesario un proceso para recuperarla?

La autora misma sugirió algunas respuestas de situaciones que nos pueden “desconectarnos” de este don innato que es la intuición causando la detención del proceso de iniciación en una mujer:

- “Cuando hay demasiadas penalidades psicológicas a los comienzos de la propia vida”
- “Cuando no ha habido una madre suficientemente buena en los primeros años”
- “Los rigores de la vida que nos apartan y separan de la vida profundamente intuitiva”
- “Mantener valores y actitudes de la psique que ya no son útiles” pag. 116
- “Permanecer demasiado tiempo con la madre protectora de nuestra psique”.

Y a estas razones yo agregaría otras…
- Cuando se vive muy polarizadas en alguna dimensión de la persona, descuidando el desarrollo de las demás. Por ejemplo una persona centrada en su racionalidad, en detrimento otras dimensiones por ejemplo de su dimensión corporal, relacional, espiritual etc.
- Falta de conocimiento propio que nos lleva a no descubrir todo nuestro potencial interno
- El vivir demasiado enfocadas en la exterioridad nos dificulta entrar en contacto con nuestros poderes interiores.

La recuperación de la intuición me habla de desarrollar nuestra capacidad de entrar en contacto con la intuición como una de las condiciones esenciales que nos llevará a descubrir nuestro poder femenino. La buena noticia que nos da Pinkola es que esta recuperación se puede dar “cualquiera que sea la edad de la mujer” (pág. 116). Esta recuperación es un proceso que se vive a través de diversas tareas. Destacaré lo que me pareció más importante de cada una:

1. Dejar morir “la madre demasiado buena”.
La madre demasiado buena simboliza todo lo que puede recortar nuestra autonomía y conciencia dejándonos como niñas inmaduras y dependientes. Esto implica ser capaces de asumir los riesgos de crecer y de dejar atrás la vida demasiado cómoda y segura. Igualmente es dejar morir lo que ya no sirve, en algunos casos supone desaprender “valores y actitudes que ya no nos son útiles” (pág. 116).

2. Dejar al descubierto la tosca sombra
“Experimentar directamente la oscuridad de la propia sombra: aspectos de la personalidad que se consideran indeseables o inútiles” (pág. 120) es requisito para ser capaz de dejarla al descubierto y que la vean los demás. Una vez que seamos capaces de aceptar y asumir nuestro lado oscuro e indeseable, seremos capaces mostrarlo a otras personas sin importarnos su posible rechazo. Esta tarea nos exige ser capaces de desoportar la tensión de ser nosotras mismas sin importarnos demasiado la aceptación o el rechazo ajeno.

3. Navegar a oscuras
“Aprender a desarrollar la percepción del misterioso inconsciente y confiar exclusivamente en los propios sentidos internos” (pág. 124) Pinkola nos indica un itinerario que está al alcance de todas para entrar en contacto con nuestro “misterioso inconsciente: los sueños. Nos invita no sólo a confiar en la intuición como la auténtica voz del alma (pág. 126) sino también a alimentarla prestándole atención (pág 127)

4. El enfrentamiento con la bruja salvaje
La bruja salvaje es una imagen del poder. Ambas palabras: bruja- poder pueden tener un sentido peyorativo, indeseado, sin embargo hay que reconocer que el poder forma parte de las relaciones humanas. “Aprender a enfrentarnos con un gran poder, con el de los demás y posteriormente con el nuestro”. Ser capaces de permanecer en presencia del poder, sin servilismo pero con respeto, acrecentará nuestro propio poder.

5. El servicio a lo irracional
La realización de tareas básicas cotidianas como: limpiar, clasificar, dar de comer nos sirve de imagen o arquetipo para las tareas que necesitamos realizar en nuestra psique como son el purificar, ordenar, clasificar o discernir, tareas que se llevan a cabo a través “del trabajo del psicoanálisis, la contemplación, la meditación, la aceptación de la soledad y otras experiencias de descenso y transformación” (pág 136). Después de dar estos ejemplos, Pinkola agrega que “cada mujer tiene sus preferencias, su manera de hacer”. Con esto nos deja la puerta abierta para preguntarnos cuáles son las tareas que necesito realizar en mi propia psique y vida espiritual para que crezca el poder de la mujer salvaje que hay en mí?

6. La separación entre esto y aquello
“Aprender a separar una cosa de la otra con el mejor criterio posible” (pág. 139) no es otra cosa que practicar el arte de discernir! En esta práctica el inconsciente tiene un papel importante, su sabiduría manifestada a través de los sueños, nos es de gran ayuda para clarificar preguntas o esclarecer dilemas. La capacidad de separar nos pone en contacto con la existencia de ciclos de vida- muerte-vida. La imagen de un jardín con todas las acciones que requiere su cuidado nos ilustra dichos ciclos de vida-muerte-vida.

7. La indagación de los misterios
Preguntar y tratar de aprender algo más acerca de la naturaleza de la Vida/muerte/vida y de sus funciones. Intentar comprender el misterio, la esencia de las cosas, los ritmos femeninos. La intuición nos guiará hacia esa “ que vendrá por sí sola” (pág. 146). Pero también es sabio entender que la indagación de misterios tiene un límite, entonces “debemos aceptar que ciertas cosas no están a nuestro alcance. “Hay ciertas cosas que no se pueden saber.”

8. Ponerse a gatas
Esta postura me evoca una fiera salvaje que está en estado de búsqueda, alerta, y lista para saltar, huir o para atacar. Es una imagen que habla de la sagacidad de la mirada de una mujer que se deja orientar por su intuición “en todas las etapas del camino” entonces está lista para “afrontar las adversidades del mundo exterior con fortaleza y sin temor” (pág 150).

9. La modificación de la sombra
La agudeza visual de la mirada como la llama Pinkola nos capacita para “identificar las sombras negativas de la propia psique y/o los aspectos negativos de las personas y los acontecimientos del mundo exterior y para reaccionar ante ellos” (pág. 151) La calavera que carga Vasalisa representa la llama de la sabiduría que posee unos sentidos despiertos. Esta sabiduría es la que nos guiará a la hora de elegir con prudencia: amigos y amantes también nos ayudará a distinguir “las cosas que nos atraen de las que realmente necesita nuestra alma” (pág 156)

Y después de describir estas tareas que son fundamentales para la recuperación de nuestra intuición, Pinkola termina presentándonos una consecuencia que nos puede servir también de a nosotras mismas de “medidor” que nos puede permitir saber cómo estamos en este proceso de recuperación: “Una de las consecuencias del uso de la intuición y de la naturaleza instintiva consiste en la aparición de una infalible espontaneidad. Espontaneidad que no es sinónimo de imprudencia. (pág 160). Me fascinó este rasgo, me habló de libertad interior o de “tener el mundo bajo sus pies” como diría Sta Teresa. Este es un rasgo propio de una mujer despierta y experimentada a quien “nada le sorprende porque lo ha visto todo”! (pág 160)

sábado, 24 de enero de 2009

Mujer en relación con su PODER FEMENINO


"Utilizamos todos nuestros sentidos para extraer la verdad de las cosas, para exprimir el alimento de nuestras ideas, para ver lo que es necesario ver, saber lo que es necesario saber, ser guardianas de nuestros propios fuegos creadores y adquirir un íntimo conocimiento de los ciclos de la Vida/Muerte/vida" (Pinkola Estés)

¿Cómo llegar a ser esa MUJER NUEVA? El cuento de "Vasalisa la Sabia" perfila el itinerario de una mujer iniciada, despierta y conectada con su alma-centro. En otras palabras, una mujer en relación con sus propios poderes. Desde esta clave, deseo comentar parcialmente algunos aspectos sin pretender agotarlos, cosa que me parece imposible dada la profundidad y extensión con que la autora los presenta. Pero entre todas podemos comentar diferentes aspectos y ayudarnos a enriquecer la lectura.

Según la autora, el camino de iniciación femenina comienza con la decisión de cuidar de nosotras mismas, de abandonar aquellos principios que resultan anacrónicos y de fijarnos objetivos por los cuales estemos dispuestas a correr riesgos. Es algo así como un proceso de autorreparentalización en el cual cambiamos de madre o nos convertimos en una para nosotras mismas: "Para que podamos proseguir nuestro desarrollo, debemos cambiar la solícita madre interior por otra clase de madre, una madre que habita en los más hondos desiertos psíquicos y es no sólo una escolta sino también una maestra, una madre afectuosa, pero también severa y exigente".

En este proceso debemos "experimentar directamente la oscuridad de la propia naturaleza... y permitir que crezca la tensión entre aquella que estamos aprendiendo a ser y la que somos realmente". En este sentido ¿quién no ha experimentado la tentación de ocultar, disimular o alejar de si, los aspectos de nuestro yo menos atractivos o rechazados por los grupos sociales a los que pertenecemos? La disyuntiva es clara, ser nosotras mismas en medio de la desaprobación y exclusión del grupo o buscar hacernos querer y acceder a las exigencias de las demás, haciéndonos incapaces de sentir y vivir nuestra propia condición. La autora afirma que es precisamente esta tensión síquica la que posibilita la conexión con nuestra alma-centro.

Me fascinó volver a confirmar que nuestro yo intuitivo es un DON MATRILINEAL. Es la madre de Vasalisa quien entrega a su hija la sabiduría intuitiva, heredada de mujer en mujer a lo largo de la historia, de tal manera que cuando nos relacionamos con nuestra intuición, lo hacemos con lo femenino, la madre y las demás mujeres: “Tenemos acceso inmediato a una profunda sabiduría que llega hasta los mismísimos huesos de las mujeres”. Por otro lado, constaté una vez más que somos sororas por esencia, amigas por naturaleza… ¿qué pasó en la historia de la humanidad y en nuestra propia historia, que nos hicieron enemigas y desconfiadas unas de otras? Hay un libro que me gustaría que leyeran si pueden y ojalá busquen poder hacerlo: “ADIOS BELLA DURMIENTE, Critica de los mitos femeninos” de Madonna Kolbenschlag, que profundiza magistralmente en este aspecto entre otros.

Vencer el miedo a este impresionante y amplio poder femenino, simbolizado en el rostro de la “bruja” es otra de las habilidades de la mujer naciente, NUEVA Y NOMADA. Esta dinámica implica entre otras cosas, aprender a lavar, eliminar desechos, barrer, ordenar, remendar, renovar, encender el fuego, guisar, alimentar, vigilar, cuidar, sanar… su propia sique instintiva. En otras palabras, implica alimentar la relación con esta faceta de la propia fuerza femenina, comprenderla y familiarizarse con su temible poder tanto en una misma como en las/os demás. En este momento una mujer “tras haber recibido el legado de las madres, avanza por la vida asentando con firmeza los pies en el suelo… (pues) ha fundido su poder y ahora ve el mundo y su propia vida a través de esta nueva luz”.

Finalmente, como se comporta una mujer así:

•Lleva la llama de la sabiduría y posee unos sentidos despiertos.
•Vigila y comprende las fuerzas negativas y los desequilibrios tanto interiores como exteriores (propios y ajenos).
•Ve un buen corazón más allá de una mala acción, un dulce espíritu hundido por el odio o la traición y cobardía de quien se da por valiente, la envidia oculta en una cordial sonrisa…
•Discierne entre las distintas opciones: las dos contrarias, la intermedia y el análisis de posibilidad.
•Se relaciona con personas que se convierten en MADRES SALVAJES porque alimentan, guían, se alegran por las cualidades, cuidan el arte, hacen aflorar lo mejor que se lleva dentro y se entusiasman cuando hay ante el vinculo con la muñeca.

Nancy Olaya
.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Nuevas aportaciones de Pinkola y Teresa

Después de algun tiempo de silencio y pedir disculpas por tanta tardanza, quería compartir con vosotras, el capítulo 3 de Pinkola, pero antes, deseaba dejarme resonar por algunas notas de Giselle sobre los escritos teresianos. Me ha gustado mucho sus afirmaciones sobre "nuestra necesidad de interpretar la biblia y los escritos teresianos, desde una clave feminista, y elaborar como reto,una espiritualidad bíblica y teresiana propias, de mujeres, que impulse nuestra autoestima, supervivencia y transformación". Y me van a servir de método a partir del cual, re-leer estos documentos. El el foro, sigo como sabeis con el intento de fomentar la tertulia bíblica on-line, y ya hemos hablado de Agar, la segunda mujer que deseo destacar dentro del Génesis, cómo simbolo de esclava, utilizada para el servicio del hombre y que luego es despreciada y expulsada al desierto, desde el cual, El Señor, rescata y la convierte en madre de un gran pastor de pueblos. Este es un simil que no nos resulta nada nuevo ¿verdad?. el proximo día, retomaremos a Tamar, tambien en el libro del Genesis.(manual de trabajo elaborado porMerceds Navarro y Carmos y en Bernabé "Distintas y distinguidas).
Por otra parte, mientras leía este capitulo El rastreo de los hechos y la recuperación de la intuición como iniciación, he encontrado algun simil con la vida de Teresa. He tenido la suerte e recibir en navidad la versión de Teresa de Jesús, que fue una serie de TV española de hace unos años, pero en versión DVD y volver a revivir, el mensaje teresiano contenido en los libros de la Vida, fundaciones y Camino de Perfección. En los tres primeros, he podido encontrar un itinerario muy semejante de acceso al conocimiento, al que se nos cuenta en el relato de Valissa.
En una primera fase, hay que dejar morir a la madre protectora, y aprender a caminar desde nuestros propios pasos. Aunque nos caigamos, nos duela, o creamos nos ser capaces. En esta sociedad nuestra, se nos pone muy dificil, soltar amarras. Nos refuerzan la dependencia afectiva, material, hacia personas, lugares y cosas. Y si se produce algún cambio en alguno de estos factores, sentimos morirnos de miedo.Nos tambaleamos y parecemos haber perdido nuestro propio poder de autocuración y de búsqueda de soluciones.
En la segunda tarea, se nos propone arrojarnos a la oscuridad de nuestros pasos. En ella nos encontraremos con nuestros enemigos, que son todos aquellos factores que nos hacen dudar de nosotros mismos. Aprender a reconocerlos en nuestro camino de iniciación y no tenerles miedo, será el siguiente eslabon de nuestra cadena.
La tercera tarea implica confiar en nuestra propia luz; nuestra intuición, nada desarrollada y a la que ni siquiera reconocemos en nuestra vida diaria. Nuestra voz interior, nuestra conciencia interior, si somos capaces de escucharla y entenderla, constituyen la motivación más fuerte y segura de nuestra vida.
La cuarta tarea supone enfrentarnos con el poder. En este paso se tiene que ser capaz de estar frente a la fuente de poder y no temblar en el intento. Es aprender a enfrentarse al poder de los demás y posteriormente con el nuestro. Supone que no tenemos que ser solamente "amables" por temos a ser privadas de nuestros derechos. Es necesario aprender a reconocer donde esta nuestro poder. La autora hace una simbología con las tareas domésticas, que al principio me confundió y hasta me molestó, por entender que justificaba una labor atribuida a las mujeres sin previo permiso. Como era considerar a las tareas domésticas como un camino de iniciación y d desarrollo de nuestra interioridad. Pero puesto que ellas, forman irremediablemente parte de nuestra vida diaria, es mejor tomarlas de esta manera. Nunca me las había tomado asi, y creo que puede ser interesnate, re-interpretarlas. No estoy cerrada a ninguna enseñanza, siempre que me ayuden a crecer como mujer. Así, las tareas de barrer, lavar, coser...podían ser consideradas como estrategias de "purificación de los propios pensamientos, recolocar los propios valores, eliminar las trivialidades de nuestra psique, barrer el propio yo, limpiar con regularidad los propios estados emocionales..."
La sexta tarea supone clarificar, y ser capaz de discernir entre lo esencial y lo que no lo es, y la convencienci en ocasiones, de dejar descansar un problema para encontrar la respuesta más cerca de nosotras mismas, de lo que esperabamos.
La septima tarea es la realización de las preguntas clave: ¿qué soy yo? ¿cuál es mi trabajo aqui? Es necesario aceptar nuestros propios ciclos y ritmos, para que nuestro crecimiento pueda continuar con éxito.
Desde la octava tarea se nos permite utilizar la sabiduria adquirida para volver a casa. Nos hace ser cautas, no temerarias, pero tampoco temerosas. La calavera de luz, que es en si misma un objeto temido, nos va a mostrar todo lo bueno y lo malo de nosotras mismas y de los demas. pero no por eso, nos va convertir en cobardes.
Desde la novena fase, quizás nos sentimos "poco dignas" de tener tanto poder, tanta luz. Y tenemos la tentación de arrojar lejos esa luz. ¿para qué saber tantas cosas? Es un pregunta que en más de alguna ocasión quizas nos hayamos hecho.
Pues como dije al principio, y tras recordar la serie de televisión, he ido vislumbranso algunas etapas en la espiritualidad de teresa que quería añadir en este foro. Por ejemplo esa fase inicial de búsqueda infructuosa, al principio, del verdadero camino del conocimiento de Dios y de su voluntad, que la confunden y la debilitan, y le hace confiar erróneamente en la voz de otros.
siguiente fase de encuentro de respuesta dentro de sí misma. Descubre su mujer salvaje, todo lo que puede ser capaz de hacer. Gobernarse por su voz interior. y así descubre su fuerza interior, capaz de enfrentarse con el poder de otros. Puede, desde la seguridad en su propio criterio, defender sus postulados, ante sí misma, y ante los demás. Y desde esa experiencia de Dios que la dirige, volver sobre sus pasos, y ver con otros ojos, su realidad y transformarla.
Ha sido un honor para mi en esta ocasion, contar con tan grandes coincidencias y poderlas compartir con vosotras. Un fuerte abrazo desde Sevilla. MJ Rosillo.

sábado, 29 de noviembre de 2008

CAPÍTULO 3. EL RASTREO DE LOS HECHOS: LA RECUPERACIÓN DE LA INTUICIÓN COMO INICIACIÓN

La muñeca en el bolsillo: Vasalisa la Sabia (Teresa del Pilar)
Como veremos en el cuento, un carácter necesario que toda mujer ha de poseer es la pasión. Pasión en las palabras, en las ideas... Ustedes me dirán si me estoy extralimitando en ellas...

“Vasalisa la sabia” es un cuento ruso que narra las pruebas que la niña Vasalisa tiene que llevar acabo, en el encuentro con la bruja, “Baba Yagá”, para alcanzar un nivel de desarrollo superior desde lo femenino. He aquí un extracto de las ideas básicas.

Antes de morir, la madre de Vasalisa, junto con su bendición, le regala a la niña una muñeca, a fin de que recurra a ella si alguna vez se extravía o necesita ayuda. Las indicaciones eran que debía guardarla, no hablarle a nadie de ella y darle de comer. Con el tiempo, el padre se casó con una viuda que tenía dos hijas, las que - a espaldas del padre - atormentaban a la niña que, servicial, jamás se quejaba. La odiaban porque poseía una dulzura exquisita y además era muy bella. Con engaños, estas mujeres la mandan al bosque, a casa de la bruja Baba Yagá, para conseguir el fuego que ellas habían extinguido en el hogar. Durante el trayecto, la muñeca es su compañía y la guía hasta encontrar la casa y a la bruja. Esta le exige que, antes de darle el fuego, trabaje para ella. De no hacerlo, morirá comida por “Baba Yagá”. El primer día Vasalisa debe alimentar a la bruja, lavar su ropa, barrer el patio, limpiar la casa, separar el maíz añublado del bueno y cuidar que todo esté en orden. El segundo día debe separar las semillas de adormidera del montón de tierra con el que se hallan mezcladas. Logra terminar ambas tareas, con ayuda de la muñeca. Después de hacer a la bruja algunas preguntas, y callarse otras por sugerencia de la muñeca, Vasalisa puede volver a su casa. “Baba Yagá” le entrega el fuego dentro de una calavera ensartada en un palo, y la niña - resistiendo el temor y el deseo de arrojar aquello lejos de sí - vuelve a su casa. Vasalisa entra triunfal, mientras la calavera abrasa en su fuego a la madrastra y a sus hijas.

Ahora bien, la temática general de dicho cuento “gira en torno al tema de la facultad femenina de la intuición transmitida de madre a hija y de una generación a la siguiente. El gran poder de la intuición está formado por una vista interior, un oído interior, una percepción interior y una sabiduría interior tan veloces como un rayo.” (Pág. 70)

En este sentido, la autora nos ofrece unas claves hermenéuticas que nos ayudarán a situar adecuadamente lo que nos quiere expresar. Atendamos a sus propias palabras. “Para comprender el sentido de este cuento, tenemos que saber que todos sus componentes representan características de la psique de una sola mujer. Por consiguiente, todos los aspectos del relato corresponden a una psique individual y describen el proceso de iniciación al que se está sometiendo. La iniciación se lleva a cabo cumpliendo unas tareas determinadas. En este cuento, la psique tiene que llevar a cabo nueve tareas. Dichas tareas se centran en el aprendizaje de algo relacionado con la manera de actuar de la Vieja Madre Salvaje.” (Pág. 70)

“Por medio del cumplimiento de estas tareas, la intuición de una mujer - este sabio ser que acompaña a las mujeres dondequiera que vayan, examinando todas las cosas de su vida y comentando la verdad de todas ellas con infalible precisión - se vuelve a encajar en la psique de la mujer. El objetivo es una afectuosa y confiada relación con este ser al que hemos dado en llamar ‘la que sabe’, la esencia del arquetipo de la Mujer Salvaje.” (Pág. 70)

De ahí que, a continuación iré comentando brevemente, y tratando de vincular a ciertas situaciones vitales, las nueve tareas que deberían ser llevadas adelante por la mujer en su camino de individuación como tareas de la iniciación.

1. Dejar morir a la madre ‘demasiado buena’, y alejarse del hogar parental, para poder así entrar en un proceso de fortalecimiento que le permitirá hacerse cargo de su vida, responsabilizarse de sus decisiones y “cargar” con las consecuencias. Lograr un encuentro profundo consigo misma, con su intuición y con lo que ésta le va indicando a cada paso. “En el cuento el proceso de iniciación empieza cuando la buena y querida madre se muere.” (Pág. 70) Dejar morir a la buena madre significa dejar aflorar las facultades intuitivas, entrenase en su uso adecuado y oportuno, escuchar sus llamadas y correr los riesgos que hagan falta de cara a la consolidación de una mujer fuerte y autodeterminada.

“La iniciación de Vasalisa empieza cuando ésta aprende a dejar morir lo que tiene que morir. Eso significa dejar morir los valores y las actitudes de la psique que ya no le son útiles. Hay que examinar con especial detenimiento aquellos férreos principios que hacen la vida demasiado cómoda, que protegen en exceso, que hacen que las mujeres caminen como si se escabulleran de algo en lugar de pisar con paso firme.” (Pág. 71)

“Por consiguiente, es justo que, para que podamos proseguir nuestro desarrollo, cambiemos la solícita madre interior que nos era beneficiosa en nuestra infancia por otra clase de madre, una madre que habita en los más hondos desiertos psíquicos y es no sólo una escolta sino también una maestra, una madre afectuosa, pero también severa y exigente.” (Pág. 72)

Sin embargo, “la detención del proceso de iniciación de una mujer puede producirse por distintas razones, por ejemplo, cuando ha habido demasiadas penalidades psicológicas en los comienzos de la propia vida, sobre todo si no ha habido una madre ‘suficientemente buena’ en los primeros años.” (Pág. 71). Y aunque esto pueda ser así, nuestra autora sostiene que cuando ha habido un trabajo sostenido y metódico por sanar la historia de vida, es posible recuperar el pozo de la intuición femenina instintiva.


2. Dejar al descubierto la sombra: en el cuento, la madrastra y sus hijas representan los aspectos subdesarrollados pero provocadoramente crueles de la psique; son aspectos excluyentes, envidiosos y explotadores del yo, frente a los que ser demasiado sumisa no sirve para crecer, como tampoco sirve el negarlos. Se trata de los elementos de la sombra, es decir, de unos aspectos de la personalidad que se consideran negativos, indeseables o inútiles - con respecto a los valores codificados de la conciencia - y que por esta razón se relegan a las tinieblas, pero con el riesgo de paralizar el desarrollo de su personalidad. (Cf. Págs. 74-75) Sin embargo, dicha sombra también puede ser utilizada en beneficio propio.

“Aunque una mujer piense que el hecho de ser ella misma le granjeará la hostilidad de los demás, esta tensión psíquica es precisamente lo que necesita para poder desarrollar el alma y hacer un cambio” (Pág. 75) Aprender a decir NO con acertividad, a una cultura (Iglesia) estereotipadamente androcéntrica, es signo de sabiduría, pues pone al descubierto la sombra colectiva patriarcalista. Dicha sombra debe ser reconocida y desenmascarada, de lo contrario, las mujeres seguiremos siendo simples reproductoras de unas expectativas patriarcales que anulan nuestra identidad más profunda, nuestros sentimientos, nuestro ser, nuestro pensar, nuestros sueños… Y mientras continuemos siendo la criada de todo el mundo, tratado de complacer las fantasías de los demás, en desmedro de nuestras llamadas intrínsecas, no podremos desarrollarnos como mujeres plenas. En definitiva, el fuego de nuestra personalidad poco a poco se irá apagando” (Cf. Pág. 76).

3. Navegar a oscuras: en esta parte del cuento, el legado de la madre muerta - la muñeca - guía a Vasalisa a través de la oscuridad hasta la casa de Baba Yagá. Entrar en el bosque, en lo profundo del inconsciente para iniciarse, experimentando el numen de la propia capacidad intuitiva, por la que aprenderá a confiar en sí misma. “Aprender a desarrollar la percepción del misterioso inconsciente y confiar exclusivamente en los propios sentidos internos.” (Cf. Pág. 76) Esta tarea requiere alimentar frecuentemente dicha capacidad intuitiva, escuchándola, prestándole atención, siguiendo efectivamente sus consejos. “La intuición percibe el camino que hay que seguir para poder sacar el mayor provecho posible de una situación. Tiene instinto de conservación, capta los motivos y la intención subyacente y opta por aquello que causará la menor fragmentación posible en la psique.” (Pág. 78)

4. Enfrentarse a la bruja salvaje: Vasalisa se enfrenta cara a cara con la Bruja Salvaje, con la fuerza vital, creadora y atemorizante, pero, a la vez, gozosa y rebosante divinidad materna, que se halla en la psique arquetípica. “Vasalisa se enfrenta a Baba Yagá sin servilismo, jactancia o bravuconería y tampoco huye o se esconde. Se presenta honradamente tal como es. Muchas mujeres se están recuperando de sus complejos de ‘amabilidad desmesurada’, en los que, cualesquiera que fueran sus sentimientos y quienquiera que las atacara, ellas reaccionaban con una dulzura rayana en la adulación.” (Pág. 80)

“Tenemos que adentrarnos en el bosque, ir en busca de la temible mujer para evitar que algún día, bajando por la calle, se abra una tapa de alcantarilla y algo inconsciente nos agarre y nos sacuda como un trapo, alegremente o no, más bien no, aunque siempre con buena intención.” (Pág. 80). Realizar esta acción podría llevarnos a evitar muchas sorpresas, no siempre agradables, en la vida. Tal es el caso, por ejemplo, de situaciones que afloran inesperadamente en la persona y que, aparentemente, no están en sintonía con la opción fundamental o la orientación de vida que se ha venido desarrollando. Me pregunto si la falta de encuentro oportuno con esta mujer temible no sería tal vez una explicación secreta de ciertos giros antagónicos, desconcertantes e inesperados que se dan a cierta altura de la vida - pero que no siempre se merecen un juicio ético.

Como quiera que sea, incorporar a nuestras vidas algunos de los valores de la bruja significa aprender a enfrentarnos con un gran poder, con el de los demás y posteriormente con el nuestro. Esto es, dejar que muera un poco más la frágil niña demasiado dulce. Si se logra permanecer en su presencia, una parte de su poder le será traspasado a la mujer. “Ser fuerte no significa tener músculos y hacer flexiones. Significa afrontar la propia numinosidad sin huir, viviendo activamente con la naturaleza salvaje cada una a su manera. Significa poder aprender, poder resistir lo que sabemos. Significa resistir y vivir.” (Pág. 82).

5. Servir a lo irracional: quedarse con la bruja, aclimatarse a los grandes poderes salvajes no conscientes de la psique femenina con el fin de comprender su poder (el propio poder). “Los ciclos femeninos según las tareas de Vasalisa son los siguientes: Purificar los propios pensamientos y renovar regularmente los propios valores. Eliminar las trivialidades que ocupan la psique, barrer el propio yo, limpiar con regularidad los propios pensamientos y estados emocionales. Encender un fuego duradero debajo de la vida creativa y guisar sistemáticamente ideas significa sobre todo guisar con originalidad mucha vida sin precedentes para poder alimentar la relación entre la mujer y su naturaleza salvaje.” (Pág. 85)

Cuando alguien desea guisar para Baba Yagá tiene que encender el fuego.”Una mujer tiene que estar dispuesta a arder al rojo vivo, a arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie sinceramente. Esta pasión es la que, de hecho, permite guisar y lo que se guisa son las sólidas ideas originales de una mujer. Si alguien quiere guisar para la Yagá tiene que procurar que debajo de la propia vida creativa haya un buen fuego.” (Pág. 84) Me encanta esto, creo que es muy propio de toda mujer. Nuestros últimos documentos capitulares nos invitan a apasionarnos por esta humanidad sedienta de Dios. En una palabra, nos invitan a potenciar nuestro ser de mujer.

“En el desarrollo de las mujeres todas estas acciones ‘domésticas’, el guisar, el lavar, el barrer, cuantifican algo que rebasa los límites de lo ordinario. Todas estas metáforas ofrecen maneras de pensar, medir, alimentar, fortalecer, limpiar y ordenar la vida espiritual.” (Pág. 85). Limpiar el espacio psíquico es una condición para que la naturaleza salvaje se desarrolle mejor.

“La mujer sabia mantiene ordenado su ambiente psíquico. Y lo hace conservando la cabeza clara, conservando un espacio libre para su trabajo. Y esforzándose por llevar a feliz término sus ideas y proyectos.” (Pág. 84) Pinkola habla también de mantener claras y ordenadas las ideas insólitas, entre estas ideas se incluyen las que son poco habituales, las místicas, espirituales y extrañas. (Cf. 84). Aquí, sin duda alguna, tienen su cabida la experiencia mística de Santa Teresa de Jesús y nuestra experiencia de Dios. En este sentido, la Santa afirma sabiamente que una cosa tener la experiencia de Dios y otra cosa es saber comunicarla. Tener la capacidad de transmitir a otros implica una consciencia “ordenada” de lo que se lleva entre manos. Es hacerse cargo plenamente de lo que acontece en la vida de la persona.

6. Separar entre esto y aquello: en esta parte del cuento, Baba Yagá impone a Vasalisa dos tareas muy difíciles. Primero, aprender a separar una cosa de la otra con el mejor criterio posible, aprender a establecer sutiles distinciones de juicio. Segundo, observar el poder del inconsciente y su funcionamiento, incluso cuando el ego no es consciente de ello. Aprender algo más acerca de la vida (el maíz) y la muerte (las semillas de adormidera). (Cf. Pág. 86)

“La clasificación a la que se refiere el cuento es la que se produce cuando nos enfrentamos con un dilema o una pregunta, pero casi nada nos ayuda a resolverlo. Sin embargo, si lo dejamos reposar y regresamos más tarde, es posible que nos encontremos con una buena respuesta allí donde antes no había nada.” (Pág. 86) En este sentido, el sueño, de manera simbólica, es una instancia donde muchas situaciones hallan solución.
La bruja no sólo le pide a Vasalisa que discierna esto de aquello para establecer la diferencia entre cosas parecidas - como el verdadero amor del falso amor, la vida nutricia de la vida inútil - sino que, además, le pide que diferencie una medicina de otra. Aprender a reconocer nuestros agentes curativos psíquicos significa ser conscientes de nuestros “lugares verdes”, de aquello que nos reconforta, nos alimenta y nos mantiene vivas, en contacto con nuestros sueños y apasionadas en la vida. “Tenemos capacidad para infundir energía y fortalecer la vida y también para apartarnos del camino de lo que se muere.” (Pág. 88)

7. Indagar los misterios: Una vez completadas con éxito sus tareas, Vasalisa le hace a la Yagá unas cuantas preguntas muy pertinentes. Preguntar y aprender acerca del proceso cíclico de Vida-Muerte-Vida, inquiriendo lo justo, pero no más allá de lo necesario para no quedar cautivadas en los misterios del profundo inconsciente. Indagando en exceso acerca del enigma del mundo subterráneo corremos el riesgo de quedar seducidas y atrapadas por ese mundo. “Hay cierta cantidad de cosas que todas debemos saber a cada edad y en cada fase de nuestra vida.” (Pág. 90)

Aquí la Yagá se refiere a otra serie de ciclos, los ciclos de la vida femenina. “A medida que los vive, la mujer va entendiendo cada vez más estos ritmos femeninos interiores, entre ellos, los de la creatividad y el alumbramiento de hijos psíquicos y quizá también humanos, los ritmos de la soledad, el juego, el descanso, la sexualidad y la caza. No hay que esforzarse, la comprensión vendrá por sí sola. Debemos aceptar que ciertas cosas no están a nuestro alcance, aunque influyen en nosotras y nos enriquezcan.” (Pág. 91) Ciertas cosas son asunto de Dios y no se pueden saber. (Cf. Pág. 91) No somos diosas, nuestra aprehensión de realidad tiene un límite, saberlo y reconocerlo es signo de madurez y sabiduría. Hay que dejarle a Dios ser Dios en nosotras. Él necesita su espacio para realizar “su” obra.

“Por consiguiente, cuando finalizan estas tareas, ‘el legado de madres salvajes’ es más profundo y la capacidad intuitiva emana tanto del lado humano como del lado espiritual de la psique. Ahora tenemos a la muñeca de maestra por un lado y a la Baba Yagá por el otro.” (Pág. 91)

8. Ponerse a gatas: es asumir la luz recibida desde la sabiduría ancestral (representada por la calavera, vestigio óseo de antiguas generaciones), y contemplar la propia vida bajo esta luz, que nos dice parte de un colectivo secular.

Cuando las mujeres asimilan que el terreno subterráneo de la psique pertenece a la Yagá y el terreno de la madre demasiado buena es el del mundo de arriba, “dejan de aceptar sin discusión todas las bobadas, todos los comentarios mordaces. Y todas las bromas e insinuaciones que les dirigen. Para distanciarse un poco de la dulce bendición de la madre demasiado buena, la mujer aprende poco a poco no simplemente a mirar sino a mirar con desprecio, a mirar fijamente y a tolerar cada vez menos las imbecilidades de los demás.” (Pág. 92)

En cambio, “la falta de intuición y de sensibilidad ante los ciclos femeninos o el hecho de no seguir los consejos de la propia sabiduría da lugar a unas decisiones desacertadas e incluso desastrosas. En general esta clase de sabiduría ‘yaguiana’ hace que las mujeres vayan avanzando poco a poco y casi siempre las orienta y les transmite imágenes claras de ‘lo que hay debajo o detrás’ de los motivos, ideas, acciones y palabras de los demás.” (Pág. 92) En otras palabras, se mira más allá de las máscaras, y se ve la realidad misma, tal cual es.

Cuando una mujer alcanza a esta etapa, ya ha conseguido abandonar la protección de la madre demasiado buena que lleva dentro y ha aprendido a esperar y afrontar las adversidades del mundo exterior con fortaleza y sin temor. “Es consciente de la sombra represora de su madrastra y sus hermanastras y del daño que éstas le quieren hacer.” (Pág. 93) Es capaz de comprender el temible poder de su propia conciencia y el de la conciencia de los demás.

9. Modificar la sombra: es apropiarse de la nueva luz que le permite ver las cosas con claridad, pero también descarnadamente, no evitar el dolor de saber ciertas cosas sobre sí, los demás o la naturaleza del mundo. Significa mirar los aspectos negativos de si misma a la luz de estos nuevos conocimientos.

“El hecho de poseer una buena intuición y un considerable poder obliga a trabajar. En primer lugar, en la vigilancia y la comprensión de las fuerzas negativas y los desequilibrios tanto interiores como exteriores. En segundo lugar, obliga a hacer acopio de voluntad para poder actuar con respecto a lo que se ha visto, tanto si es para un bien como si es para recuperar el equilibrio o para dejar que algo viva o muera.” (Pág. 94)

No cabe duda de que muchas veces hay que hacer gran esfuerzo para sostener en alto la luz delante de nosotras, pues a través de ella vemos todas nuestras realidades y todas las realidades de los demás, las desfiguradas, las divinas y todos los estados intermedios. (Cf. Pág. 94) Cuando los informes de la intuición son dolorosos, y casi no se pueden resistir, son conocimientos que cuestan afrontar. Y es aquí donde surge la tentación de regresar a la ignorancia primera. Saber, ver, conocer, tener consciencia de las cosas, implica no sólo fortaleza y grandeza de ánimo, sino responsabilidad ética que precisa de una gran dosis de discreción y sabiduría para administrar adecuadamente los datos que se manejan. De este modo, se cumple la palabra de Jesús: “a quien mucho se le da mucho se le pedirá”.

Por otra parte, “gracias a esta luz afloran a la conciencia los milagros de la belleza profunda del mundo y de los seres humanos. Con esta penetrante luz podemos ver un buen corazón más allá de una mala acción, podemos descubrir un dulce espíritu hundido por el odio y podemos comprender muchas cosas en lugar de quedarnos perplejas. La luz puede distinguir las capas de la personalidad, las intenciones y los motivos de los demás. Puede distinguir la conciencia y la inconsciencia en el yo y en los demás. Es la varita mágica de la sabiduría. Es el espejo en el cual se perciben y se ven todas las cosas. Es la profunda naturaleza salvaje.” (Pág. 95)

“La esmerada elección de los amigos y amantes y también de los profesores es esencial para conservar la consciencia, la intuición y la ardiente luz que ve y sabe.” (Pág. 97) Esta capacidad de discernimiento para una elección adecuada es una de las cosas más difíciles de aprender, pues exige ánimo, fuerza de voluntad, sabiduría, sentimiento, y frecuentemente nos obliga a pedir con insistencia lo que vemos con tanta claridad

“Otra manera de fortalecer la conexión con la intuición consiste en no permitir que nadie reprima nuestras más intensas energías... es decir nuestras opiniones, nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros valores, nuestra moralidad y nuestros ideales.” (Pág. 98) Una mujer integrada y conducida por la luz de su intuición, actúa con naturalidad y positiva espontaneidad, pues conoce sus luces y sus sombras, se valora a sí misma y, por tanto, se hace valorar y respetar. No tiene que andar mendigando los espacios que en justicia le corresponden tanto en la sociedad como en la Iglesia.

Finalmente, modificar la sombra significa dejar morir las cosas. Lo que tiene que perecer, hemos de dejar que perezca con toda libertad y serenidad. Una relación que ya no tiene razón de ser, una emoción negativa que destruye, un sentimiento obstaculizante, una etapa que ya hemos superado, un ciclo vivido y evaluado adecuadamente, una herida que obstruye la corriente sanguínea de la pasión por la vida…

Hemos visto que, en las narraciones escogidas, toda la temática vinculada a las tareas y trabajos que debemos realizar las mujeres en nuestro camino de individuación no son fáciles, sino que requiere un compromiso procesual, activo, profundo, esforzado, muchas veces doloroso y no carente de riesgos. En una cultura pragmática y presentista como la nuestra, donde priman el hedonismo y la consecución rápida de los objetivos, tales enseñanzas tienen un valor imponderable al aplicarse al crecimiento de la conciencia personal y colectiva. Y más aun al crecimiento espiritual de hombres y mujeres.



sábado, 25 de octubre de 2008

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS

La persecución del intruso - El comienzo de la iniciación (Teresa del Pilar).

Capítulo 2

Me parece importante iniciar este compartir recordando lo que nos dice la autora en el capítulo anterior: “para fomentar nuestra relación de parentesco con la naturaleza instintiva, es muy útil comprender los cuentos como si estuviéramos dentro de ellos y no como si ellos estuvieran fuera de nosotros.” (Pág. 21).

Ciertamente, es difícil penetrar en la mística del cuento de Barba Azul sin sentirse íntimamente aludida, es inevitable sentir que sus imágenes (casi intimidatorias) están llenas de vigor en la interioridad personal. Sin duda alguna que este cuento, al igual que muchos otros, con toda la variedad y densidad de simbolismos que presenta, nos está hablando de las profundidades colectivas, de los niveles de la psique que compartimos los seres humanos, esto es, de nuestra “naturaleza instintiva”.

Por instinto se entiende comúnmente impulso, provocación, fuerza que apunta a una finalidad vital y que, al menos en parte, responde a una necesidad interna o no aprendida. Una antropología dualista defiende que el ser humano, además de instintos tiene razón, con lo cual la moral, sobre todo católica, se plantea como una especie de conflicto dicotómico entre lo animal (instintos) y lo “verdaderamente” humano (la razón, si es posible “pura”) en la estructura de la personal. Y es a partir de esta perspectiva como se sostienen los dañinos moralismos que provocan tanta confusión en las personas, fruto de una teología que, en lugar de enfatizar la mística, pone todo el acento en una moral culpabilizadora.

En cambio, el planteamiento de Pinkola es más bien una invitación a re-conocer y acoger esa variedad de seres que nos habitan. “En un sólo ser humano hay muchos otros seres, todos con sus propios valores, motivos y estratagemas. Ciertas tecnologías psicológicas aconsejan detener a estos seres, contarlos, darles un nombre y ponerles unos arneses hasta obligarlos a avanzar con paso cansino como esclavos vencidos.” (Pág. 33).

Significa esto que el desafío es, ante todo, no anatematizar de entrada a estos seres que nos habitan, y menos intentar moralizarlos, negarlos, reprimirlos o ignorarlos, sino poder tomar conciencia sobre su identidad, conocer sus estrategias, aprovecharnos de su energía, tratar de integrarla en la unidad que constituye todo ser humano. “Todas las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Sin este conocimiento, una mujer no podrá atravesar su propio bosque sin ser devorada. Comprender al depredador significa convertirse en un animal maduro que no es vulnerable por ingenuidad, inexperiencia o imprudencia.” (Pág. 39).

Aprender a descubrir al depredador que llevamos dentro significa no eliminar nuestros “instintos”, sino otorgarles herramientas, que los ayude a arrebatarle esa energía mortífera, “entre ellas cabe citar la perspicacia, la intuición, la resistencia, la capacidad de amar con tenacidad, la aguda percepción, la previsión, la agudeza auditiva, la capacidad de cantar por los muertos, de sanar intuitivamente y de cuidar de sus propias hogueras creativas.” (Pág. 37). La clave, por tanto, no es eliminar, sino más bien canalizar, encauzar, vigilar, tenerlo cerca, domesticar al depredador… La realidad es bifronte, no es blanca ni negra, como hartas veces nos gustaría, es más bien gris o matizada. Requiere constante discernimiento situado, lo cual no es lo mismo que relativismo.

Asumir nuestras “sombras”, requiere, ante todo, “la llave que permite desvelar el secreto que todas las mujeres conocen y, sin embargo, no conocen. La llave representa el permiso para conocer los más profundos y oscuros secretos de la psique, en este caso, eso que degrada y destruye estúpidamente el potencial de una Mujer.” (Pág. 43). Subrayo, darnos el permiso, creo que esto es vital. Una educación superficial, pragmática, represora, punitiva, moralizante… no permite la autoliberación interior, la toma de conciencia, el espacio para que emerja la pregunta. “Las preguntas son las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique.” (Pág. 44).

Formular la pregunta implica, de algún modo, que la respuesta ya está en la persona, de lo
contrario habría sido difícil la formulación. Dice Heidegger, el gran pensador alemán, que la pregunta es la “devoción del pensar”. Y yo diría que la pregunta es el ascenso al primer escalón que nos introduce al misterio, al enigma, el atisbo de ese “más” que vislumbramos en las cosas que percibimos. Formular convenientemente la pregunta es introducirse en la mística de la vida que nos posee, que nos arrastra con su poder. Es ir penetrando hacia el centro de ese Castillo interior, del que nos habla Santa Teresa. El castillo significa el centro de la vida, es símbolo circular del sí-mismo, la meta del desarrollo psicológico.

Teresa muestra su experiencia de Dios desde un castillo que brilla como un globo de cristal. En este castillo de cristal entra un “alma”, que inicia un recorrido maravilloso, y a veces angustioso. Para llegar al centro del castillo el alma tiene que deambular por numerosas habitaciones del castillo. Estas están dispuestas en siete anillos o círculos concéntricos alrededor del centro. Las imágenes son fluidas. Las moradas contienen aposentos, pero también jardines, fuentes y laberintos. Cada morada es un mundo en sí misma y al caminante le esperan experiencias únicas. El centro ejerce una atracción magnética que tira del alma a través de las moradas.

A través de esta alegoría ella nos invita y anima a abandonarnos, por medio de nuestro proceso, hacia el Dios que habita en dicho centro. Él es, pues, una garantía de que nuestro camino hacia el núcleo del castillo aporta plenitud de vida en la unión con Dios. Las imágenes en Teresa son la prueba de haber formulado su propia experiencia hacia el centro del Castillo. Las dificultades y obstáculos, las culebras, que se encuentran en el proceso hacia el camino interior son afrontados con maestría. Las culebras en el castillo representan todo lo que se arrastra, seres con intereses variados, intereses que apartan de Dios, son la oscuridad en la vida. Si se hacen conscientes ayudan, si no son conscientes se hacen perjudiciales para la persona.

A mi juicio, la simbología tanto de Teresa de Jesús como de Pinkola son una provocación a recuperar la capacidad que tenía la Iglesia de tender puentes entre el inconsciente y la conciencia a través de los símbolos de la religión que la mentalidad racional y técnica han ido socavando. Pienso que la espiritualidad teresiana nos otorga los recursos necesarios para ayudar a que la Iglesia cristiana pueda re-encontrar el misterio pascual en la vida de cada persona, donde uno puede contactarse con los lugares sagrados para el encuentro con Dios.

Incluso la palabra de Dios leída desde estas perspectivas proporciona nuevas luces para el encuentro, para la re-conciliación con esos “seres” que nos habitan. El estudio bíblico desde una óptica feminista es profundamente liberador, no sólo para las mujeres, sino sobre todo para los varones. Porque como afirma Joan Chittister: “Cuando las mujeres sean libres, los hombres también lo serán”. (Chittister Joan, OSB, El fuego en estas cenizas, Sal Terrae, Bilbao, 1996)

jueves, 16 de octubre de 2008

¿Cómo desarrollar y potenciar tu fuerza de mujer?


"En un solo ser humano hay muchos otros seres...
Nuestra tarea no es corromper su belleza natural sino construir para todos una campiña salvaje en la que los ARTISTAS que haya entre ellos puedan crear sus obras, los AMANTES puedan amar y los SANADORES puedan sanar
".

No puede una leer este cuento sin sentirse profundamente afectada. Son muchos los aspectos que podría comentarles, pero voy a fijar mi atención en uno de ellos.

Según Pinkola Estés, otros seres dentro de nosotras "
siembran destrucción". Desde una antropología dualista la tentación será tratar de arrancar esa parte oscura de mi. Pero al igual que la autora, estoy convencida de que debo acoger-ME toda. Trigo y cizaña me habitan, vida y muerte, luz y sombra, fuerza y debilidad, jardín y desierto son parte de mi, y por lo tanto, no puedo arrancarlos sin que mi ser se deteriore o pierda vigor ¿cómo?

Ese es el tema central de cuento ¿Cómo relacionarme con esa dimensión de mi ser? Ella le llama depredador de sueños, ladrón de tesoros, secuestrador de la niña-joven, asesino de la naturaleza instintiva de la mujer y del varón, etc.

Lo interesante, por lo menos para mi, es que esta estructura o este arquetipo figura en el pensamiento bíblico y en el de la Santa. El autor bíblico le compara con una serpiente (Génesis 3) y Teresa le llama ladrón (CV 10, 1; 14, 3; 21, 5; CE 14,1; 20,1).
Existen otros relatos que representan de distintas formas este dinamismo o faceta femenina (y masculina): "El Lobo" en Caperucita Roja, "Hades" en el mito de la diosa Perséfone, o inclusive, la narración bíblica en la que dos mujeres son despertadas por Jesús, la hija de Jairo y la hemorroísa en Marcos 5, 21-43. Todos ellos como "Barba Azul" invitan a desarrollar la capacidad de reconocer el depredador, neutralizarlo y utilizar su gran fuerza. La pregunta es la misma ¿cómo?

Pinkola Estés nos dice que el depredador predispone a una mujer a no actuar, sino a dejarse actuar en función de los demás, a ser complaciente y pasiva, aún cuando debe defenderse y exigir distancia. Cuando la mujer es tomada por este "aspecto asesino de su psique", no sabe quien es y no es consciente de sus deseos y de sus fuerzas. Lo es todo para los demás, particularmente para el varón. A este tipo de mujeres, el matrimonio es algo que le "sucede" no que ella hace suceder. Queda como "secuestrada" y sede ante la persona más fuerte, dejándose convertir en una esposa joven, indefensa y cautiva, a pesar suyo.

Nuestra autora nos da una pista: "Hay que tener una llave... ella representa el permiso para conocer los más profundos y oscuros secretos de la psique, en este caso, eso que degrada y destruye estúpidamente el potencial de una mujer... La llave simboliza siempre la entrada a un misterio o un conocimiento". El efecto de la llave lo produce la capacidad de hacernos o hacer una pregunta apropiada que nos DESPIERTE y desarrolle consciencia de nosotras mismas. Por lo tanto estas preguntas se tienen que formular pero también se tienen que responder valientemente.

Aunque parezca una mala noticia, este cuento trae un mensaje importante y esperanzador para las mujeres (y los hombres). Porque cuando somos capaces de enfrentarnos a nuestra "peor tierra" (son todas imágenes de Pinkola) nuestro poder se acrecienta: "No teme la oscuridad... los despojos, los desechos, la sangre, los huesos fríos, los esposos asesinos... puede resistirlo todo... es lo que está APRENDIENDO la hermana menor del cuento". Está aprendiendo a enfrentar la vida por sí misma y cuidar de sí. De victima de un secuestro se convierte en dueña de las zonas más profundas de su psique. ¿Han leído el mito de PERSÉFONE? Se los recomiendo.

Voy a terminar mi compartir, escribiéndoles un pedacito de este arquetipo de mujer llamado PERSÉFONE:

"Una vez que la mujer Perséfone desciende al interior de sus propias profundidades... no teme volver a examinar de nuevo la experiencia. Si puede transmitir lo que ha aprendido a través de ellas, puede convertirse en una guía para los demás. Una mujer Perséfone que ha estado en el mundo subterráneo y ha vuelto, también puede ser una terapeuta guía con capacidad para conectar a otras personas con sus propias profundidades, guiándolas a encontrar el significado y la comprensión de lo que encuentran en ellas".

De Jean Shinoda Bolen en: "LAS DIOSAS DE CADA MUJER, Una nueva psicología femenina".

NANCY OLAYA

martes, 14 de octubre de 2008

SOBRE EL CUENTO DE BARBA AZUL

Este cuento me iluminó muchísimo. Hace tiempo que me vengo cuestionando por qué tantas jóvenes con las que he convivido a lo largo de mi vida apostólica, a pesar de tantos consejos, temas de formación, lecturas, sermones, etc. sobre la elección de su futuro, sobre su dignidad y valor como mujeres.. en un rato, sin pensarlo mucho ni bien, se entregan a cualquier muchacho, sin muchas condiciones, echando a perder su vida en un minuto.... Hasta me he llegado a sentir mal e impotente ante esta realidad que se repite en uno y otro lado, por lo menos de mi país.... Aunque leyendo lo que nos comparte Ma. José, veo que no soy la única.... Ahora lo entiendo más y esta lectura me ha dado mucha luz, este "depredador" lo llevamos muy dentro y no es tan fácil liberarse de él. También me dió mucha esperanza, porque no es imposible.... hay un camino, y eso me dió ánimo para seguirlo intentando. Me encantó la riqueza de simbolismos, sobretodo lo de la llave, será porque a mí me encanta hacerme preguntas y hacerle preguntas a la vida, a la realidad, a todo.... Ser "curiosa" no es tan malo como parece o nos hacen creer, al contrario, es el camino de la liberación profunda; es el impulso de la búsqueda, la intuición que tenemos como mujeres y que nos hace no conformarnos con las cosas como son y como están. Es nuestra fuerza, nuestra "arma poderosa" hacia algo mejor. El reto que me queda es el de contagiar y motivar a más mujeres a esta inquietud, a esta maravillosa "curiosidad", a este preguntarnos muchas cosas, aunque esto no sea fácil y muchas veces nos lleve a enfrentarnos con la cruda realidad del "lugar de las muertas" que antes que nosotras no pudieron liberarse de este fuerte enemigo... ya sea por cuestiones culturales, religosas, sociales, etc.

sábado, 4 de octubre de 2008

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS
La persecución del intruso - El comienzo de la iniciación
Capítulo 2

El cuento de Barba Azul es muy rico y denso por todo el simbolismo que contiene. Aunque tiene muchos aspectos para considerar, me voy a detener a comentar sólo dos elementos que me llamaron especialmente la atención.

Me llamó poderosamente la atención que Clarissa Pinkola llama a Barba Azul “el deprepador innato” que habita en la psique. Más adelante aclara que algo innato quiere decir: “inherente a todos los seres humanos desde que nacen y, en este sentido, carece de origen consciente” (pag.64)

Esta afirmación me llamó la atención porque nos podemos engañar pensando que el depredador que necesitamos combatir está “fuera” de nosotras mismas. Lo podemos inclusive focalizar en alguna figura masculina que nos atrae, pero que al mismo tiempo, nos resulta peligrosa o dañina.

A veces es mucho más fácil percibir y tratar de combatir el depredador que podemos descubrir en otras personas que entrar en contacto con el que está dentro de nuestra propia psique. Podemos sentirnos muy seguras de no ser atacadas por el depredador externo, y sin embargo, no vivir con la debida cautela con el que tenemos dentro de nosotras mismas. Es como quien cierra muy bien la puerta principal de su casa pero se deja al ladrón en el cuarto de atrás.

Y si no miramos a la cara al enemigo que cargamos dentro, cómo poder dominarle y “arrebatarle su energía asesina”? Descubrir el depredador que llevamos dentro requiere de nosotras capacidad de interioridad, de vivir en contacto con nosotras mismas, con nuestras entrañas, mente y corazón. Ser capaces de tomar consciencia de nuestros diálogos internos, de las voces de alerta, de nuestros presentimientos o “corazonadas” sobre algo.

También el saber retomar nuestras actitudes ingenuas, nuestras decisiones imprudentes, saber detenernos y observar más allá de lo que inicialmente nos deslumbra, ser capaces de desenmascarar justificaciones mentirosas, razones sin fundamento y toda clase de prejuicios que nos dicen que no nos debemos dejar llevar por nuestras facultades instintivas.

Creo que en la medida que sepamos enfrentar y “dominar” el impulso asesino de nuestro depredador interior, seremos capaces de reconocerlo fuera, en las actitudes y posturas de otras personas que posiblemente aún no tienen consciencia que Barba Azul está al asecho para devorar su energía vital.

Otro elemento de este cuento que me llamó la atención es la imagen de la llave que precisamente la abre la puerta que Barba Azul prohibió abrir.
Dice Clarissa que la “llave representa el permiso para conocer los más profundos y oscuros secretos de la psique, en este caso, eso que degrada y destruye estúpidamente el potencial de una mujer.

Para una mujer usar la llave significa dejar a un lado el miedo y atreverse a acceder al conocimiento profundo de sí misma. Entrar en contacto consigo misma nos llevará a un mayor conocimiento de la condición humana. Y no hacerlo “equivale a despojarse de su naturaleza intuitiva, de la innata curiosidad que la llevaría a descubrir lo que hay debajo y más allá de lo evidente”.

Y qué mejor llave para acceder al conocimiento que la pregunta. “La pregunta clave da lugar a la germinación de la conciencia. Las preguntas son llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique”. La pregunta sugiere, nos pone en actitud de búsqueda, nos llama la atención sobre lo que creíamos evidente, nos pone en alerta, en actitud de escucha, despierta nuestra capacidad de observación y exige de nosotras fortaleza para enfrentar la respuesta que venga o la paciencia para mantener la pregunta abierta todo el tiempo que sea necesario.

Este ejercicio de formular preguntas junto con la capacidad de enfrentar a nuestro depredador innato son herramientas que nos pueden ayudar a mantener vivo el “conocimiento intuitivo”, propio de la naturaleza salvaje.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La persecución del intruso. El Comienzo de la iniciación. Capítulo 2

Es en el final de este capítulo, y después de haber asimilado y comprendido toda la profundidad de las enseñanzas que se contienen en él, cuando se adquiere una visión global del mensaje. En éste se describe una situación de violencia y opresión sobre una mujer que se ve envuelta sin darse cuenta en un mundo de secretos y muerte. Luego conseguimos darnos cuenta que estas situaciones de opresión, no necesariamente se encarnan en una persona concreta, si no que pueden ser también situaciones familiares, culturales, ambientales.

La autora nos advierte de lo fácil que es dejarse cautivar por estos “encantadores de serpientes” que engañan nuestra voluntad y anulan nuestro entendimiento, para que poco a poco vayamos adormeciendo a nuestra mujer salvaje, con sus instintos de supervivencia y astucia. Sirviéndonos de las propias palabras de la autora, “aísla a la mujer de su naturaleza instintiva, y …la deja insensibilizada y sin fuerzas para mejorar su vida”.

Por desgracia, esta visión de la mujer anulada por aquel que en su día le prometió amor eterno, me es demasiado familiar en mi trabajo diario en un centro de servicios sociales, y en contacto diario con mis compañeras que atienden a mujeres víctimas de violencia de género. Nos encontramos con más frecuencia de la deseada, con esas mujeres con miradas perdidas y apagadas, con ese miedo contenido que les impide pasear tranquila por las calles. Las mujeres no somos tontas. No nos dejamos “cortejar por caballos audiovisuales con cascabeles y cintas carmesí”. Incluso en nuestro corazón, aunque exista algún resquicio de duda, al igual que sucede en el cuento, ya Barba Azul, no nos parece tan malvado. Esa prudencia que a veces nos caracteriza en las primeras impresiones, se representan en el cuento, por las hermanas mayores. ¿Qué es lo que hace que la pequeña de las hermanas, la más inexperta de todas, olvide finalmente todos los consejos de prudencia de su conciencia, y decida arrojarse a ciegas, en brazos de su depredador?. Todo aquello que le chirría dentro de sí misma, trata de justificarlo desde la razón. En palabras del texto, “cree que podrá curar a aquella persona con su amor”.

Veo un paralelismo entre esta situación ficticia del cuento, y esas situaciones más cercanas a la mujer de hoy en la que continuamente justifica estereotipos, formas de pensamiento o estructuras socia-políticas-religiosas que la anquilosan, pero ella desea por todos los medios justificar y mantener. En el fondo de nuestro ser de mujeres, sucede algo parecido a la compasión. “aunque nos compadezcamos de ellos, lo primero que tenemos que hacer es reconocerla – a esa naturaleza depredadora- protegernos contra su devastadora actuación y finalmente arrebatarle su energía asesina.

Prosigue la autora diciendo “todas las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Sin este conocimiento, una mujer no podría atravesar su propio bosque (el propio conocimiento más profundo de sí misma) sin ser devorada. Comprender al depredador significa convertirse en un animal maduro que deja de ser vulnerable por su ingenuidad”.

Creemos en lo más profundo de nosotras mismas, que podemos cambiar a este tipo de hombres, a estas estructuras, a estos sistemas que de alguna forma nos oprimen, y nos entregamos a ellas, sin reservas y sin defensas. La mujer ingenua es la mejor presa del depredador.

La sociedad actual, nuestra cultura actual, posee ese doble juego en lo que se refiere a la educación de las mujeres. Por un lado, promulga la igualdad de las mujeres en derechos, y capacidades, y por otra parte, promueve (sobre todo en las nuevas generaciones, más jóvenes) actitudes de abandono de los estudios, sexualidad precoz e irresponsable, acomodación en el hogar durante décadas viviendo a costa de padres/madres trabajadores/as, la búsqueda permanente de diversión y la preocupación constante por la imagen y el culto al cuerpo. Todo aquello que se relaciona con estudios científicos, compromiso social, reivindicaciones, búsqueda y lucha de derechos “suena a nula feminidad”. La propia autora, añade “la curiosidad femenina posee connotaciones negativas, mientras que los hombres con afán de conocimiento son calificados como investigadores, mientras que a las mujeres se las califica como fisgonas”. Y más adelante, añade “Este proceso destructor de las mujeres se intensifica cuando la cultura que rodea a la mujer fomenta, alimenta y protege las actitudes destructivas contra la naturaleza instintiva y espiritual más profunda”. Ante todo esto, cabría que nos preguntáramos ¿Qué generaciones de mujeres estamos configurando?.

Comparto con la autora esta afirmación de que “la mujer tiene una necesidad de expresarse a su propia manera; las mujeres tienen que desarrollarse y florecer de una forma que a ellas les resulte sensata y sin molestas interferencias ajenas”. Todo esto lo conecto don mi método de trabajo con el teatro, en el que se mueven tantas emociones, miedos y fantasías de las mujeres en las que ellas mismas se hacen conscientes de sus propias capacidades y riqueza interior. “Sucede que la vida creativa – añade la autora- experimenta una reducción de su ritmo o se detiene porque hay algo en la psique que tiene una opinión muy negativa de nosotros/as y de nuestra propia vida creativa…se ha convertido en una cuestión perenne de las mujeres”- Recuerdo ahora esa tradición leída en la edad media, en la que la abadesa Hildegarda de Bingen, enseñaba música y canto a sus monjas y fomentaba entre ellas el canto y la fiesta, como medios de adoración y oración. Hemos oído todo tipo de excusas en las mujeres que evitan estos momentos para ellas mismas, en las que sea posible acceder a su mundo interior. La más cruel de las excusas es aquella que alude a “no tengo tiempo”, que tantas veces oímos y hasta decimos. Me reí cuando leí esta afirmación, porque forma parte de mi realidad cotidiana, contra la que lucho a duras penas. Porque me fatiga la realidad que no me deja expresarme como quisiera, ni tener, como reivindica Virginia Wolf en su libro “Un cuarto propio”. Y prosigue Pikola, diciendo que “si no prestas atención a los tesoros que posees, éstos te serán arrebatados”. Esta debería ser finalmente la lección magistral de todo proceso de iniciación de las mujeres.

En la parte final del cuento, la mujer joven, en peligro de perder su vida en manos del depredador, grita, conjura, convoca a sus “hermanos psíquicos”, los símbolos de la fortaleza interna de la mujer. Representa la fuerza física, la naturaleza agresiva psíquica que conseguía dar muerte a su amenaza. Esta defensa no siempre la tenemos a mano, y en primer lugar, el proceso de iniciación entre las mujeres, tiene que contemplar entre sus contenidos, el conocimiento de todos los elementos de nuestra familia psíquica. Debemos estar segura de que estos hermanos nuestros, existen, estar cerca de nosotras, y no dudarán en acudir en nuestra ayuda, ante nuestra llamada. Pero en ocasiones, el sistema, la religión, el esposo, la cultura, nos puede hacer creer que somos “hijas únicas” en este castillo del mundo; que nuestra única familia es nuestro esposo depredador, a quién encima debemos gratitud eterna.

El proceso de iniciación lo define la autora como “la creación de un arco que una mujer tiene que cruzar para pasar a una nueva modalidad de conocimientos y existencia”. Se nos dan pistas decisivas para poner en práctica este proceso de iniciación de las mujeres en su camino de autoconocimiento. Destaca unos pasos clave:

- Poseer una visión integral.

- Poseer una profunda perspicacia.

- Poseer una voz original.

- Emprender acciones decisivas

Estas fases de autoconocimiento, me recuerdan de alguna forma los argumentos defendidos por la recientemente elaborada de la propuesta educativa teresiana, en la que los procesos formativos y educativos, se centran en la persona individual, en su visión critica-reflexiva, en su modo de situarse ante la realidad que le rodea e implicarse. En unos artículos recientemente leídos sobre pastoral juvenil de Jesús Rojano (salesiano), Álvaro Chordi y otros extraídos de la Delegación Vasca, se opina en esta misma línea argumental, sobre la necesidad de buscar nuevos lenguajes que hagan vibrar a las personas, más que adiestrarlas o adoctrinarlas, sin experiencia de vida. Experimentar es aprender y madurar.

Y añade que “cuando la naturaleza instintiva de las mujeres es fuerte, ésta identifica intuitivamente al depredador innato a través del olfato, la vista y el oído, se anticipa a su presencia, lo oye acercarse y adopta medidas para rechazarlo”

Este denso capítulo abarca muchos más temas, que serían objeto de reflexión para más foros, pero podríamos convertir este capítulo en una tesina completa, así que podríamos finalizar aquí. Ha sido muy enriquecedor y me ha hecho reflexionar sobre todas aquellas situaciones de nuestra vida en que nos tropezamos con depredadores, y no reaccionamos ante ellos, por miedo, falta de recursos, por sentimientos de soledad o de indefensión. Cada periodo de nuestra vida, se convierte en una nueva fase de iniciación, a partir del cual es posible seguir fomentando la madurez de nuestra naturaleza salvaje de supervivencia.

María José Rosillo Torralba

sábado, 30 de agosto de 2008

La Resurrección de la Mujer Salvaje

La lectura de este texto me ha recordado que no hay tanta diferencia entre las propuestas espirituales de las escuelas de oriente y nuestra forma de vivir la fe y la oración.

La primera frase que me gustaría destacar es: "el exceso de intelectualización puede desdibujar las pautas de la naturaleza instintiva de las mujeres”. Hay una teóloga coreana (Chung Kyun Kyung) que habla precisamente de esto. En su libro Introducción a la Teología Feminista Asiática, hace un completo análisis crítico de la Teología Teórica, que nada tiene que ver con la vida cotidiana de las mujeres. Ella defiende el mensaje vivo y actual que la biblia, recibida y re-leida desde la propia experiencia de vida, puede dar respuestas útiles a las mujeres de hoy. En el capítulo titulado “Una Metodología nueva”, desarrolla con todo detalle este argumento y me ha venido a colación a partir de la lectura de este relato de la mujer salvaje.

¡Cuantas veces me he sentido “defraudada”! al acercarme al mensaje de mujeres especializadas en temas teológicos y espirituales, y he necesitado cerrar estos libros por sentirme lejana, ignorante y triste, a no ser capaz de saber qué me quieren decir. Aun a sabiendas que su sabiduría y experiencia es máxima, pero imposibles de comprender. Desde entonces me propuse estudiar con todas mis fuerzas para ser capaz de comprender y luego “traducir” todo lo aprendido a las mujeres como yo.

Me entusiasma la idea de la que habla la autora, de aquellas herramientas útiles para poder llegar hasta esa naturaleza nuestra instintiva. Nos habla de las artes, la pintura, los cuentos, el teatro, la danza… todas aquellas disciplinas que en el algún momento de nuestra cultura occidental y sabia, fueron desechadas por ser menos serias, menos responsable. Una perdida de tiempo, que no podía convertirse en un profesión respetable. El teatro y la creación de relatos son mis pasiones, y ahora me reafirmo en la idea de seguir empleándolos, pero esta vez, desde otra óptica. Como herramientas de espiritualidad. Ya venía empleándolas como medio para el mejoramiento personal con los grupos de mujeres con los que trabajo habitualmente.

Me ha resultado sorprendente y curiosa la división de circuitos del oído, que nos permite oir determinadas informaciones: Las conversaciones mundanas, los conocimientos fundamentales y los consejos vitales para nuestra supervivencia.

Esta última información es captada por el oído del alma. Aquel que deberíamos emplear y desarrollar si deseamos acceder a nuestra yo interior.

Me ha impresionado mucho la leyenda de la “huesera”, cuya única tarea consiste en viajar por todos los lugares del mundo en busca de huesos. Huesos de lobo. Cuando posee todo el esqueleto completo, canta sobre ellos, y éstos recobran vida. Y este espíritu de lobo resucitado, adquiere la apariencia final de mujer.

Y el modo en que describe lo que significa “cantar”. Es utilizar la voz del alma. Me vienen a la memoria, las canciones de cuna de las mamas que con sus voces tratan de acallar la intranquilidad de los pequeños. Desde el principio de nuestras vidas, la canción de personas cercanas nos ha rodeado. Cantar es “decir la verdad acerca del propio poder”…”infundir alma a lo que está enfermo o necesita recuperarse”.

La leyenda sigue dándonos claves para el autoconocimiento. “Todas iniciamos nuestra andadura como un saco de huesos perdido en algún lugar del desierto, un esqueleto desmontado oculto bajo la arena. Nuestra misión es recuperar las distintas piezas...Hay que buscar mucho…La Loba nos enseña lo que tenemos que buscar, la fuerza indestructible de la vida de los huesos” Hechos de un material muy difícil de destruir, ni si quiere con fuego.

Continúa la autora con otras leyendas populares del lugar donde reside, el desierto cercano a Méjico. Allí se habla del arquetipo de la vieja, La Que Sabe. De ella han nacido las mujeres. De una grieta de la planta de su pie. El miembro del cuerpo que todo lo siente. De ahí que las mujeres tengan tanta sabiduría. Todas las mujeres, poseen algo de esta (La Que Sabe), que la ha creado. Todo ello me recuerda a aquellos postulados de nuestra fe, a partir de la cual, creemos que somos reflejos de nuestro Creador. Que podemos llegar a conocerle y amarle porque dentro de nosotros hay algo de EL. Como el castillo de cristal del que nos habla la Santa. Con muchas moradas. Y en el centro, en la más principal de ella, está nuestro Dios. Recuerdo tambien en estos argumentos, los artículos de algunas autoras y teólogas que hablan del Dios-mujer, y que para nada supone para mí un conflicto espiritual.

Después nos advierte del peligro de acceder a este rincón nuestro de conocimiento, sin la suficiente preparación y humildad. Porque en este lugar (ese Rio bajo el rio, lugar en el que se encuentra toda la sabiduría, y nuestras raices más profundas de anhelo de Dios, de búsqueda de la verdad y de sentido, nos encontramos con una aparente delicia que nos cautiva, y nos puede hacer olvidarnos de la realidad en la que vivimos. Mucho menos atractiva. Pero esta tierra de conocimiento, es un paso para luego, renovadas, volver a nuestra vida diaria fortalecidas y llenas. Nos lo muestra con la leyenda de los Cuatro Rabinos.

Me recuerdan estas palabras a aquellos momentos de retiro, o ejercicios, en los que nos apetece quedarnos eternamente en estos lugares. Ajenos a toda preocupación, estrés, dificultades…Estos momentos, son reales e intensos. Pero nos debe servir de fortalecedor para nuestra vida diaria. No de evasión. Y luego tras…”encontrar el camino de lo que Jung llama obligación moral de vivir y manifestar lo que uno ha aprendido en el descenso y el ascenso al Yo salvaje”.Esta obligación moral consiste un vivir aquello que percibimos.”

“Nuestra tarea es mostrar qué se nos ha infundido en esta tierra de conocimiento. Y luego, mostrarlo, repartirlo y cantarlo”. Estas palabras me inspiran de la misma manera mi obligación como mujer creyente en el Evangelio y conocedora de lo intenso que puede llegar a ser el amor del Señor al ser humano.

La autora contempla un paralelismo entre el arquetipo de la loba y otros mitos universales de la resurrección. Símbolos al fin y al cabo de nacimiento de vida, a partir de algo inerte. Nuestra tarea – nos dice- será conjugar aquellos aspectos muertos que existen en nuestra vida y re-crearlos.

La Diosa de la vida, también es Diosa de la muerte. De la misma forma que se nos advierte en los Evangelios, que “el trigo debe morir primero, para poder convertirse en alimento”, se hace necesario eliminar de nosotras aquellos aspectos muertos. Debemos decidir, qué cosa de nosotras debe morir y qué cosa debe vivir. Esas decisiones no siempre serán fáciles ni exentas de dolor. Prosigue la autora diciendo que en todas las almas hace falta un arreglo. Algo que se desprende…que se desconcha…que se despinta…Y es en nuestro interior, donde reside esa vieja huesera que recoge nuestros huesos rotos y muertos. Huesos del alma de ese yo salvaje, (a veces desorientado por los ruidos del exterior), …Nuestra misión, es desempeñar esa misma tarea de la vieja huesera, que recoge lo muerto, se sienta junto al fuego con ellos, y decide qué canción cantar para a través de su canto, recobren la vida.

Este capítulo puede ser una buena lectura de introducción a algunos ejercicios o periodos de encuentro con el Señor, en el que nos pongamos frente a El, y tratemos en su presencia de ahondar en nuestras profundidades. Recuero también unas palabras de Victoria Mollins y Mercé Basté en un folleto escrito hace algunos años, que trataba sobre “El Camino Teresiano” y concretamente desarrollaba unos postulados sobre el modo de ser laico/a teresiano/a en el mundo de hoy. En un apartado dedicado exclusivamente a la oración y a la importancia del encuentro con Él, las autoras nos recuerdan “Este es el camino de la oración. Es la primera gran opción que hemos de hacer. Yo os invitaría a hacer esta opción con ilusión y sin desánimo, porque os digo con sinceridad, en vuestro interior podéis encontrar cosas maravillosas” y me acojo igualmente, ahora a las palabras leídas hace unos instantes en el Boletin stj de Agosto, en el que en su pg. 5, se nos recomienda a: “Remar mar adentro”, que nos es otra cosa que ahondar, mojarse en nuestro interior, complicarse la vida aún más, a sabiendas que corremos el riesgo de no saber qué vamos a encontrarnos en estas profundidades de nuestro abismo. Y continua el boletín algunas paginas más adelante….para luego, volver a salir a la superficie y mostrar toda aquellos que hemos sentido y experimentado, porque es en la vida cotidiana, donde “nos jugamos la calidad evangélica de nuestro seguimiento de Jesús”.

Gracias por crear este espacio de encuentro. Un abrazo fuerte desde Sevilla. MJ Rosillo. Agosto 2008.

Contar historias...

No sé ni por qué escribo exactamente, pero creo que no importa mucho, quizá el reencuentro con este libro[i] y la necesidad de contar historias nuestras.

No me es difícil reconocer en mi esas luchas constantes entre esa persona que soy, cuando consciente de la identidad que se me regala en cada encuentro, decido incorporar o rechazar lo que recibo, decido entonces ser precisamente “esta mujer”; y aquella otra, en la que me convierto cuando no soy consciente de esos encuentros y me dejo formar por ellos casi sin darme cuenta. Una la que se va haciendo con la corriente y la otra que escucha el canto de la vida que siempre desordena esquemas. Una que se aferra a historias propias, pero muertas; la otra que se atreve a contarlas nuevas.

Pinkola se llama a sí misma “cantadora” (contadora de historias, de cuentos que despiertan y evocan a la mujer salvaje), yo apenas cuento la mía y contarla con el arte del perdón y resurrección va siendo camino de libertad. Claro que el texto me evoca a Ezequiel con aquel montón de huesos, músculos y pedazos que sólo con el Espíritu pueden renacer, me gusta más el relato de la loba, tal vez por el canto, y lo femenino, me recuerda la confusión de la resurrección, la terquedad de la vida, me recuerda tantas historias rotas, de muerte, de esas que no queremos contar pero que es necesario, para que un día entendamos que ya todo ha pasado, que podemos contarlas de otra forma, que esos huesos saben escuchar el canto de su vida. Aunque parece imposible después de tanto desgarre, se cubren de carne, entonces vuelven a sentir, a dar un sollozo que atrapa la vida de nuevo, arrebata al olvido la propia historia de amor que todas tenemos mezclada con el dolor de estos tiempos.

¿Cuándo pasa esto? ¿Cómo podemos recuperar la vida y dejar la parálisis después de estar ya en el sepulcro? ¡Cantándonos unas a otras! Esa ha sido mi experiencia con las mujeres con las que he compartido la vida estos dos últimos años en la Huasteca, no es buscando en el pasado memorias para curarlas, a fin de cuentas la memoria es selectiva y siempre interpreta, si la forzamos nunca estamos seguras de que la historia que contamos de nosotras mismas sea parecida a lo que sucedió, a lo más que podemos aspirar es a la interpretación que entonces o ahora hacemos de las emociones que guardamos acerca de esos hechos. Aunque nos esforcemos mucho tal vez nuestros huesos seguirán muertos al volver del pasado. Tampoco es en las teorías liberadoras (aunque ayudan mucho) donde se ensaya el canto de nuestro despertar, porque el peso cultural vence muchas veces las ideas. He caminado al lado de mujeres a veces soportando años de abuso, sin poder contar la propia historia si no es como víctimas llenas de dolor y a veces de deseos de venganza, mujeres que “estudiosas” no podemos liberarnos fácilmente de la violencia. Es ahí donde he visto a la loba, la que despierta, la he visto en ellas y en mi, en Teresa, reunidas, contando en la noche nuestra historia, recibiéndonos con amor unas a otras, contándola una y otra vez, hasta que nos gusta, hasta que todo encaja, hasta que se nos llena la carne de vida, se teje una sonrisa y comenzamos a movernos poco a poco como queremos, como nos gusta.

Cantarnos nuestra canción, contar nuestra historia, por fin desde el descanso de no tener que cobrar a nadie, desde el lugar del perdón, desde el lugar que nos permite respirar de nuevo.

Ser teresiana, es para mi, contar como Teresa la propia historia, mirar a otras mujeres con ojos que regalen identidades nuevas y positivas, para que cada una encuentre su propia manera de contar su historia, supone paciencia, horas de encuentro, abrazar el dolor que da la invisibilidad de la violencia, supone valentía de reconocer los huesos secos, nuestras preguntas no resueltas, nuestra cobardía, los huesos que se han perdido y que a veces solo los puede recuperar otra persona. Supone creer en la ternura de nuestra piel y en la bravura de nuestro ser que no puede conformarse con ser a medias.

Termino compartiendo un poco de estas luchas como mejor siento hacerlo… deseo que alguna de esas palabras sea la primera nota para que alguien cante su propia canción después de la parálisis o de la muerte, o de letargo de los días ordenados y la tendencia de acomodarnos sin querer a los condicionamientos de aceptación que nos restan vida.


QUE GANAS

(días de enojo, de cansancio)

Qué ganas de parar

de dejar de jugar a tener sitio

y al tenerlo mejorar un poco si es posible.

Jugar fingiendo que no juego

disfrazándolo de reino

de liberación del pueblo.

Jugar escondiendo mis deseos,

mis ocultos intereses

mi aguijón de poder

mis aguas sucias malolientes.

Juego maldito que juzgas y censuras

lo que pequeño surge del silencio,

lo que suave sopla,

lo que débil ama,

siempre juzgas,

por eso matas la semilla,

matas lo que queda de esperanza.

Juego que no acabas

si no has de terminar

al menos vamos a jugar

cartas abiertas

o déjame escapar

con el dulce sabor de esta derrota,

déjame escapar

a vivir con pantalones y camisa roja,

sentarme a platicar,

llegar tarde a dormir la siesta,

déjame escapar quedar la última,

no cantar tan bien,

no saberlo hacer,

irme a dormir,

déjame gozar sin más la vida,

una verdadera vida,

quiero hasta el final saber decir

dónde está mi hermano…

ni Caín ni Abel,

no quiero asesina matar sueños

con un poderoso resentimiento.


SI ES TU ESÍRITU

Voy corriendo a donde no quiero,

sudo sudores sin gota de deseo,

trago sin sabor el aire seco,

¡pienso que vivo!

Hago con mis sueños un canto

lleno de anhelos y pasiones,

que se queda viejo

preso de deberes y tensiones.

Hasta los versos se alinean,

los gritos se entonan,

pero mi cuerpo explota en rebeldía

pierdo el poder, la armonía.

Sabia sabiduría que me habitas,

viento sin fronteras que me rompes,

y no dejas que mi cuerpo se acomode

ni a mis lágrimas quedarse en el recuerdo.

Débil fortaleza me haces frágil,

frágil pero libre de este peso,

frágil cuando es más posible

que me deje amar,

que lo de todo por un beso.

Prefiero ser tallo verde

que al romperse da su savia,

que tronco que en su fuerza

se derrumba por el peso de su espalda.

Prefiero enferma saborear el miedo,

deshacer mi vida y mis proyectos,

si eres Tú,

si es tu aliento

que lo hace todo nuevo.

Prefiero ser amante amada,

saborear la madrugada,

sin días tranquilos,

sin madurez centrada,

prefiero servir, vivir,

¡creer en mis labios y mis brazos

que con lágrimas cabalgan!


HASTA AQUÍ

Hasta aquí

desde todos los caminos

enfermos, curados…

rota, desgarrada y amada.

Hasta aquí,

indiscreta, desordenada,

de manos amantes

y esos besos.

Lo perdido

estaba constantemente

renaciendo,

inventando,

imposibles senderos.

Amarrada al terrible cuento,

sin nombrar, sin mirar, sin tocar,

matando y muriendo…

Pero, hasta aquí

vuelvo, camino, abro,

impresionada suelto,

ya respiro más lento,

sin culpa por el aire,

por el deseo revuelto.

Hasta aquí

te siento,

te digo, ya con otro nombre,

te amo, ya,

camino lento,

sonrío,

me veo tocar

rozar la vida,

hablar de fuego,

ganar y perder,

por decir,

por la danza,

por tu promesa de amar

así, como me hiciste,

como tejiste extrañamente,

cuerdas, hilos,

como tensaste,

como amarraste,

como uniste y trozaste…

como ideaste la trama…

Así con mil matices,

sin atención a mis definiciones,

las del miedo y del descanso,

las de los muertos.

Hasta aquí

tu arte simple

crea de nuevo.

Mónica Robledo Bucio


[i] Del libro de Pinkola Estés leeremos la "INTRODUCCIÓN" y el capítulo 1, "EL AULLIDO- LA RESURRECCIÓN DE LA MUJER SALVAJE".